La obra de Alejandro Colina, fuente antropológica e
histórica©, por Rafael A. Strauss K., Escuela de Historia/UCV.
Publicado en Alejandro Colina el escultor
radical, compilación de Carlos Colina. Universidad Católica Andrés Bello,
UCAB, Caracas, 2002, pp. 83-85. Coloquio multidisciplinario: la obra
escultórica de Alejandro Colina, celebrado en la Casa Rómulo Gallegos en
octubre 2001. Los ponentes: Morela Alvarado, Félix José Amarista, Mariela Brazón
Hernández, Flor Alba Cabrera, Juan Calzadilla, Francisco Carrillo Gil, Aminta Díaz,
Luis González Guillén, Guillermo León, Santos López, Carlos Maldonado Bourgoin,
Esteban Emilio Mosonyi, María Teresa Novoa, Juan José Olavarría, Elizabeth
Pazos, Rafael Strauss, Nancy Villarroel y Carlos Colina.
Para un antropólogo siempre es
trascendente mirar en la obra de todo ser humano la sociedad a la que hombre y
obra pertenecen… Y cuando ese hombre es un artista, la trascendencia de la
investigación se torna placentera…Y es que la obra de todo ser humano es fuente
apetecible para la ciencia antropológica que, por definición, tiene en las
cosas de los hombres, objetivas y hasta exquisitas fuentes de carácter
histórico…, particularmente en Venezuela, donde nuestra historiografía ha
tendido a destacar más bien lo que ha devenido historia oficial que, en
esencia, se trastoca en historia política… Ha sido uno de nuestros objetivos, y
el de algunos de nuestros antropólogos, historiadores y periodistas, fijar la
atención en aquellos contenidos, eventos, personajes…, considerados de poca
monta o, en todo caso, sujetos poco apetecibles para el llamado discurso
histórico… De allí la importancia de este encuentro, que desde la óptica
universitaria multidisciplinaria se ha propuesto conmemorar el Centenario del
Nacimiento de Alejandro Colina, que imprimió en la piedra su opinión sobre la
valía de la temática indígena de Venezuela, haciéndola sensible como objeto de
estudio de la antropología y de la historia…
De la antropología, porque la
expresión estética es uno de los aspectos de la cultura; de la historia, porque
el contenido y la temática de Colina convocan situaciones y, sobre todo,
personajes de nuestro pasado… Y en ambos escenarios, la sencillez es el
elemento esencial que precede la lectura estética que Colina acomete de
momentos de nuestra historia…Percibimos en el artista una necesidad que aún
está presente entre nosotros: la necesidad y el deseo de conocernos como
pueblo…Colina asume lo indio como discurso estético, y creo que lo hace desde
la convicción de que lo indio en nuestra historia y en nuestra historiografía
ha sido convenientemente ocultado o, en el mejor de los casos, considerado de
manera marginal…
Será por ello, pensamos, que las
figuras indias que Colina decide esculpir contienen la fuerza infinita de la
voluptuosidad, la convicción indiscutible de un desmedido amor y admiración por
lo indio exiliado… Y en esta convicción de Colina la piedra se ennoblece para
que el artista estructure un discurso en el que la gallardía de lo indio
esculpido y la dureza del material en que lo esculpe guardan un equilibrio no
sólo impresionante sino hasta retador…
Me gusta que no estamos ante la
polisemia de lo abstracto sino ante la unicidad onomástica de la intención
creadora… Uno siente que Colina, más que proponer una obra artística aislada
del contexto, elabora un discurso que intenta sensibilizar al venezolano -¿y
por qué no a todos?- hacia aspectos obviados de nuestro pasado pero que por su
vigencia están sedientos de presente y futuro… Pareciera como si Colina
facilitase un compromiso a quien mira su obra…, un compromiso que consiste en
vincularnos con nuestra realidad como cultura… Y es que Colina se percató a
tiempo del olvido y de la equivocada ubicación de lo indio en nuestra historia
y concibió y creó particularidades que alimentan nuestra ancestralidad… No me
sorprende haber concebido a Colina como uno de los hacedores de petroglifos de
