Respondiendo a una pregunta sobre Regionalidad©, por Rafael A. Strauss K., Caracas, 17.7.2001.
No
es un secreto que se ha debatido, yo diría que hasta el cansancio, el asunto de
la existencia, delimitación y permanencia de regiones o localidades, de modo
que no hay , en realidad, lo que pudiéramos interpretar como un acuerdo o, si
lo hay, éste parte de una suerte de sentimiento que nutre a quien/quienes
conciben, sienten una región, es decir, cuando se intenta objetivar su
existencia. A mi modo de ver, lo que se está haciendo, en el fondo, es apelar a razones antropológicas,
psicológicas e históricas, principalmente. Lo que podría exponer, en esta
ocasión, sin mucho "aparato crítico", sin que esto signifique la
verdad y sin que mis argumentos sean tomados como punta de lanza, es lo siguiente:
1) Argumentación
antropológica. La Antropología es clara cuando argumenta
que LA CULTURA SE DERIVA DE LOS COMPONENTES BIOLÓGICOS, AMBIENTALES,
PSICOLÓGICOS E HISTÓRICOS DE LA EXISTENCIA HUMANA. Este argumento –que
representa una de las características de la cultura– debería ser suficiente
para aplicarlo a TODA PLANIFICACIÓN QUE INVOLUCRE AL HOMBRE Y TODOS LOS
COMPONENTES sobre los que el Ser Humano ha sustentado y sustentará su vida.
Para
el asunto que nos ocupa en esta ocasión podríamos excluir lo biológico y lo
psicológico, este último muy cercano al primero, puesto que la antropología
concibe al ser humano, sujeto de su estudio, como una unidad bio-psico-social. Lo biológico, en todo caso,
tiene que ver con el hecho de que todo ser humano es, en primera instancia,
miembro de la serie biológica, de lo que se deduce, según M. Herskovits, que
“la existencia de la cultura humana como
conjunto debe estar
relacionada con las posibilidades inherentes a la constitución física del
hombre.” [M. Herskovits, El
hombre y sus obras, cap. XXXVI, Teoría de la cultura. Hay varias ediciones
por lo que omitimos página.] Es decir: el hombre es el único ser vivo que hace
cultura; pero no sólo la hace, sino que la hereda, la usufructúa, la
transforma, la estudia, la transmite, etc.
En
cuanto a lo ambiental, en
el axioma propuesto, ambiente significa la situación total de un
individuo o de un grupo, en tanto que cultura, que al decir de Herskovits, es
la parte del ambiente hecha por el hombre. Esto significa que el ambiente
influye en la cultura así como el hombre –gracias a la cultura– es capaz de
influir en el ambiente. Un ejemplo clásico es la vivienda y la forma de hablar.
Las casas de lugares fríos son “recogidas”, con un mínimo de ventanas y puertas
y otras características en el techo, etc. con la intención de preservar el
mayor tiempo posible el calor. Esto se expresa, asimismo, en la conducta de los
habitantes, en general, y de los de cada casa, en particular… Las casas de
lugares cálidos son lo contrario: muchas ventanas, puertas, etc. como para el
calor, y todo lo que él genera y conlleva, circule más rápidamente… En tanto en
zonas frías la vida prácticamente se produce en torno al hogar, al fuego, en
las calientes el fogón o cualquier otra fuente de calor están alejados del
lugar donde se produce y realiza la vida diaria… Asimismo la lengua: en las
zonas frías, la gente tiende a hablar pausado –por eso se dice, por ejemplo,
que en los Andes la gente habla mejor el español– como para conservar en su
cuerpo más energías; en las zonas calientes se habla más rápido, casi
atropelladamente, para quemar más energías en el menor tiempo posible… Pero no
hay que olvidar, sin embargo, que los avances tecnológicos pueden modificar
estas situaciones… En todo caso, la adopción de tecnologías para modificar el
ambiente tiene que ver con la influencia que éste ejerce sobre la cultura.
