sábado, 22 de octubre de 2016

Elsa Morales, por Rafael Antonio Strauss K.©

…dicen que pintora ingenua, yo digo que persona – Rafael Antonio Strauss K., 25 de enero de 1984. Para Elsa Morales.©

Tu calladita piel de humo se confunde con tu mente en ascenso… alborotadas manos para exprimir estrellas y un jugo sideral empapa el universo y somos peces que respiramos por las alas porque como avecillas brincamos en dos patas emplumado de mariposas el martirio de ser humanos aunque la vida pase y se nos pase… La popular manera de tu siendo me reventó mentiras de la historia, convirtió en excremento conocidas verdades y apuntalé contigo y con Aquiles la nueva construcción de mi lucha y creencias. No sé si importa que muramos ahora; no sé si es importante que continúe vivo… no sé, realmente, qué es la muerte, la vida… Sé que importa tu arte; sé que cuando tu arte habita mis espacios el mundo se me llena de colores y magia, humanomorfos trapos que se ríen y todo, con piel de humo mofándose de una parte del mundo. Se me pegó tu angustia por el pueblo; toda esa historia de tu vida de antes te autentica un aval de hablar verdades; te me has hecho terruño, te me has hecho solar donde puedo sembrar hasta ilusiones.



Cejota, Villa de Cura y Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K.

Cejota, Villa de Cura y Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K., agosto 1984
            De nuevo, entre nosotros, el arte de CEJOTA, que hoy no sólo es pintura sino vegetación de troncos suavizados a fuerza de colores, de manos prolongadas en martillocinceles… De nuevo, entre nosotros, la audacia de CEJOTA continuando en el arte y troncolienzos reflejándolo a uno y espejoslienzos donde se mira el pueblo. En las entrelíneas del arte de CEJOTA se leen tantas cosas que uno piensa si su arte es el cuadro o la talla o esos colores o esas líneas que se nos arcoirisan en los ojos y el prisma de nuestras emociones trastoca las del arte de CEJOTA en trópico y quimeras y sutiles mensajes de agonía, de todavía la esperanza, ahora más fuerte, de reencontrarnos como pueblo.
            Pasa que en el arte de CEJOTA estamos todos, acariciando la textura de la vida, recordando la inminencia de la muerte, haciendo de las penas y de la alegría momentos de reflexión para mirarnos adentro, muy adentro. Las propias reflexiones del artista son plasmadas por su inquietud villacurana y por su dimensión venezolana, y se convierten en un arte de siempre, de cada momento, porque CEJOTA es como un historiador que ha venido pintandotallando nuestra interioridad de seres historiados e historiables.
            A través de su práctica social y como ser humano que palpita en la vida con todos y con todo, CEJOTA se ha nutrido de símbolos. Como artista, le corresponde darnos su versión de la vida y es lo que se siente en el arte de CEJOTA. Al lado del color y la línea apreciamos sonidos, relaciones humanas, amor y odio transformados en opinión, en protesta, en denuncia; lo místico de su arte nos seduce por momentos y es bueno aprovechar este instante regalado para la reflexión; la carga social de sus logros plásticos nos aprehende como visionarios, con el artista, de aconteceres que han comenzado a darse. De alguna manera, que quizá no le ha sido fácil, CEJOTA ha logrado combinar la permanencia en sí mismo de su dinámica Villa de Cura y la universalidad en la que ha venido ingresando. Su arte le ha servido, no sólo para entregarse como creador, sino para concientizar el tesoro que para el mundo representa su matria villacurana. No sólo la ha hecho objeto de una importante parte de su arte sino que la muestra, con todo su acontecer, su sido, sus circunstancias, su futuro, en sus gentes, en sí mismo.
            Recientemente, CEJOTA asesoró un taller de pintura mural en Rondalera, Escuela Básica. Niños, maestros y representantes fuimos al pueblo de CEJOTA. Allí la gente, la historia, el paisaje, el arte, la total convivencia con la vida en pequeño y CEJOTA trastocó su apacible permanencia y a pesar de su oasis de tradicionales limitaciones impuestas enrumbó su osadía de crecerse... y se hizo arqueológico mago y ha venido extrayendo a su pueblo del olvido ancestral y esos días de Rondalera en Villa de Cura fortalecieron el futuro que habita en esos niños y en la gente de allá y en nosotros y enrumbaron y enriquecieron esa alternativa que debería poseer nuestra caduca educación aprisionada en aulas, como si la educación fuera un convicto de inconfesado crimen. Resultó que CEJOTA fue descubriéndonos ese museo vivo que es Villa de Cura, otro pueblo de los tantos así que conforman a esta adolorida Venezuela… Aquí una historia, allí su música, acá la tradición no represada, aquí el cronista y otros personajes vivenciando la historia; allí la convivencia en presente y futuro; inundación, falta de servicios, tristeza, tantas cosas que faltan, tantas otras que sobran. Después, en Rondalera, la conformación de talleres para medir la suculenta experiencia de pueblo y CEJOTA captando las impresiones de los niños y esbozando y dirigiendo murales y otros maestros organizando las imágenes fotográficas y los textos y otros testimonios...
            Y este conjunto constituido en alternativa lo hace pensar a uno si la vía no es ésta; si el camino no es la aprehensión del pueblo, en su ahora, en su ya, en su historia; porque los pueblos y el pueblo no son esa caricatura que aparece en las teorías de las ciencias sociales y políticas o en los principios nada claros de los grupos folklóricos que depredan consistentes tradiciones; porque los pueblos y el pueblo no son esas cositas de museo, con su ficha y todo, que desgranan paternalismos electoreros o inútiles y peligrosos sentimientos de nostalgia o cosa intrascendente y detenida. Cuerpo vivo, fabricando imposibles, realizando posibles, haciéndose ... ; y se hace en la medida en que la hacen sus gentes y en Venezuela hemos venido asistiendo a hechuras de pueblo y en ello es importante gente como este artista y su magia y sus proposiciones. Dentro de éstas, una muy importante: el trabajo en equipo. Comprender que no se siente isla sino pueblo, lo ha llevado no sólo a confabularse con su gente villacurana, en pleno, para el autorrescate, sino a conformar una especie de equipo de trabajo, que es tanto reunión permanente de amigos permanentes suavizando la vida; manera idónea de asumir desde adentro, hacia adentro y hacia afuera la extensión majestuosa de la matria ancestral villacurana.

