Guaicaipuro©, por Rafael
A. Strauss K. Apuntaciones y bibliografía para la entrevista que Alfredo Meza
me realizara en la Fuente de Soda Clínica Razetti, Caracas,
el miércoles 18.7.2001 sobre Guaicaipuro en el
Panteón Nacional y que publicó en El
Nacional, Caracas, el domingo, 22.7.2001. Transcribo,
además, la entrevista y un trabajo de P. Llorens, de igual fecha.
Mi estimado Alfredo
Meza. Al final de los siguientes 8 puntos te anexo algunas fuentes con las que
podrías complementar tu trabajo sobre Guaicaipuro, que tomo de mi trabajo en
proceso Venezuela en sus fuentes
etnohistóricas. Como el tema no deja de ser interesante, me parece
importante que las suministres al lector. Prof. Rafael A. Strauss K.,
18.7.2001.
1. No hay que
plantearse este asunto dentro del marco bipolar de estar o no de acuerdo conque
Guaicaipuro entre al Panteón Nacional. Porque aun cuando este tipo de acciones
puede estar signado, en última instancia, por contenidos de tipo político, hay
que tomar en cuenta que en la Venezuela de estos momentos está cobrando fuerza
la idea de la participación… Se han abierto puertas, ventanas y postigos a través
de los cuales sectores de la sociedad venezolana, tradicionalmente marginados,
han encontrado posibilidades, que lucen reales, de hacerse escuchar con más
resonancia…
2. En el caso
concreto de las sociedades indígenas que habitan en nuestro territorio parece
evidente que luego de que la nueva Constitución les reconoce derechos, se tenga
asimismo la necesidad de que se les reconozca en el altar donde la patria rinde
culto a los héroes… De tal manera que se propugna que Guaicaipuro, cacique
histórico en el que se reconoce a un héroe particular, comparta espacio en la
topografía histórica de la heroicidad y se revivan viejas aspiraciones de
indígenas e indigenistas de Venezuela de que Guaicaipuro sea reconocido como
uno de los héroes que sustentan nuestra nacionalidad… Y nada mejor que colocar
su nombre al lado del nombre de quienes la historiografía y un sentimiento de
venezolanidad reconoce que nos dieron el ser nacional…
3. ¿Qué llevar de
Guaicaipuro al Panteón Nacional? A los panteones suelen llevarse restos óseos.
Esto es lo normal, como quien dice… En este caso del héroe indígena, sin
embargo, no importa si no se tiene el testimonio óseo como restos del héroe; lo
que importa es el reconocimiento que un sentimiento especial hace de
Guaicaipuro como héroe, lo que se traduce en que basta conque el nombre de
Guaicaipuro entre al Panteón de los Héroes de la Patria…
4. Pero no sólo es
el nombre lo que de Guaicaipuro se llevaría al Panteón Nacional. Es, además, la
imagen del guerrero que con todas sus fuerzas combatió al invasor… Porque
Guaicaipuro representa una buena parte de la historia venezolana que ha sido,
en esencia, diferida… Representa la historia del vencido… Y es probable que
represente la historia de una Venezuela que ha sido y está siendo vencida por
el facilismo que ha proporcionado la mala administración del petróleo…
Guaicaipuro, además, es para Venezuela lo que Uslar Pietri denominó una emoción
nacional… Esta emoción luce para el venezolano como una suerte de tesoro, yo
diría que un tesoro oculto, como están ocultas tantas emociones y tesoros que
siempre están siendo diferidos, entre otras razones, porque nos cuesta
reconocernos como pueblo creador y creativo…
5. Es por ello que
resulta válido preguntarse: por qué si Guaicaipuro forma parte de los altares
populares no puede formar parte del altar de la patria… La pregunta es válida
si entendemos a Guaicaipuro como emoción que ha sido canalizada no sólo en
estatuas, relatos y estudios universitarios y de cronistas, sino también como
manifestación espontánea de una religiosidad popular… Es decir, que ha habido
una suerte de apropiación de Guaicaipuro por parte de lo que podríamos llamar
un sentimiento nacional.
6. En este aspecto,
sin embargo, hay algunos puntos acerca de los cuales es bueno referirse. ¿No es
contradictorio que el nombre de Guaicaipuro conviva plácidamente al lado del
nombre y los restos de los descendientes de quienes lo hostigaron? ¿de quienes
queman su bohío, que es como decir, de quienes queman el pasado indígena de lo
que sería Venezuela? En este punto el asunto puede volverse más polémico. De
hecho, en 1952 Uslar Pietri y Miguel Acosta Saignes sostuvieron en las páginas
de El Nacional una interesante
polémica sobre el significado de Guaicaipuro. Esta polémica fue desempolvada recientemente
por el Licenciado en Historia Emeric Fernández en una tesis de la que tuve el
honor de ser tutor. Uslar Pietri, entre otras cosas, llamaba la atención acerca
de que lo que llamamos Venezuela comenzó a formarse en el siglo XVI y en una
frase que no deja de ser fuerte afirmaba algo así como que para que existiera
Venezuela era necesaria la muerte de Guaicaipuro, hecho que había dado paso a
lo que somos hoy. Acosta Saignes, por su parte, argumentaba que esta concepción
de la historia es una forma de justificar cualquier tipo de dominación,
cualquier violencia sangrienta de una cultura fuerte sobre una débil.
