sábado, 15 de octubre de 2016

Nuestra Señora de Chiquinquirá de Aregue, por Rafael Antonio Strauss K.©

Una antigua devoción:  el culto a Nuestra Señora de Chiquinquirá de Aregue©, por Rafael Antonio Strauss K. Trabajo publicado en Huellas de la Virgen María en Venezuela: cultos y devociones. Marielena Mestas Pérez y Horacio Biord Castillo, editores. Fundación Empresas Polar, Caracas, 2013, pp. 169-185.
Introito
Es por amor que creemos en Dios quienes creemos, y amamos a su madre quienes amamos a la Virgen y creemos en ella, y es por amor que alimentamos nuestra vida de creyentes en Dios, con su naturaleza santa, que nos llena de amor y sacraliza al ser humano que somos, en la eterna paternidad de Dios, en la hermosa hermandad con Cristo, en el eterno Pentecostés con el Espíritu, en la certeza siempre sublime y prometedora de ser la prole humana de la Madre de Jesucristo, la Virgen María, la Madre que se eternizó desde el inicio mismo de la historia del Hombre en el concepto de vincularse con la generosidad de la tierra y sus frutos, que es vincularse con la generosidad del útero que se materializa en la eternidad de la idea de madre.
Y esta verdad es tan importante que hay pocos lugares en el mundo donde no se venere por lo menos una imagen de la Virgen María, en devoción y fe tejidas en la urdimbre que una generosa tradición fue fabricando para los hijos de la Virgen María y que quienes creemos cumplimos de manera sencilla, en ambiente festivo, comunitario, generoso; creencia, devoción y ambiente que complementamos con estampitas de la Virgen, con fotos que nos tomamos con ella, con medallitas esperanzadoras, con la inmensa cantidad de advocaciones maternales, protectoras, vivísimas, que palpitan en el calendario que organiza nuestra vida…
Y es que no existe un solo día sin que María la Virgen no esté presente en las calles del mundo, en la casa de alguien, de visita, en el moderno espacio de una urbanización, en el andar de los ojos, los dedos, el amor, la esperanza, el agradecimiento por sobre el almanaque en el que la tradición ha inscrito para siempre no sólo el nombre de la Virgen, eterno, consecuente, sonoro, María, dicho y escrito en cientos de idiomas, sino el de personas que se sacralizaron por asuntos de fe, de amor a Dios, que son y fueron actos de bondad, caridad, entrega, sacrificio en cualquier circunstancia…
Se trata, sin duda, de la expresión de ese reguero de amor, de esa ristra de fe que, como cultura, los creyentes en Cristo y su madre hemos recibido desde la generosidad de una herencia social y que podemos expresar de manera particular y pública en una práctica que nos contenta, que nos hace felices, que nos repleta el alma, cuando sabemos de la Virgen María en las cientos de advocaciones que la nombran, que no son otra cosa que la participación de la Santísima Trinidad y María en la historia local, regional, nacional. No otra cosa explica que la Madre del Dios Encarnado, Jesús, haya sido incorporada a los preciosos, subjetivos y humanísimos ámbitos del arte por reconocidos pintores, escultores, tallistas, dibujantes, impresores, diseñadores…, y cantada desde ese texto literario que ella inventa cuando visita a su prima Isabel, el Magníficat, y exaltada en el Rosario que la vincula a Dios, a Cristo, al Espíritu Santo, y a los seres humanos que contamos la historia sagrada cada vez que participamos, entre otros eventos, en el rezo del rosario…
Todo esto y mucho más encontramos en la Madre de Cristo cada vez que peregrinamos en una procesión que la imagen de la Virgen preside; una imagen que corresponde a la advocación con la que se la conoce desde que se hiciera presente en lugares específicos del mundo, que es una forma en que la universalidad de María se regionaliza, lo que no es otra cosa que uno de los más grandes milagros de la Madre de Dios, porque María siempre se presenta, de distintas maneras, en momentos importantes para los seres humanos, trátese de un individuo o de un colectivo, y la fuerza de su presencia es tan generosa, que termina por permanecer para siempre multiplicando su amor y su deseo de interceder por nosotros ante su hijo. Y la respuesta histórica del agradecimiento de los fieles, de los beneficiarios del amor de María es recordar el momento en que diversas circunstancias hicieron que la Virgen María se hiciera presente.
Aregue
La sede del culto a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es Aregue, capital de la Parroquia Chiquinquirá, Municipio Torres del estado Lara, un pueblo de aire colonial, a 400 msnm, que dista de Carora unos 8 km. En su economía destacan pequeñas empresas familiares de fábricas de instrumentos musicales como cuatros –los famosos de Palo de Olor- y maracas, hamacas, tinajas, alpargatas y varios productos de la ancestral cestería lugareña; en el renglón pecuario, destaca la cría de caprinos, porcinos y aves y en el agrícola, la inmigración canaria se constituyó desde hace bastante tiempo en importante fuente de trabajo y sostenimiento de la población, destacando la siembra de tomate, cebolla y pimentón.
