domingo, 16 de octubre de 2016

Por qué los indios…, por Rafael Antonio Strauss K.©



Por qué los indios…, por Rafael Antonio Strauss K.©, publicado en TalCual, Caracas, 11.10.2001, p. 13.

En 1992 y en 1998 utilicé la expresión encuentro mutuo con lo nuevo para referirme al evento conocido como descubrimiento de América y descubrimiento de Venezuela, respectivamente. Pero este asunto ya no es tanto de denominación como de mirar con otros ojos la significación de esos eventos, particularmente a la luz de la actitud crítica de algunos antropólogos latinoamericanos y de una historia que con nuevas posibilidades ha venido repensando la suerte que han corrido los pueblos producto de procesos de colonización. En este sentido, la Etnohistoria –suerte de híbrido metodológico de antropología e historia– ha venido jugando un papel definitivamente esencial. Al fin y al cabo, la historia y la antropología son dos disciplinas estrechamente vinculadas con lo que tiene que ver con la creación y el fortalecimiento o no de lo que se entiende como imaginario colectivo… y, por supuesto, individual…

A propósito de todo esto ha corrido ya tanta tinta que la irrupción europea en nuestro siglo XV ya no es exactamente el problema, ante los intentos de comprensión del nosotrosmismos latinoamericano, en general, y venezolano, en particular. Por las formas en que ello se ha asumido, la cuestión ha adoptado visos cada vez más importantes e interesantes. Esta convocatoria de Tal Cual podría interpretarse como una de sus más recientes expresiones… Del dilatado y atractivo escenario que hoy se nos ofrece, he preferido referirme a Venezuela y, necesariamente, al hecho de que al pensar en la ya devaluada expresión día de la raza u otra denominación que quiera dársele a aquella irrupción europea, pensamos en los indios como uno de los protagonistas, sólo que un protagonista perdedor y obligado del evento…

Tantos siglos discriminando al indio han horadado los sentimientos nacionales en prácticamente todo el espacio americano… Y en Venezuela, que no es excepción, no hemos sido amigos de los indios… y deberíamos serlo, tanto de los de ahora como de los que la historiografía blanca predominante –por darle algún nombre a la crónica que se genera en nuestro tiempo colonial y a una buena parte de las obras de carácter histórico posteriores– les cercenó en la tinta los pareceres e ignorando el funcionamiento de sus culturas, los tildó de flojos, de manganzones, de estorbo…, a pesar del aporte que aun dentro del atropello del que fueron objeto –al igual que los esclavos negros– se metieron en los intersticios más sensibles de nuestra nacionalidad. Pero el indio no sólo debe conjugarse en pasado, sino también en presente y en futuro, como todo pueblo, como toda etnia, como todo grupo humano… Quienes así lo han hecho terminan por tener en presente una percepción de sí mismos –que luce más auténtica–, como individuos, como naciones…, con pocas deudas y mucha disponibilidad para el afecto…

Los indios de Venezuela son de nuestro pasado pero no están en el pasado… Y si sus culturas ofrecen aspectos que una inhumana concepción del progreso califica como atraso, no se trata de atraso sino de una situación que habría que mirar, en primer lugar, con las pautas del relativismo cultural, única manera científica de contrarrestar el etnocentrismo…, esa nefasta práctica de juzgar la cultura de “los otros” con los patrones de nuestra cultura, lo que sin duda conduce a una valoración en la que nuestro modo de vida es el mejor o, en todo caso, el aceptable … Pero, en lo que a las cosas de los seres humanos se refiere no existen valores fijos, pues hubo, hay y habrá no sólo sociedades distintas sino que siempre vamos a encontrar diferencias que deberían obligarnos a reexaminar lo absoluto que subyace en la activación de la actitud etnocéntrica. Al fin y al cabo, una de las precisiones más connotadas de la antropología es que toda cultura depende de los componentes biológicos, ambientales, psicológicos e históricos de la existencia humana pues de ellos se deriva…

Aún tenemos demasiadas deudas con estos marginados de nuestro pasado… En nuestro imaginario colectivo predomina un retrato distorsionado del indio, y a pesar del espacio que la nueva Constitución les garantiza, recientes prácticas oficiales están a punto de demostrar que, como otras materias, las previsiones siguen siendo letra muerta, quizá porque el problema no esté en ellos, sino entre nosotros… Y una manera de comenzar a saldar aquellas deudas, aunque pese, es sentarse a reflexionar sobre la angustia, el terror, el sufrimiento de quienes por ser indios recibieron –en su momento de España y después, de los criollos– las pautas de un doble discurso, que al mismo tiempo que se les acogía se les rechazaba… Algo así como invitarlos al cielo pero pasando primero por el infierno… ¿Esta situación se fue quedando en nosotros y ha permanecido en lo que somos como pueblo? Parece que sí… Y es difícil que una nación con esta especie de impronta pueda vivir tranquila… Hoy más que nunca es necesario reconocer la variedad de culturas, aun dentro del mundo criollo, que es característica de Venezuela; y no es menos necesario que escuchemos al indio desde los predios de su versión de la historia en la que se ha visto involucrado…, desde los escenarios de su propia variedad cultural… y escuchar el discurso de autoprotección que ha tenido que elaborar… La academia prácticamente lo ha dicho todo, ahora nos corresponde oír…

¿Que en Venezuela no tenemos pirámides y otras maravillas y monumentos aborígenes que exhibir? No importa, porque tenemos a las personas indias, orgullosas, además, de su procedencia, y eso es más que suficiente… Gente que en materia de vinculación con la naturaleza puede darnos lecciones de convivencia; gente, además, que exhibió su natural inteligencia para aprovechar en la mejor economía de esfuerzo concebida las generosidades de su entorno, de tal manera que su carencia de agricultura no tiene por qué ser categoría cuya aplicación los descalifica ante esquemas evolutivos que, en esencia, están cargados de etnocentrismo… Gentes que afinaron la memoria para el registro de su experiencia como pueblo, como sociedad, estructurando, validando y poniendo en práctica una oralidad tan válida como otra fuente histórica… Indios, en fin, que además de personas, son descendientes de quienes primero habitaron nuestro actual territorio y este evento tiene que ser un privilegio que de manera especial nuestra historiografía está en la obligación de revalorizar para, entre otras cosas, incorporar al sentimiento del venezolano un apego crítico y amor por su pasado y, como parte importante de él, apego, amor y comprensión por el indio…

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