La polémica, en todo
caso, sirvió para medir, en efecto, dos concepciones de la historia en torno a
la conquista de América…, asunto sobre el que parece difícil ponerse de
acuerdo… Lo que sí parece que no es difícil percibir en estas intenciones de
llevar a Guaicaipuro al Panteón Nacional, es que sobre las deudas que podamos
tener con muchos acontecimientos de nuestra historia y con muchos de sus
personajes, lo que parece predominar es lo que de manera magistral apuntaba
Miguel Acosta Saignes: que Guaicaipuro produce lo que llama un sentimiento de
la tierra; un sentimiento en el que predomina el instinto sobre la razón…
7. Porque es
indudable que el venezolano ha hecho su propia lectura de nuestra historia…,
particularmente de aquellos acontecimientos y personajes que le atraen para
quererlos, odiarlos o ignorarlos… La literatura popular cantada, por ejemplo,
está llena de composiciones en las que el compositor y el cantor populares
expresan su parecer sobre momentos y figuras de lo que llamamos la historia
patria… También nuestra literatura y muchos de nuestros más afamados estudiosos
se han ocupado de Guaicaipuro… En la mayoría de estos aportes descuella como
elemento esencial la heroicidad del Jefe de los indios Teques…
8. Con esta
proposición de llevar a Guaicaipuro al Panteón Nacional lo que se está haciendo
es sincerar sentimientos venezolanistas, diferidos durante mucho tiempo y
contra los cuales nadie podría luchar… Se trata, en definitiva, de que
Guaicaipuro sea consolidado como héroe y, según la lectura popular,
sentimental, emotiva, la mejor manera de hacerlo es llevar el nombre de
Guaicaipuro al templo de los héroes nacionales, al Panteón Nacional…
Fuentes
Para ilustración:
“Guaicaipuro”, escultura de Andrés Pérez Mujica. [Una ilustración está en
“Guaicaipuro”, de Arturo Uslar Pietri, Medio milenio de Venezuela,
Cuadernos Lagoven, Caracas, 1986, p. 265.
Almosny, Jacobo. "Guaicaipuro Cacique de Los Teques". Elite, Año 22, Nº 1115:22, Caracas, 15
feb 1947.
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"Guaicaipuro" [Poema]. En: Primer libro venezolano de literatura,
ciencias y bellas artes. Antología General. 1895, p. 10.
Bolívar Coronado, Rafael. Los
caciques heroicos: Paramaiboa. Guaicaipuro. Yaracuy. Nicaroguan.
Editorial América. Madrid, 1918. 246 p.
Briceño Valero, Américo. Historia
de Guaicaipuro [Publicada?]
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En: Flores
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p. [1ª ed., 1970]
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poema americano. Editorial Impresores Unidos. Caracas, 1938. 8 p.
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(Personajes Ilustres de Venezuela, 3). [Caracas, 1968]. xxix p.
"Guaicaipuro:
un enlace con la historia". Revista
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Hurtado, Rubeángel. Fueros
de Guaicaipuro. (Poemas). Plaquette Nº 22 de la Dirección de Cultura y
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J.A.M., en Cultura Universitaria,
UCV, Nº 63:203-204, set-oct 1957. Caracas]
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11:14, mar 1956. Washington, D.C. [Acompañado con trabajo de A. Reyes, Caciques
de Venezuela. Véase. La Serie de Monedas de Oro representan a: Guaicaipuro,
Terepaima, Mara, Sorocaima, Paramacay, Guaicamacuto, Naiguatá, Murachí,
Arichuna, Chacao y Tamanaco]
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llamado de los pájaros. Al abuelo Guaicaipuro". Trapos y Helechos, Nº
9:5. San Antonio de los Altos (Gulima), 1993.
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nacionalidad y sus símbolos. A propósito de la reciente polémica sobre
Guaicaipuro". Ponentes: Arturo Uslar Pietri y Miguel Acosta Saignes.
Participaron, además: Mariano Picón-Salas, Jesús R. Zambrano y Ramón Losada
Aldana. La reunión se efectuó en la Casa del Escritor, Caracas, el día 4 de
marzo de 1952. Cruz del Sur, Año 1, Nº 2:23-32, abr 1952. Caracas.