Aregue fue fundado en 1616, al norte de Carora, en Tequere –o Sicare–, por misioneros capuchinos como pueblo de doctrina, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, y refundado en 1621, en la región antiguamente conocida como Fugueche, sitio El Zanjón o Aregue Viejo, por el entonces Gobernador de la Provincia de Venezuela Francisco de la Hoz Berrío. Se tienen noticias de que los primeros encomenderos de la zona fueron Francisco Pérez, María Gutiérrez y Juan Martín de Albújar, que ocuparon los sitios denominados Tegueche y Mitagache; asimismo, que su primer cura doctrinero fue el padre Bartolomé López de Pedroza. Para 1768, según Altolaguirre y Duvale, la población de Aregue era de 356 habitantes y en 1776, el obispo Martí le señala 1.131. [Origen de los poblados Larenses, http://venciclopedia.com/index.php?title=Origen_de_los_poblados_Larenses]
A propósito de la fundación de Aregue y del inicio de la devoción a la Chiquinquirá, Nectario María informa que una primera manifestación del culto data de 1621, en Darihuaco o Dariguaco, y otra, de 1624, en el actual Aregue. Sobre la primera afirma: “A mediados de 1620 el Gobernador Francisco de la Hoz Berrío, hallándose en Carora, ordenó reunir los indios de la jurisdicción de aquella ciudad en cuatro pueblos, uno de los cuales fue el de Nuestra Señora de Chiquinquirá en el sitio de Darihuaco, en la parte superior de Quediche.” Sobre la segunda, que “Muchos indios descontentos huyeron de Darihuaco, y poco tiempo después don Juan Álvarez Franco logró convencer a la mayoría de los escapados a los montes para que volvieran y formar ahora el pueblo de Nuestra Señora de Chiquinquirá en el sitio de Aregue. Como era costumbre al fundar un pueblo se traía la imagen o cuadro del patrono o patrona. Y así parece que para 1624 ya estaba el cuadro de la Virgen de Chiquinquirá en Aregue, tal vez donado por Francisco de la Hoz Berrío, oriundo del Nuevo Reino de Granada y adepto a esta advocación mariana.” [Hermano Nectario María, Venezuela mariana, o sea… 1976: 156-160.] Dariguaco, por cierto, es en nuestros días el nombre de una posesión comunera, en Jurisdicción del Municipio Manuel Morillo, Distrito Torres del estado Lara. [http://lara.tsj.gov.ve/decisiones/2011/junio/651-3-KP02-F-2010-473-.html] 
Historia de la Virgen de Aregue
Conocida también como La India, La Indita o La Virgen India, la historia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Aregue se sustenta en dos leyendas y un milagro que, sin duda, la enriquecen, y en las que palabras más, palabras menos, coincide la información que ofrecen las fuentes que hemos consultado. [Quisiera agradecer a quienes asumieron la confección y puesta en línea de las páginas webs que he consultado. Asimismo, a la Ing. Emma Rosa Oropeza de Herrera, sobrina de mi querido y siempre recordado Padre Hermann González Oropeza, S. J., por haber confirmado, por teléfono, algunos de mis datos para este ensayo y por haberme puesto sobre la pista de otros.]
Cuenta la tradición que en 1615 vivía en Dariguaco -o Darihuaco-un grupo de indígenas de nación axagua –achagua o ajagua-, ya adoctrinados en la fe católica y en la comprensión de la lengua castellana. Una india conocida como Chiquinquirá, encontró en los predios de Aregue Viejo –tierra anegadiza en épocas de lluvia por el río Quediche o Morere– un envoltorio, largo, que por una reciente inundación estaba incrustado en la empalizada de una choza. El intenso brillo que despedía el objeto llamó la atención de la joven y más por precaución que por superstición prefirió no acercarse y avisarle a un misionero, mientras expresaba con gritos discretos su sorpresa por el hallazgo. Otra versión ubica a Chiquinquirá en labores de recolección de plantas y que mientras lo hacía observó con sorpresa una bella paloma que revoloteaba por los cactus y cujíes… No sin cierta curiosidad, la joven intentó seguir al ave, que voló y se perdió en una de las hendiduras de las lomas del área. Sorprendida por la desaparición de algo tan bello, Chiquinquirá intentó precisar el sitio donde el ave se habría metido, encontrando en la hendidura un envoltorio que llamó su atención porque brillaba. El final de ambos relatos coincide en que un misionero capuchino, seguido por varios indios, recogió el envoltorio y frente a la pequeña iglesia de paja y bahareque, desenrolló la pieza… Se trataba del lienzo que hoy existe en la iglesia de Aregue y que en homenaje a su descubridora, la tradición local fue rebautizando como Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Aregue.
¿Era la joven india la misma Virgen María? En todo caso, la historia es más rica, pues a esta versión con protagonismo y personajes de Aregue, la tradición incorpora a Don Cristóbal de la Barreda, un comerciante español, agente y socio de la Compañía Guipuzcoana, hombre generoso y de reconocidos recursos económicos, quien a principios del siglo XVIII venía a Venezuela a atender asuntos de la compañía, pero el buque que lo traía naufragó en el Atlántico. A punto estaba de ahogarse, cuando pidió a Dios que lo salvara. Como respuesta divina se le apareció flotando en el aire una bella mujer, rodeada de un resplandor maravilloso, que Don Cristóbal asoció a la Virgen María, pero cuyos atributos le parecieron distintos a cuantos conocía. Contaba el comerciante, además, que de las profundidades del mar emergió un barril, que usó como flotador hasta llegar a la playa, donde volvió a ver de manera más clara la imagen salvadora. Este sería el primer milagro documentado de la Chiquinquirá de Aregue.
