lunes, 2 de enero de 2017

Regionalidad, por Rafael Antonio Strauss K.©

Respondiendo a una pregunta sobre Regionalidad©, por Rafael A. Strauss K., Caracas, 17.7.2001.

No es un secreto que se ha debatido, yo diría que hasta el cansancio, el asunto de la existencia, delimitación y permanencia de regiones o localidades, de modo que no hay , en realidad, lo que pudiéramos interpretar como un acuerdo o, si lo hay, éste parte de una suerte de sentimiento que nutre a quien/quienes conciben, sienten una región, es decir, cuando se intenta objetivar su existencia. A mi modo de ver, lo que se está haciendo, en el fondo, es apelar a razones antropológicas, psicológicas e históricas, principalmente. Lo que podría exponer, en esta ocasión, sin mucho "aparato crítico", sin que esto signifique la verdad y sin que mis argumentos sean tomados como punta de lanza, es lo siguiente:
1)   Argumentación antropológica. La Antropología es clara cuando argumenta que LA CULTURA SE DERIVA DE LOS COMPONENTES BIOLÓGICOS, AMBIENTALES, PSICOLÓGICOS E HISTÓRICOS DE LA EXISTENCIA HUMANA. Este argumento –que representa una de las características de la cultura– debería ser suficiente para aplicarlo a TODA PLANIFICACIÓN QUE INVOLUCRE AL HOMBRE Y TODOS LOS COMPONENTES sobre los que el Ser Humano ha sustentado y sustentará su vida.
Para el asunto que nos ocupa en esta ocasión podríamos excluir lo biológico y lo psicológico, este último muy cercano al primero, puesto que la antropología concibe al ser humano, sujeto de su estudio, como una unidad bio-psico-social. Lo biológico, en todo caso, tiene que ver con el hecho de que todo ser humano es, en primera instancia, miembro de la serie biológica, de lo que se deduce, según M. Herskovits, que “la existencia de la cultura humana como conjunto debe estar relacionada con las posibilidades inherentes a la constitución física del hombre.” [M. Herskovits, El hombre y sus obras, cap. XXXVI, Teoría de la cultura. Hay varias ediciones por lo que omitimos página.] Es decir: el hombre es el único ser vivo que hace cultura; pero no sólo la hace, sino que la hereda, la usufructúa, la transforma, la estudia, la transmite, etc.
En cuanto a lo ambiental, en el axioma propuesto, ambiente significa la situación total de un individuo o de un grupo, en tanto que cultura, que al decir de Herskovits, es la parte del ambiente hecha por el hombre. Esto significa que el ambiente influye en la cultura así como el hombre –gracias a la cultura– es capaz de influir en el ambiente. Un ejemplo clásico es la vivienda y la forma de hablar. Las casas de lugares fríos son “recogidas”, con un mínimo de ventanas y puertas y otras características en el techo, etc. con la intención de preservar el mayor tiempo posible el calor. Esto se expresa, asimismo, en la conducta de los habitantes, en general, y de los de cada casa, en particular… Las casas de lugares cálidos son lo contrario: muchas ventanas, puertas, etc. como para el calor, y todo lo que él genera y conlleva, circule más rápidamente… En tanto en zonas frías la vida prácticamente se produce en torno al hogar, al fuego, en las calientes el fogón o cualquier otra fuente de calor están alejados del lugar donde se produce y realiza la vida diaria… Asimismo la lengua: en las zonas frías, la gente tiende a hablar pausado –por eso se dice, por ejemplo, que en los Andes la gente habla mejor el español– como para conservar en su cuerpo más energías; en las zonas calientes se habla más rápido, casi atropelladamente, para quemar más energías en el menor tiempo posible… Pero no hay que olvidar, sin embargo, que los avances tecnológicos pueden modificar estas situaciones… En todo caso, la adopción de tecnologías para modificar el ambiente tiene que ver con la influencia que éste ejerce sobre la cultura.
