domingo, 9 de octubre de 2016

Pío Alvarado, usted se la pasa con nosotros©, por Rafael Antonio Strauss K.


Don Pío, usted se la pasa con nosotros©, Rafael Antonio Strauss K.

La tierra nos lo trajo y la naturaleza, escultora constante de belleza, fue moldeando en Don Pío un aspecto de Roble, un espíritu en ramas para la fresca sombra bullanguera de su floreado Seis; para sus manos sólidas, dueñas de ese silencio majestuoso que genera la experiencia de ochenta y ocho años, en un rostro apaciguador y apaciguado con cuyos ojos lo deletreaba a uno para decirnos algo, para hablar de su vida, de sus parrandas con su tocayo Rafael Torres (Conjunto Los Rafaeles, Curarigua) y con tantos otros con quienes regó de Tamunangue, de Golpes, de Décimas, de Merengues, tanta tierra popular angustiada… Su voz, rocío permanente de hojitas de cujíes, nos refrescaba los oídos hambrientos de acontecer de pueblo y la piel se nos moja con goticas de campanillas húmedas y uno se extasiaba escuchando a Don Pío, el Viejo y Grande Roble. “Ah mundo mi Curarigua / tierra donde yo nací / vivo soñando contigo / no puedo vivir sin ti”, decía Don Pío.

Se nos fue. El 23 de agosto de 1985 la noticia corrió de gente en gente, como un coro de Golpes, como estribillos de un hermoso Tamunangue, y sin estar reunidos nos miramos, a través del teléfono, la radio, a través de la prensa al día siguiente. El Roble se había ido.

Hice un alto en mi angustia porque un temor acrecentó mi miedo ante la irrefutable presencia de la muerte y pensé si lo hecho por Don Pío se iría con él hacia las infinitudes desconocidas de la vida, hacia el silencio eterno del olvido, porque somos humanos y somos temerosos y casi siempre el miedo nos corroe y una forma de ser para vivir tranquilos es no saber qué hechos recordar, qué hechos olvidar, y alteramos la historia. Al día siguiente, 24 de agosto, lo estaban enterrando, lo estaban devolviendo a la naturaleza, con ritos magnos: tres colores con estrellas al centro y un encierro rectangular de cedro no impidieron que continuáramos recibiendo su aliento, ni su elegante porte de vera florecida, ni su tiernasorpresiva mirada de planicie larense, ni sus manos eternas, repletas de sonidos con ecos magistrales que espantaron tristezas… Maremagnum de flores convertido en coronas que te ahogan, viejo Pío; y muchas de ellas despetalándose en manos cariñosas, como un bautizo de colores a quien dejó colores musicales, y aliento y hacer de pueblo y admiración solemne y casi religiosa de confeso respeto por una tradición que con usted, Don Pío, se abultó de esperanza.

Inmensa obra inmensa la de este ser humano, creador, inspirado en el pueblo e inspirador de pueblo. Las paredes de su casa en Carora repletas de placas, como testimoniales de su andar musical por esta tierra. Grabó su voz en un número no gratuito de discos que fueron -y son- documentos musicales históricos sobre el arte de un hombre, sobre el arte de un pueblo. Allí también las voces y las ejecuciones de su conjunto musical compañero: el Cuatro Solista de Rafael González (La Chía), el Cuatro Acompañante de Martín Briceño, la Tambora Golpera de su hijo José Gómez, el Seis Agudo de Teófilo Escalona, la voz penetrante de Félix. A veces vimos y escuchamos a su esposa Victoria tocando la Tambora, pero su estirpe nata de buena bailadora dibujaba los actos musicales con esos movimientos pausados y elegantes que engrandecían con formas el sonido de voces e instrumentos, el bullanguero estar de todo el mundo ahí, en la casa privada, el atrio de la iglesia o capilla, el mundo…

Terrible experiencia escuchar sus catorce discos, producidos con el monograma PIORA: Pío Rafael Alvarado, porque además de constatar lo grandilocuente y bella que es la música larense, uno siente la ternura impresa para siempre que es la presencia musical de Don Pío y sus Acompañantes; la piel se nos acurruca y nos arrulla un dejo de añoranza y uno se vuelve acérrimo enemigo de la muerte. Y es terrible, esto, porque por tantas cosas nos sentimos atados ante el irrespeto de que son objeto las creaciones del pueblo. Más terrible, empero, es dejarlas andar por las oscuridades de la invasión foránea, de esa que no es nuestra, de esa que no nos sirve sino para negarnos. He aquí, en Don Pío, un ejemplo; hay otros muchos; casi los conocemos todos. Llegó la hora, en Venezuela, de aunar toda esta obra magnifica de pueblo, hecha y haciéndose por creadores que se fueron o siguen entre nosotros. Nuestro trabajo actual necesita de esta historia. Hay que hacerla, para someter y someternos a esa terrible experiencia de saber lo que fuimos en la obra de otros; de haber sido creadores y de saber que si seguimos ignorando/ignorándonos no seremos ni abono, ni testimonio, ni nada. Esto es lo que alguien/algo quieren.