Decidido a toda costa a agradecerle a Dios, tuvo informes de que por los lados de Coro se veneraba una imagen como la que había descrito y yendo hacia allá se detuvo a descansar en Carora, donde le hablaron de una imagen semejante a la que describía y que se veneraba en un pueblo cercano -Aregue Viejo-, a donde lo condujo el padre Ignacio Antonio de Hoces Álvarez, un caroreño nacido el 15 de julio de 1699. Cuenta la tradición que Don Cristóbal vio la imagen en el poblado indígena de Tequere y que la reconoció como la bella dama que lo había salvado. Dice la tradición que en Tequere había una modesta capilla en la que los indios veneraban la imagen de la Chiquinquirá. Por entonces, principios del siglo 18, una terrible fiebre palúdica azotaba a Tequere -o Sicare [http://www.municipiourdaneta.com/paginaprincipal/sicare.php], Terequé o Tranquere-, por lo que con la ayuda de las autoridades y los misioneros capuchinos decidieron emigrar, llevando la imagen de la Virgen. Esta sería, quizá, la primera procesión.
En 1710 Don Cristóbal de la Barreda encarga al Padre Hoces de la construcción de un templo, autorizándolo para que eligiera el sitio más conveniente, lo que fue determinado de acuerdo con varios vecinos de Carora, pero tomando en cuenta la única condición que puso Don Cristóbal: que la construcción se hiciese lejos de tierras anegadizas, por lo que se realizó en el lugar donde ahora está el pueblo de Aregue. Según consta en el libro parroquial, identificado con el número 1 y refrendado por el Presbítero A. Muñoz L. [Historia de Nuestra Señora de La Chiquinquirá, en http://www.familiamelendez.org/Chiquinquira.htm], el padre Hoces fue el director y arquitecto de la construcción, para la que Don Cristóbal donó 16.272 pesos con 5 reales. Es interesante destacar que además de su vocación para el sacerdocio Hoces se inclinaba también por la arquitectura, ramo en el que ya había destacado como diseñador y constructor de la capilla de San Dionisio, la iglesia de Río Tocuyo, el Balcón de los Álvarez y seis casas para sus familiares.
El templo de Aregue fue terminado el 30 de abril de 1745, obra que su benefactor no pudo ver concluida ya que en auto del 26 de mayo de 1745, el Visitador Pedro Sangróniz anota como difunto a Cristóbal de la Barreda. [Historia de Nuestra Señora de La Chiquinquirá, citado arriba] Además de esta contribución imperecedera para la historia de la Iglesia Católica en Venezuela, Don Cristóbal ha quedado en la memoria de los devotos de la Chiquinquirá de Aregue y en una barquilla de madera que como emblema del prodigio salvador que viviera cuelga del techo de la iglesia, dejada allí como recuerdo por él mismo, se comenta, y que seguramente fue el primer exvoto que recibió la imagen santa. Uno de los bellos vitrales de la basílica simboliza la salvación divina de Don Cristóbal. Ya para entonces, la devoción a la Chiquinquirá ocupa en Aregue y sus alrededores lugar especial, según colige el obispo Mariano Martí en 1776 por los archivos parroquiales que consulta a propósito de su famosa visita pastoral.
Algunos detalles que pudieran destacarse, y otros que pudieran complementarse son, en primer lugar, el nombre mismo de Chiquinquirá, que vincula esta historia de Aregue con Colombia, de donde fue traída la imagen en el siglo 17 que, en realidad corresponde a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, que el 9 de julio de 1919 era coronada en Bogotá como Reina y Patrona de Colombia.
En la zona central de ese país, en el Valle de Saravita, se encuentra la ciudad de Chiquinquirá, nombre que en lengua chibcha significa Lugar donde se adora a los dioses, Lugar del Sabedor de los Secretos o Lugar del Orientador  [http://turiscolombia.com/cundinamarca.htm], para aludir al mohán o antiguo sacerdote indígena de las zonas andinas. Esto parece fortalecer la idea de que Chiquinquirá proviene de xequ enquirá, expresión indígena que ha sido interpretada como Lugar del Sacerdote  [http://boyacacultural.com/index.php?option=com_content&view=article&id=613&Itemid=33], o de xequenquirá, que significa tanto Lugar pantanoso y cubierto de nieblas como Pueblo sacerdotal, por las ceremonias que tenían lugar en la isla de la laguna de Fúquene en ofrenda a los dioses muiscas. [http://es.wikipedia.org/wiki/Chiquinquira]
Por otro lado, me parecen interesantes las palabras chibchas chía, que significa Luna, y quica, que significa la Tierra o una región específica, pues ambos vocablos lucen bastante cercanos a la palabra chiquinquirá. Se ha dicho, asimismo, que ese vocablo es de origen maya, pero sobre esto no he encontrado más información. La versión que corre en Aregue sobre el significado de Chiquinquirá es que se trata de una voz aborigen que significa Lugar pantanoso y cubierto de niebla, interpretación que también se maneja en Colombia y que sin duda acompañó a la imagen que se trajo en tiempos coloniales. Y lo último sobre estos comentarios es que, lamentablemente, desconocemos qué significa Aregue.