Lo histórico: Probablemente esté en esta área la argumentación más importante para defender la existencia de la regionalidad. Si lo antropológico no deja de ser importante, quizá lo que defina mejor sea lo histórico en la cultura. Cada cultura ha tenido un desarrollo propio; las características de cada cultura responden a situaciones históricas concretas, de las que la tradición es su producto más acabado… Ninguna cultura se decreta; tampoco se decreta ninguna “situación cultural”. La tradición es algo en la que los miembros de una entidad geohistórica –por eso el término– se reconocen como congéneres, hasta el punto de que en Venezuela podríamos hablar de varias culturas, de un multiculturismo… En esta situación, que se explica históricamente, las regiones (podríamos ir más allá y hablar de áreas culturales) son de especial importancia… Yo no puedo equiparar la “cultura del área zuliana” con la “cultura del área llanera” o la “cultura del área oriental”… Al fin y al cabo, la nación es una ficción, es algo cuya objetividad existe sólo en un mapa… Es por ello que nos enseñan a tener sentimientos nacionales; es por ello, por ejemplo, que los planes políticos y educacionales que propugnan enseñar, primero, lo regional, son mal vistos por quienes imponen “lo nacional” (héroes, historia oficial, etc.). Recuérdese el fracaso del proyecto educativo Pasin –Pensamiento, Acción Social e Identidad Nacional– que intentó acercar al joven a lo universal pero desde lo regional, es decir, desde los valores locales. Quizá un niño entienda mejor los procesos universales si histórica, geográfica, lingüísticamente…, va asumiendo de manera científica los valores de su localidad. Al fin y al cabo es con “lo regional” y sus procesos con los que todo ser humano, siempre y en todas partes del mundo, se identifica de manera inmediata…
Otros sustentos no menos importantes. Me parece evidente que en toda planificación política de lo humano hay que tener presente un elemento tan objetivo como la vida misma: cada vez más, la naturaleza cobra el mal uso que se ha hecho de ella y sus posibilidades; paralelamente, las viejas aspiraciones (llamémoslos ideales) de crecimiento, industrialización, desarrollo, modernización –que traducirían lo que se entendió, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, como progreso universal– cada vez se alejan más del Hombre… Como ha dicho José Arocena: “el hombre es hoy más que nunca el lobo del hombre.”
Una respuesta ante el fracaso de esos paradigmas, particularmente en las llamadas zonas marginales, en el Segundo Mundo y en el Tercer Mundo, ha sido –y esto cada vez cobra más fuerza– es una suerte de “renacimiento” de “movimientos” nacionalistas, regionalistas y localistas… Vale decir: cada vez es más evidente una convocatoria a las posibilidades del regionalismo y del localismo, cada uno con sus particularidades justamente delimitadas, señaladas y sustentadas en lo histórico y en lo económico local… Es decir que estamos ante lo que podría denominarse una eclosión de las diferencias… Y si bien en Venezuela las fuerzas que han eclosionado últimamente son de otra naturaleza, no es menos cierto que las diferencias regionales existen y que toda planificación de visos locales debe tener y tomar en cuenta lo que históricamente es una realidad… Otra cosa es que se desee imponer, sobre todo cuando hay carencia de planificación económica, modelos de escritorio y de conveniencia político-partidista…
Y es que la universalidad de la “racionalidad económica”, está también en entredicho. Y lo está, entre otras razones, porque los modelos o el modelo de desarrollo ya no es uniforme; su universalidad y su uniformidad han sido, y lo son cada más, cuestionadas… En esta crisis paradigmática, modelática (inventemos la palabra) también el “modelo nacional” de desarrollo ha recibido esquirlas… Y es por ello que la única manera de continuar, de retomar el progreso, el confort, la autenticidad del desarrollo es la descentralización… Ante estas luces, y otras que ahora probablemente no vengan al caso, la centralización luciría como materia impuesta, como política impuesta, sobre todo cuando los modelos regionales han demostrado cada vez más ser los más capaces de solucionarle al ser humano –ciudadano en su región– los problemas vitales… (Podríamos conectar esto con el papel del Estado y del gobierno en la descentralización.)
Bueno, estas son reflexiones que deseo considerar como generales… Téngase presente que este asunto no es fácil de discernir, y menos ahora, cuando lo humano pareciera estar cada vez más ausente de cualquier planificación estatal y estadal en nuestro país… Aquí también han fracasado los paradigmas, sólo que no tenemos con qué sustituirlos… Recomendaría la lectura y discusión del libro de José Arocena, El desarrollo local, un desafío contemporáneo, Editorial Nueva Sociedad y Carta Latinoamericana de Economía Humana (CLAEH), Universidad Católica de Uruguay, Caracas, 1995, que sigue teniendo vigencia… RASK.



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