sábado, 22 de octubre de 2016

Cejota en Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K.

Cejota en Rondalera, por Rafael Antonio Strauss K. Caracas, noviembre, 1984

Cerca de nosotros el color resonando. Casi se percibe el crujir de esas telas y el estirón del papagayo que se eleva y el choque reluciente de esas metras ahí y de faldas en bailes y un zapateo de fiesta…

Nada de lo pintado se encuentra en cautiverio porque lo que Cejota pinta es vivencia de pueblo y Cejota con ella, transformado en incidencia certera de líneas y colores y en dibujo magnífico y en espacios que simplemente suenan apenas nos percatamos de su arte, que se le queda a uno en las pupilas y uno quiere palparlo y es casi obligatorio comprobar que nada nos engaña, que nuestros sentidos están en su puesto y que si no vibran, como de ellos se espera, es por tanta telaraña apresándolos, encarcelándonos… El arte de Cejota la rompe; nos insinúa en su pintura otro camino del arte y en sus tallas otra forma de martillar cinceles y pintar volúmenes vegetales.

Pasa que en el arte de Cejota estamos todos, acariciándonos la textura de la vida, recordando la inminencia de la muerte, haciendo de las penas y de la alegría momentos de reflexión para mirarnos dentro.

Las propias reflexiones del artista son plasmadas por su inquietud villacurana y por su dimensión venezolana, y se convierten en un arte de siempre, de cada momento, porque Cejota es como un historiador que ha venido pintandotallando nuestra interioridad de seres historiados e historiables.

A través de su práctica social y como ser humano que palpita en la vida con todos y con todo, Cejota se ha nutrido de símbolos. Apreciamos sonidos, relaciones humanas, amor y odio transformados en opinión en protesta en denuncia; lo místico de su arte nos seduce y es hermoso aprovechar este instante para la reflexión. La carga social de su arte nos aprehende como visionarios, con el artista, de aconteceres que han comenzado a darse.

De alguna manera que no le ha sido fácil, Cejota ha logrado combinar la permanencia en sí mismo de su Villa de Cura y la universalidad en la que he venido ingresando. Su arte le ha servido no sólo para entregarse como creador, sino para concientizar el tesoro que para el mundo representa su matria villacurana.

No le ha sido fácil, tampoco, protegerse de las apetencias mercantiles de esos coleados dentro de la cultura popular, que compran al artista, al artesano y le imponen un ritmo de trabajo, lo inducen a un estilo, lo acorralan…

Con esta exposición, el Instituto Rondalera comienza a abrir sus puertas a quienes quieran mostrar su creación. Este campo es muy amplio; también lo es Rondalera. Entre sus objetivos, salvaguardar la creatividad venezolana, crecerse como mundo donde todo es posible, porque Rondalera es infancia y adolescencia y educación que busca; actividad que inventa e imagina; convicción permanente de que un mundo habitable, capaz y transitable todavía es posible; certeza amplísima de poder sustituir gestiones de fracaso, que pesan tanto y que entristecen tanto y un ser humano triste es cosa tan absurda y un ser aletargado, enajenado, es la cosa más triste… y hemos visto, con nuestros propios ojos, la esperanza…


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