Descripción de María Chiquinquirá de Aregue
El cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Aregue –su santa patrona, protectora de los ahogados, de los náufragos y de todo el que queda a la deriva en un mar encrespado y hasta rodeado de tiburones– presenta los mismos personajes que las dos célebres imágenes de la misma advocación, veneradas en la colombiana Chiquinquirá y en la zuliana de Maracaibo, pero difiere de ambas por la posición de los personajes y por lo vivo y destacado de su colorido, el cual contrasta con lo tenue y apagado del tinte de los dos primeros.
La imagen que se venera en Aregue está pintada al óleo sobre fardo; mide 1 metro 35 milímetros de alto por un metro 0.57 de ancho, y el marco, 5 centímetros de espesor. En su parte posterior, todo el lienzo está pegado a un fino cordobán grisáceo, que lo protege. El cordobán, toma su nombre de la ciudad andaluza de Córdoba, donde desde tiempo inmemorial son famosas estas pieles curtidas de macho cabrío o de cabra.
En el centro destaca la imagen de la Virgen del Rosario, de 1 metro 10 centímetros de alto, de pie, sobre una media luna, de 5 centímetros de alto, cuyos cuernos de 175 milímetros llegan hasta 3 centímetros del marco. La Virgen carga con su brazo derecho al Niño Jesús. Envuelto en su mano derecha y apoyado en su índice, la Virgen ostenta un rosario de 32 cm de largo, que remata en una cruz de Malta. En la pintura, la Virgen no lleva corona. Tanto la media luna como las rosas que lleva en ambas muñecas son de oro.
Una toga blanca envuelve la cabeza de la Virgen, cuya punta derecha doblada hacia adentro rodea el cuello, dejándolo al descubierto así como también toda la cara. Viste túnica roja, sujeta al cuerpo por un cíngulo que baja hasta la media luna y le cubre los pies. Un amplio manto azul celeste, con 33 estrellas, envuelve sus hombros por el brazo izquierdo y baja doblado en dos formando pliegues. Por la derecha, deja descubierto el antebrazo y forma un amplio doblez que envuelve al Niño Dios, sostenido por el brazo y mano abierta de la Virgen; tanto el pecho como los brazos del niño están desnudos. Mide el infante 17 centímetros de alto; lleva el brazo izquierdo colgando y el derecho doblado, con el antebrazo hacia el pecho de su madre. Sobre el índice alargado descansa un cardenalito de 3 centímetros y medio de largo. Por detrás de la Virgen salen 57 rayos a su derecha y 57 a su izquierda, todos blancos, que la destacan de manera especial sobre el fondo amarillo. El conjunto central está enmarcado por dos cortinas con estrellas doradas sobre sus franjas externas.
A la derecha de la Virgen está, de rodillas y mirándola, San Antonio, que mide .72 cm de alto, viste sayal oscuro y lleva en su mano derecha un lirio blanco. En la izquierda tiene un libro cerrado sobre el que está parado un Niño Jesús, cuyo cuerpo está cubierto con una túnica blanca y una franja dorada alrededor del cuello. Sostiene en su mano izquierda una bola azul que representa al mundo y alza su mano derecha en actitud de bendecir. A la izquierda, el apóstol San Andrés, que estrecha sobre el pecho la cruz que lleva su nombre, y cuyos brazos miden 7 centímetros de ancho. Su túnica es de un tinte más claro que la de San Antonio y el manto que lo cubre es de color rojizo. [Parroquia Chiquinquirá Aregue. Datos Históricos, geográficos, socio-económicos y culturales, en: http://es.scribd.com/doc/39558951/Aregue]
La presencia de San Antonio y San Andrés en esta pintura tiene su explicación en que a mediados de 1560, fray Andrés Jadraque, religioso dominico, recibió el encargo de don Antonio de Santana, español residente en Sutamarchán, Boyacá, Colombia, de hacer pintar un cuadro de Nuestra Señora del Rosario. Encargado el pintor Alonso de Narváez, residente en Tunja, tomó una tela de algodón tejida por los indios, de 1,13 m de alto por 1,26 de ancho; la imagen de la Virgen del Rosario se pintó a un tamaño de 1,05 m de alto. Como quedaba espacio a los lados de la Virgen, quienes ordenaron el cuadro pidieron que se pintara a los lados las imágenes de los santos de sus nombres: San Antonio y San Andrés.
Epílogo
Mucho tiempo ha transcurrido desde que la Virgen María realizara sus primeras andanzas en Aregue, de la mano de Dios y de los hombres, y como en el caso de todas las advocaciones de María en Venezuela y el mundo, cada vez aumenta el número de fieles que el primer domingo de octubre visitan Aregue en ocasión de la Misa Grande, la conmemoración el 7 de octubre, la nutrida procesión que recorre unos siete kilómetros, la Misa de los Indios el doce de ese mes, y otros eventos que año tras año son cada vez más importantes, conocidos y reveladores de la fe colectiva e individual que acude a la Chiquinquirá de Aregue a pedir sus favores, a pagar tributos de agradecimiento y veneración o, simplemente, a visitar a la Virgen, que el 2 de octubre de 1976 fue coronada por Su Eminencia José Humberto Cardenal Quintero, con la anuencia y autorización de S. S. Paulo VI.

