jueves, 6 de octubre de 2016
Vida de los esclavos negros en Venezuela, de Miguel Acosta Saignes, por Rafael Antonio Strauss Kazen
Reseña a Vida de los esclavos negros en Venezuela, de Miguel Acosta Saignes, por Rafael A. Strauss K. Escuela de Historia, UCV. "Para recordar la Vida de los esclavos negros en Venezuela", Reseñas y recensiones, en Tierra Firme, 2004, vol. 22, Nº 85, pp. 161-163.
Tremendo compromiso en el que los editores de Tierra Firme me colocan al pedirme que opine brevemente sobre Vida de los esclavos negros en Venezuela, de Miguel Acosta Saignes, porque personas más calificadas que yo lo han hecho ya de manera insuperable, comenzando por el prologuista Roger Bastide. Quizá mi mejor credencial sea el afecto que tengo por Miguel Acosta y la certeza de que su obra toda no sólo es paradigma de investigación, sino propiciadora de reflexiones que el Maestro supo dejar, cuando no las explicita, magistralmente incrustadas entre las sabias entrelíneas de sus obras. Habría que apuntar, sin embargo, que hay historiadores -muy pocos, afortunadamente-, que llamo ortodoxos, que se tienen por sabios, y así se sienten, para quienes lo que Acosta Saignes ofrece como ensayo no es trabajo histórico sino dislocadas prebendas a sectores excluidos, a temas que consideran intrascendentes. Conocedor del entorno académico en que desarrolló su trabajo, él mismo advertía, particularmente cuando se refirió a sus estudios sobre nuestro folklore: “Muchas limitaciones rodean a quienes trabajan en el terreno de la investigación folklórica en Venezuela. No se trata sólo de problemas económicos, de la dificultad de lograr presupuestos para investigaciones de campo, sino de otro género de rémoras: el menosprecio por tal tipo de actividad, a la cual se niega enjundia por quienes piensan monopolizar, dentro de otras disciplinas, cuanto sea sistemático y digno de meditación científica; la ceguera histórica cuyo producto es la negación de toda actividad no reglamentada académicamente; la tozudez semifeudal según la cual, cuanto el pueblo hace, piensa y dice, nada vale, pues no se elaboró dentro de aulas, a las cuales naturalmente no pueden acudir los obreros y campesinos.” (M. Acosta Saignes, “Introducción” a Estudios de folklore venezolano. UCV, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia (Serie de Folklore), Caracas, 1962, p. 3.)
Vida de los esclavos negros en Venezuela (sigo la primera edición, 1967, Hespérides, Caracas) es el resultado de una pesquisa que Acosta Saignes inició en 1955 en el Archivo General de la Nación, Caracas, “con el propósito -afirma- de escribir un libro sobre los africanos y sus descendientes en Venezuela.” Cauces etnohistóricos sigue esta investigación, pues el autor detecta en trabajos antropológicos de campo -“en diversas comunidades de negros en nuestro país”- los primeros matices para sus búsquedas de historia. La complejidad del objeto, la riqueza de la documentación, las señales que emite la realidad de un asunto hasta entonces prácticamente sepultado en nuestro país, obligan al autor a replantearse las intenciones iniciales, y de una obra que concibió como “de conjunto”, presenta en Vida lo que va desde el siglo XVI hasta 1800, para abarcar en futuros trabajos períodos posteriores hasta llegar a 1854.
Vida de los esclavos negros en Venezuela es, en primer lugar, una de las investigaciones iniciales de historia de las mentalidades de y en nuestro país, entre otras razones por todo cuanto genera para la antropología y otras disciplinas el horror de la esclavitud, en general, y, en particular, la sociedad multirracial de castas en la que vive, entre otros, el negro esclavo. No sólo lo revela el título, que convoca de manera objetiva presencias, ausencias, sentimientos, odios, sensibilidades, representaciones, afectos, desafectos…, sino el equilibrio que entre los métodos antropológico e histórico logra Miguel Acosta en un momento en que nuestra historiografía no parecía interesada, ciertamente, en temáticas que se escaparan de “lo político”. En este sentido, es emblemática la valoración que Acosta, en la Introducción, hace de esta investigación y el escenario en que ubica su trabajo, al expresar que para lograrlos “era indispensable una obra inicial, para rescatar del lugar común, del olvido, de los prejuicios y la injusticia, todo el valor constructivo de la existencia de los esclavos negros en la historia de nuestro país.”
Obra inspiradora, además, como toda la obra de Acosta Saignes, que aun repleta de las exigencias académicas, no se trepa a las alturas de lo inalcanzable, pues Vida es obra que llega fácil a todos, en quienes Acosta deposita no sólo sus intranquilidades por una temática apenas abordada, como tantas otras, sino su esperanza de que una vez dibujado por él, se lo retome como importante tema de investigaciones y encuentros, que es lo que últimamente ha venido ocurriendo.
En Vida, en efecto, Acosta despliega -como en su Etnología antigua de Venezuela- razones válidas para que el tema de la esclavitud de negros en Venezuela se profundice, particularmente en esa área que, antropológicamente hablando, ofrece enormes posibilidades: los descendientes de esclavos, fuentes vivas, de hecho, los de hoy, los de ayer, los de anteayer, que deberían tomar lo mejor de la academia para asumirse como elementos valiosos de y en nuestra historia, y minimizar o desalojar para siempre el atosigante complejo étnico que ha rondado por prácticamente todos los escenarios de nuestra vida de antes y de ahora.
Al fin y al cabo -Miguel Acosta lo demuestra- “En la Colonia todo, en último término, dependía de los esclavos”, pues “Sobre sus hombros recayó el mantenimiento de aquella sociedad”… (Introducción) Y puede demostrarlo no sólo en los aportes que hace como etnohistoriador, sino por lo que el prologuista Roger Bastide destaca de manera insuperable: “si el Dr. Acosta Saignes ha podido aportar tantos elementos nuevos a una historia de su país, es por no ser historiador, sino antropólogo, y por haber renovado la historia por medio de la antropología.” Y es que Acosta, en efecto, va al pasado como antropólogo… Una cuestión de sentimientos, de afectos, más que de ortodoxia y disfraces metodológicos… Despliega, entonces, una investigación histórica en lo que Bastide denomina “el esquema propio de la antropología”, que no es otra cosa que lo que el francés Marcel Mauss llamaba estudio de los hechos sociales como “hechos totales”. Pensamos que Miguel Acosta, simplemente utilizó la cultura como fuente histórica.
Es así como el autor de Vida, a través de quince capítulos, dos anexos indispensables, un índice analítico de especial interés y una exhaustiva bibliografía, involucra al lector en asuntos como los lugares de procedencia de los esclavos negros, el régimen alimentario, las enfermedades y sus curas, el matrimonio, la agrupación en cofradías, festejos, técnicas de trabajo, nombres propios, castigos a los esclavos, cimarronaje, vida en un cumbe, amén del tráfico negrero, el régimen esclavista, la trata en Venezuela… Hablan juntas en Vida la historia y la antropología, para desentrañar ese horror, ese demonio, ese aspaviento de la esclavitud. En el análisis de documentación de archivo, sus contenidos ponen en su lugar muchísimas cosas de nuestra historia, en las que habrá que seguir profundizando, porque a pesar del silencio del esclavista y de la historiografía, la documentación virgen abunda todavía, como para hacerla gritar con las voces que nos facilita Acosta Saignes…
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