Don Pío Rafael Alvarado es testimonio de trabajo constante por conquistarse un puesto en esta vida. La historia se lo ha dado. No dejemos que se lo arrebaten. Ahora es fuente de inspiración que debe presidir toda labor en pro de nuestro rescate como pueblo creador. En Don Pío uno encontró siempre la palabra, la mirada y la actitud precisas para saber que cuanto honestamente se haga por difundir el arte de nuestro pueblo, es labor sacrificada pero generosa. Es urgente que derritamos ese plástico apetrolado que cubre a Venezuela. Amarla y respetarla en su pasado es forma viable de proyectarnos hacia el futuro, que a pesar de tantos errores acumulados, aún, generoso, nos espera. Quizá estemos pagando las deudas de una historia que para dibujamos y hablar de nosotros sólo nos ofreció héroes tan magníficos como inalcanzables. Se olvidaron de la historia del pueblo, sin el cual aquéllos no hubieran podido magnificarse; se olvidaron realmente de nosotros, del común, de ese sector artificiosamente detenido. Quienes sólo son capaces de escribir aquel tipo de historiografía saldrán en su defensa; es evidente. Lo esperamos. Pero sus argumentos no invalidarán jamás los que esgrimimos como arma de nuestro propio y verdadero rescate, nuestro destino, que además de conocer y entender lo que tradicionalmente ya conocemos y procuramos entender, exigimos que las ciencias del hombre, que son todas, se rehumanicen y atiendan las huellas, las reflexiones, la vivencia de tantos y tantos anonimatos sobre los cuales se ha querido construir esa aburrida historia eventista y heroica que no interesa a nadie.

Se nos fue un testimonio pero queda en su obra el testimonio. De ojos como apagados, aunque inmensos. En ellos cupo el mundo popular de esos larenses valles curarigüeños, otrora hermosos y fértiles -como cuando Don Pío los sembraba-, hoy sedientos como pueblo engañado. De espaldas encorvadas; inmenso, sin embargo; su estampa, como vela alumbrando; enteco, casi sublime en su talla de mapora de calle principal… Aquí conmigo, con nosotros, en un eterno ahora, su caminar pausado, como esas manos suyas dibujando sonidos sobre el egregio Seis. Alto, muy alto, pero alcanzable, alegre, como un árbol frondoso. Lo mira a uno y uno lo mira a él como esperando que toda su presencia taciturna se deshaga en bullicio de cantarnos sus cosas… Amor por todas partes y Don Pío impaciente por pulsar su existencia con la esencia del pueblo…

Seguiremos sus pasos, Don Pío; renovaremos siempre el transitar augusto de su digna presencia. A las terribles e irrefutables pruebas de su muerte, opondremos tu obra, Viejo Pío; seguiremos buscando entre los escombros dejados por el desprecio y la irresponsabilidad de quienes debieron, en su momento, ocuparse de los cultores de nuestra cultura popular. No todo está perdido; arqueológicamente, buscaremos tantas huellas que andan por ahí y sembraremos esperanzas no anónimas: una de ellas, usted, Don Pío, que se la pasa con nosotros. Rafael Strauss K., Caracas, dic. 1983.

Solicitado por A Rayas, REVISTA DE LA DIRECCION DE CULTURA Gobernación del Estado Bolívar 15 de febrero de 1985 Director: José Eugenio Sánchez Negrón Diseño y Portada: Henry E. Corradini Diagramaci6n y Montaje: Henry E. Corradini, Néstor Curra A. Emilio G6mez Asistencia Editorial: María Eugenia Villalón PUBLICACION ANUAL DISTRIBUCION GRATUITA Depósito Legal: lf 84-00-84 La Revista A-Rayas no se responsabiliza por las opiniones emitidas en los artículos firmados. Se autoriza la reproducción total o parcial de algunos de los contenidos de esta revista siempre y cuando se cite la fuente. Las colaboraciones son estrictamente solicitadas. Se imprimieron 2.000 ejemplares. Dirección de Cultura del Estado Bolívar Edificio Mardey 1 - Paseo Heres Ciudad Bolívar Venezuela 8001 Tlf. (085) 27.064 Trabajo inicialmente publicado en A-Rayas, Revista de la Dirección de Cultura de la Gobernación del Estado Bolívar, del 15.02.1985; y luego, fue solicitado expresamente por Ismanda Correa para su publicación en el número aniversario de Venezuela, artesanía y folklore.



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