En su basílica, Santuario Mariano de Aregue, fue consagrado Mons. Eduardo Herrera Riera, que en 1994 fue nombrado primer obispo de la diócesis de Carora. [Emma Rosa Oropeza de Herrera. Historia. Carora desde siempre. http://www.encarora.com/historia.htm] La comunidad areguense y el turista disponen de un pequeño museo dentro del templo, con una colección de objetos relacionados con la Virgen, y a la entrada del pueblo hay un monumento a la Virgen de Chiquinquirá. Varios vitrales la acompañan y hay uno que muestra la escena de la aparición de la Virgen a Don Cristóbal de la Barreda, realizado en 1956 por Juan de J. Espinoza y en la parte interna de la cúpula hay una gran pintura de la Virgen de la Chiquinquirá, rodeada de angelitos, en tanto que en una de las naves está el famoso lienzo. [http://www.pueblosdevenezuela.com/Lara/LA-Aregue.htm] Un evento importante para la historia de la religión católica en centro-occidente es la visita que la Virgen de Aregue hizo durante cinco días a Churuguara, Santa Cruz de Bucaral y Mapararí, estado Falcón, en agosto de 2009. [Diario Nuevodía, Punto Fijo, Domingo 23.08.2009, Año 5, Nº 2082, en www.nuevodia.com.ve]  