            Es esto lo que explica la desinteresada labor de Héctor Hernández, de Jesús –Chui– Hidalgo, de Leopoldo –Leo– Mosqueda y de Pedro Hernández Arenas que administran su búsqueda de un lugar en la vida y ese atender a todos en su pueblo. Carlos José Martínez, CEJOTA, ha venido nucleándolos para ubicarlos como seres que aspiran, como otros muchos, a que escuchen su voz. El arte de CEJOTA es todo esto y mucho más que esto y es un placer y es algo casi místico descubrir en sus cuadros, en sus tallas, en Carlos, no la presencia del artista encerrado en su taller de artista; no del artista imitando bohemios, no del taller sin luz con problemas existenciales sino al ser que decidió moverse, con el arte en sus manos, y con su voz y la de otros, y en morfemas y fonemas de símbolos, nos dice "miren que estoy aquí estamos; mi pueblo no se ha muerto..." Se avecina el momento de la audacia para ofrecernos un novedoso estilo de vaciar en su arte su dimensión, su extensión, su horizonte de pueblo; ese curucutear en el pasadopresente de los seres humanos.

Cejota en Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K.

Cejota en Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K. Caracas, noviembre, 1984

Cerca de nosotros el color resonando. Casi se percibe el crujir de esas telas y el estirón del papagayo que se eleva y el choque reluciente de esas metras ahí y de faldas en bailes y un zapateo de fiesta…

Nada de lo pintado se encuentra en cautiverio porque lo que Cejota pinta es vivencia de pueblo y Cejota con ella, transformado en incidencia certera de líneas y colores y en dibujo magnífico y en espacios que simplemente suenan apenas nos percatamos de su arte, que se le queda a uno en las pupilas y uno quiere palparlo y es casi obligatorio comprobar que nada nos engaña, que nuestros sentidos están en su puesto y que si no vibran, como de ellos se espera, es por tanta telaraña apresándolos, encarcelándonos… El arte de Cejota la rompe; nos insinúa en su pintura otro camino del arte y en sus tallas otra forma de martillar cinceles y pintar volúmenes vegetales.

Pasa que en el arte de Cejota estamos todos, acariciándonos la textura de la vida, recordando la inminencia de la muerte, haciendo de las penas y de la alegría momentos de reflexión para mirarnos dentro.