nuestro tiempo prehispánico…
No me sorprende vincularlo,
además, con nuestros artistas populares, que plasman en sus lienzos, en sus
tallas…, valores de nuestra tradición, que no por tradición pertenecen al
pasado sino que por ello están como incrustados en nuestro siempre siendo… Hay
en ellos no sólo la preocupación del ser humano que obra sobre su realidad,
sino también la preocupación del artista porque nos involucremos de manera
inmediata con lo que muestra su arte…
Las biografías de piedra que nos
nutren la cotidianidad, las obtiene Colina de una suerte de doble sensibilidad
que lo habita: la del venezolano y la del artista… Sus testimonios de piedra y
de arena contienen para satisfacción de la curiosidad de quien pregunte, la
majestad de Tiuna, el gran jefe de los
ojos pardos o gran espíritu de la
lucha, así nombrado como dirigente de los indios caracas y que de joven fue
conocido como luz del amanecer o caudal de agua cristalina, que es lo
que, seguramente por vía oral, se ha informado que significa Tiuna… Y
Guacamayo, el cacique y piache tacarigua, cuyo recuerdo Colina exalta con
arenas del río Cabriales, levantando para la historia al guerrero caído cuyo
cuerpo, según informa la leyenda, fue asediado por guacamayas entristecidas…Y
Tacarigua, que más que un personaje, es seguramente la interpretación de Colina
de todo un área esplendorosa asociada al lago que hoy se llama de Valencia, por
cuyas riberas no sólo se perfeccionaron momentos de trascendencia en nuestro
tiempo prehispánico, sino que con el sitio se asocian las largas temporadas de
caza que se dice realizaba Guacamayo y sus largas sesiones de meditación… Y
María Lionza, una suerte de prodigio escultórico que nos contiene a todos puede
tomarse también como una suerte de síntesis que da forma humana a una buena
parte de la mitología que hemos elaborado en Venezuela, de tal manera que la
escultura de María Lionza es una representación de la voluptuosidad de ese
acontecimiento…
Y concluyo con la siguiente
reflexión… ¿Qué hay detrás de la obra de un ser humano? Podría ser esta una
pregunta sencilla que convierta cualquier rasgo cultural en fuente
antropológica e histórica…, lo cual sugiere infinitas posibilidades, una de
ellas que toda obra humana es importante como insumo para la comprensión del
ser y del hacer humanos… En este sentido, se justifica la idea de que toda
interpretación del pasado siempre puede ir más allá de verdades establecidas,
de tal forma que el pasado se mueve en el presente con nosotros…Y en esta
fuerza que el pasado adquiere cada vez que lo interrogamos desde el presente,
tienen cabida lo que en su momento los hombres de entonces le preguntaron al
pasado…Este es otro elemento que como fuente la obra de Colina nos informa… Es
como si sus esculturas fueran piezas arqueológicas, sólo que no están
enterradas sino vivas y en la superficie conviviendo con nosotros… /// Rafael
A. Strauss K., 22 de octubre de 2001.
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“Yo, Rafael Antonio Strauss Kazen, CI No.
3.084.148, cedo los Derechos de Autor del trabajo intitulado “La obra de
Alejandro Colina: fuente antropológica e histórica” a la Universidad Católica
Andrés Bello, para el libro que editará este año (2002) y publicará sin fines
de lucro la Dirección de Publicaciones de dicha universidad sobre la obra
escultórica de Alejandro Colina. La Universidad se compromete a entregar a cada
autor dos (2) ejemplares del texto. /// Atentamente, /// Rafael Antonio Strauss
Kazen [mi rúbrica] /// Caracas, 21 de enero de 2002.”
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Reproducido en Alejandro Colina: el escultor radical - Página 383 - Resultado de la
Búsqueda de libros de Google
books.google.co.ve/books?isbn=9802443220 2002 –
Sculpture ALEJANDRO. COLINA,. FUENTE. ANTROPOLÓGICA. E. HISTÓRICA. Para un antropólogo siempre es trascendente auscultar en la
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