Hay dos asuntos que me parecen interesantes para concluir este ensayo. El primero está fechado en Santa Fe, data del 20 de octubre de 1725, y es una relación que se envía al rey sobre las misiones de la Compañía de Jesús en los Llanos y río Orinoco. En el folio 28 vuelto se lee: “En la reducción nueva de San Ignacio de los Betoyes […], una imagen del Apóstol San Andrés que estaba pintada en un cuadro de la Virgen de Chuiquinquirá, empezó a sudar tan copiosamente que corrió el sudor hasta llegar al mar.” [Marco Dorta, Enrique. Materiales para la historia de la cultura en Venezuela (1523-1828). Documentos del Archivo General de Indias de Sevilla. Homenaje de la Fundación John Boulton a la ciudad de Caracas en su cuatricentenario, Caracas-Madrid, 1967, doc. 898, p. 136.]

En el segundo, un escrito de Juan Páez Ávila, José, un viejo aregueño que se llama a sí mismo el correo de la Virgen, aún conserva el optimismo de “vivir por siglos para impedir que los maleficios del Diablo de Carora roturaran la fe en la Virgen de la Chiquinquirá, y su pueblo sucumbiera a la ambición de intereses extraños a sus esperanzas.” Confiesa que desde muy joven recibió la misión “de preservar las costumbres, profundizar la fe en sus milagros y batallar contra el espíritu del mal.” Asistimos a la intervención de la Virgen en la salvación del dedo de Miguel Álamo de la picadura de una cascabel, lo que se traduce en la entrega de un exvoto de oro en forma de dedo, y sabemos cómo la Virgen ahuyentó a un león que le comía los chivos a un cristiano; y vemos los exvotos de plata y de madera en su alcancía de la iglesia y formamos parte de la asamblea popular que creó la Junta Administradora de los Bienes de la Virgen y asistimos a la entrega del cuero de un puma depredador que le prometió a la Virgen Rafael Flores, para alfombrarle el piso…, y nos enteramos que don Chío Zublillaga fue el redactor de los Estatutos de la Cofradía de la Chiquinquirá de Aregue. [Juan Páez Ávila. “El correo de la Virgen”, en su Atarigua y otros relatos de Carohana. Maltiempo Editores, Caracas, 2006, pp. 25-30.]
Principal material consultado