Las propias reflexiones del artista son plasmadas por su inquietud villacurana y por su dimensión venezolana, y se convierten en un arte de siempre, de cada momento, porque Cejota es como un historiador que ha venido pintandotallando nuestra interioridad de seres historiados e historiables.

A través de su práctica social y como ser humano que palpita en la vida con todos y con todo, Cejota se ha nutrido de símbolos. Apreciamos sonidos, relaciones humanas, amor y odio transformados en opinión en protesta en denuncia; lo místico de su arte nos seduce y es hermoso aprovechar este instante para la reflexión. La carga social de su arte nos aprehende como visionarios, con el artista, de aconteceres que han comenzado a darse.

De alguna manera que no le ha sido fácil, Cejota ha logrado combinar la permanencia en sí mismo de su Villa de Cura y la universalidad en la que he venido ingresando. Su arte le ha servido no sólo para entregarse como creador, sino para concientizar el tesoro que para el mundo representa su matria villacurana.

No le ha sido fácil, tampoco, protegerse de las apetencias mercantiles de esos coleados dentro de la cultura popular, que compran al artista, al artesano y le imponen un ritmo de trabajo, lo inducen a un estilo, lo acorralan…

Con esta exposición, el Instituto Rondalera comienza a abrir sus puertas a quienes quieran mostrar su creación. Este campo es muy amplio; también lo es Rondalera. Entre sus objetivos, salvaguardar la creatividad venezolana, crecerse como mundo donde todo es posible, porque Rondalera es infancia y adolescencia y educación que busca; actividad que inventa e imagina; convicción permanente de que un mundo habitable, capaz y transitable todavía es posible; certeza amplísima de poder sustituir gestiones de fracaso, que pesan tanto y que entristecen tanto y un ser humano triste es cosa tan absurda y un ser aletargado, enajenado, es la cosa más triste… y hemos visto, con nuestros propios ojos, la esperanza…


viernes, 21 de octubre de 2016

Un Solo Pueblo, por Rafael Antonio Strauss K. 200 Años de Vigencia, 1983.

La Música de Un Solo Pueblo, Vol. 5. 200 Años de Vigencia, Promus, LPPS 20315. Por Rafael A. Strauss K., mayo 1983.


Recopilar, estudiar, difundir la música popular tradicional venezolana son acciones que de por sí implican trabajo arduo. Aun cuando deberíamos ubicarlas en el campo de la antropología cultural, y ésta puede ofrecer ahora una serie de consideraciones en torno al ser humano como ente biológico y social, históricamente hablando, el área de la llamada cultura popular todavía carece de una teoría sólida y universal que explique a satisfacción su formación, su transmisión y todas las particularidades involucradas en su esencia. En el área de la práctica, sin embargo, contamos con un despliegue de acciones diversas que indudablemente implican la convicción de que lo que se desconoce no es posible quererlo o no quererlo, así como tampoco hacerlo objeto de estudio científico; asimismo, que una forma de realizar dicho estudio es aplicando el método comparativo, lo que supone la aprehensión de la variedad implicada en esa unidad que es la música venezolana como uno de los aspectos de nuestra cultura no material. Aquella aprehensión debe significar necesariamente la paciente recopilación del legado musical que el pueblo venezolano ha venido conformando dentro de cada uno de los contextos socio-económicos en los que legado y pueblo han venido existiendo.

Paralelamente, sigue siendo necesario sanear la concepción generalizada que se tiene de lo popular, lo folklórico, como sinónimo de atraso y hasta de chabacanería. Tal discriminación encuentra base en esas teorías que presentan al folklore como producción avalada por el analfabetismo y la ruralización de sus cultores. Y, en lo musical, se piensa, inclusive, que mientras más desafinado se use el instrumento, la pieza producida es más auténtica. Estas y otras consideraciones semejantes pretenden hacer de lo popular un hecho aislado del acontecer histórico. En realidad significaría que el pueblo cultor no debería alfabetizarse ni acopiar todo tipo de experiencia técnica y creadora ya que ello atentaría contra el purismo del folklore. ¡Absurda idea!


Un Solo Pueblo ha venido ofreciendo una visión diametralmente opuesta a la ofrecida en Venezuela hasta hace pocos años. Asimismo, otros grupos y una serie de ejecutantes y cultores que han visto en el Proyecto presentado al país por Un Solo Pueblo una alternativa para dar a conocer sus creaciones como cultura popular. A todos esos cultores queremos dedicar este nuevo documento de nuestra tradición musical, en la persona de Don Pío Alvarado.