Lo
histórico: Probablemente esté en esta área la
argumentación más importante para defender
la existencia de la regionalidad. Si lo antropológico no deja de ser importante,
quizá lo que defina mejor sea lo histórico en la cultura. Cada cultura ha
tenido un desarrollo propio; las características de cada cultura responden a
situaciones históricas concretas, de las que la tradición es su producto más acabado… Ninguna cultura se
decreta; tampoco se decreta ninguna “situación cultural”. La tradición es algo
en la que los miembros de una entidad geohistórica –por eso el término– se
reconocen como congéneres, hasta el punto de que en Venezuela podríamos hablar
de varias culturas, de un multiculturismo… En esta situación, que se explica
históricamente, las regiones (podríamos ir más allá y hablar de áreas
culturales) son de especial importancia… Yo no puedo equiparar la “cultura del
área zuliana” con la “cultura del área llanera” o la “cultura del área
oriental”… Al fin y al cabo, la nación es una ficción, es algo cuya objetividad existe sólo en un mapa… Es
por ello que nos enseñan a tener sentimientos nacionales; es por ello, por
ejemplo, que los planes políticos y educacionales que propugnan enseñar,
primero, lo regional, son mal vistos por quienes imponen “lo nacional” (héroes,
historia oficial, etc.). Recuérdese el fracaso del proyecto educativo Pasin
–Pensamiento, Acción Social e Identidad Nacional– que intentó acercar al joven
a lo universal pero desde lo regional, es decir, desde los valores locales.
Quizá un niño entienda mejor los procesos universales si histórica, geográfica,
lingüísticamente…, va asumiendo de manera científica los valores de su
localidad. Al fin y al cabo es con “lo regional” y sus procesos con los que
todo ser humano, siempre y en todas partes del mundo, se identifica de manera
inmediata…
Otros
sustentos no menos importantes. Me parece evidente que en toda
planificación política de lo humano hay que tener presente un elemento tan
objetivo como la vida misma: cada vez más, la naturaleza cobra el mal uso que
se ha hecho de ella y sus posibilidades; paralelamente, las viejas aspiraciones
(llamémoslos ideales) de crecimiento, industrialización, desarrollo,
modernización –que traducirían lo que se entendió, sobre todo después de la
Segunda Guerra Mundial, como progreso universal– cada vez se alejan más del
Hombre… Como ha dicho José Arocena: “el hombre es hoy más que nunca el lobo del
hombre.”
Una
respuesta ante el fracaso de esos paradigmas, particularmente en las llamadas
zonas marginales, en el Segundo Mundo y en el Tercer Mundo, ha sido –y esto
cada vez cobra más fuerza– es una suerte de “renacimiento” de “movimientos” nacionalistas,
regionalistas y localistas… Vale decir: cada vez es más evidente una
convocatoria a las posibilidades del regionalismo y del localismo, cada uno con
sus particularidades justamente delimitadas, señaladas y sustentadas en lo
histórico y en lo económico local… Es decir que estamos ante lo que podría
denominarse una eclosión de las diferencias… Y si bien en Venezuela las fuerzas
que han eclosionado últimamente son de otra naturaleza, no es menos cierto que
las diferencias regionales existen y que toda planificación de visos locales
debe tener y tomar en cuenta lo que históricamente es una realidad… Otra cosa
es que se desee imponer, sobre todo cuando hay carencia de planificación
económica, modelos de escritorio y de conveniencia político-partidista…
Y
es que la universalidad de la “racionalidad económica”, está también en
entredicho. Y lo está, entre otras razones, porque los modelos o el modelo de
desarrollo ya no es uniforme; su universalidad y su uniformidad han sido, y lo
son cada más, cuestionadas… En esta crisis paradigmática, modelática
(inventemos la palabra) también el “modelo nacional” de desarrollo ha recibido
esquirlas… Y es por ello que la única manera de continuar, de retomar el
progreso, el confort, la autenticidad del desarrollo es la descentralización…
Ante estas luces, y otras que ahora probablemente no vengan al caso, la
centralización luciría como materia impuesta, como política impuesta, sobre
todo cuando los modelos regionales han demostrado cada vez más ser los más
capaces de solucionarle al ser humano –ciudadano en su región– los problemas
vitales… (Podríamos conectar esto con el papel del Estado y del gobierno en la
descentralización.)
Bueno,
estas son reflexiones que deseo considerar como generales… Téngase presente que
este asunto no es fácil de discernir, y menos ahora, cuando lo humano pareciera
estar cada vez más ausente de cualquier planificación estatal y estadal en
nuestro país… Aquí también han fracasado los paradigmas, sólo que no tenemos
con qué sustituirlos… Recomendaría la lectura y discusión del libro de José
Arocena, El desarrollo local,
un desafío contemporáneo, Editorial Nueva Sociedad y Carta Latinoamericana
de Economía Humana (CLAEH), Universidad Católica de Uruguay, Caracas, 1995, que
sigue teniendo vigencia… RASK.
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