Chiquinquirá. Milagros de la Virgen de Chiquinquirá [Colombia] http://www.colarte.com/recuentos/Colecciones/Chiquinquira/TestimonioMilagro.htm El trabajo que aquí se reproduce se hizo en base a las investigaciones de Alberto E. Ariza, O. P.: 1) Apostillas a la Historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Editorial Kelly, Bogotá, 1969; 2) Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Cooperativa Nacional de Artes Gráficas, Bogotá, 1964, y 3) Hagiografía de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Editorial Iqueima, Bogotá, 1950 y al de Pedro de Tobar, O. P., Verdadera histórica relación del orden, manifestación y prodigiosa renovación por sí misma y milagros de la imagen de la sacratísima Virgen María, Madre de Jesús, no de Dios, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Juan García Infanzón, Madrid, 1694.

Cortés Riera, L. (2002) "La Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue: un imaginario hispano-indio en Centroccidente de Venezuela". Revista de Ciencias Sociales de la Región Centroccidental, Nº 7, Barquisimeto, noviembre 2002.
Hno. Nectario María. Venezuela mariana, o sea, relación compendiada de las imágenes más célebres de la Santísima Virgen en Venezuela. 2ª ed., 1976. [La primera es de 1930, Imprimerie de la Seine, Montreal]

Oropeza de Herrera, Emma Rosa. HistoriaCarora desde siempre. http://www.encarora.com/historia.htm



Páez Ávila, Juan. Atarigua y otros relatos de Carohana. Maltiempo Editores, Caracas, 2006. “El correo de la Virgen”, pp. 25-30.

Querales, José. “Torres rendido a los pies de su patrona. Cientos de personas llegan a Aregue para unirse a la celebración. Feligreses recorren siete kilómetros junto a la Chiquinquirá”. El Informador, Barquisimeto, domingo 2.10.2011, 8A. Foto: Cortesía Mirlana Márquez.

Recopilación de las páginas de internet-Perera. www.cev.org.ve/comunicados/carta_pastoral.doc.doc  

Uricoechea, E. Gramática, vocabulario, catecismo i confesionario de la lengua chibcha según antiguos manuscritos anónimos e inéditos, aumentados i correjidos por E. Uricoechea… Maisonneuve, Libreros-Editores, Paris, 1871, en: http://kuprienko.info/gramatica-y-vocabulario-de-la-lengua-chibcha/

Virgen de Chiquinquirá de Aregue (La Virgen India) Patrona de Aregue, Estado Lara. Golpe larense a la Virgen de Aregue, de Luis Esteban Arteaga, interpretado por Marianella Oraa. Video subido el domingo 6 de marzo de 2011,  en: http://cuentaelabuelo.blogspot.com/2011/03/virgen-de-chiquinquira-de-aregue-la.html




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