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para este Repertorio, tomados de Pedro Grases, Obras, 6:514-532, quien
proporciona la referencia completa para cada uno. Muerte de Guaicaipuro en
1568. Las minas de oro de Guaicaipuro en Petaquire.]
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guerras y cuitas de D. Diego de Losada en la conquista del valle de los caracas.
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Imprenta Nacional. Caracas, 1954. 248 p. [Contenido: "Sentencia de
Guaicaipuro", pp. 177-184. "Panegíricos del heroico fundador don
Diego de Losada, por Manuel Díaz Rodríguez y Ramón de Basterra, Caracas,
11-XII-1924", pp. 233-248].
Oliva
de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista.
Siglo Veintiuno, Editores. 2ª ed. corregida. México, 1976. 284 p. [La 1ª ed.
por ídem. 1974. Destacamos: "Venezuela, 171. Guaicaipuro, 175; El fiero
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Presentación por Andrés Pacheco Miranda, con el texto El centinela de nuestra
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Aristeguieta, en Revista Nacional de Cultura, Nº 115:202-203, mar-abr 1956.
Caracas]
Reyes, Antonio. Caciques aborígenes venezolanos.
Impresores Unidos. Caracas, 1942. 161 p. [Perfiles biográficos de: Amalivaca.
Murachi. Tiuna. Guaicamacuare. Mamacuri. Guaicaipuro. Conopoima. Naiguatá.
Guarauguta. Curicurián. Terepaima. Carapa. Caruao. Paramacay. Manaure. Chacao.
Tamaré. Maraguey. Arichuna. Guaratari. Araguare y Cumaco. Yaracuy. Paisana.
Cayaurima. Pariata. Guaicamacuto. Sorocaima. Tapiaracay. Itaca. Paramaconi.
Prepocunate. Parayauta. Yoraco. Paramaiboa. Tamanaco. Yare. Tarabai (el mestizo
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"Memorias de Guaicaipuro". A Lisandro Otero y Abel Prieto escritores
de la patria de José Martí. Trapos y Helechos, Nº 9:7-9. San
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"La península de los Caracas. Estudio histórico presentado al Instituto de
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representada en sus caciques, Guaicaipuro, Paramaconi, Sorocaima, Tamanaco y
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científico..., 1878, pp. 140-148; Estudios
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Rojas, Marco-Aurelio. Los
heroes y otros motivos. [Poemas]. Tipografía La Nación. Caracas, 1933.
60 p. [Destacamos: Romance de Guaicaipuro. El último cacique]
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de Losada, el fundador de Caracas. Archivo General de la Nación
(Biblioteca Venezolana de Historia. Serie Cuadernos con Monografías, 3).
Caracas, 1966. 16 p. [El Cap. II, dedicado a Guaicaipuro y su trágico final]
Salas, Jasmín. “Tiempo de
Guaicaipuro”. La Región, Año I, Los Teques, 6.12.1993, pp. 18-19.
Sambrano
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programa radial". AVP, Nº 4:50-52, oct 1959. Caracas.
Tosta García, Francisco. Leyendas
de la conquista. Tipografía La Semana. Caracas, 1893. 300 p.
[Destacamos: El Valle del Miedo ("El valle donde se asentó luego la aragüeña
población de El Consejo, y en el cual Guaicaipuro aniquiló la expedición
comandada por Bernáldez y Gutiérrez de la Peña"). A Caracas o al cielo
("La optimista disyuntiva... en que puso Diego de Losada a sus soldados en
el combate contra Guaicaipuro"). La espuela de Garci-González ("El típico
aditamento que el conquistador hispano utilizó como eficaz arma de mano en una
de sus luchas con los aborígenes")]
Vargas, Francisco
Alejandro. Guaicaipuro, el cacique de los teques. Tipografía Garrido.
Caracas, 1946. 174 p. 1 plano. [Incluye: Himno a Guaicaipuro, por Juan España]
Veloz-Duin, Leopoldo. "La
historia y sus interrogantes". Boletín del Centro de Historia Larense,
Año I del Nuevo Período, Nº XLVII:23-26, jul-set 1967. Barquisimeto. [Relatos
sobre el momento del contacto en Venezuela. Ataques de Guaicaipuro. Fundación
de Mérida. Primer Mapamundi. El Dorado...]
Yépes, José Ramón.
"Guaicaipuro, canto indiano". En: Flores de Pascua... 1851.
pp. 33-37.
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Entrevista y reportaje
SIETE DIAS La historia como
caja de resonancia ideológica El indio
Guaicaipuro se incorpora a las nuevas crónicas bolivarianas. El próximo 9 de agosto, la diputada Noelí
Pocaterra presentará a sus colegas la solicitud de llevar una reliquia de Guaicaipuro al Panteón Nacional. Se
trata, en palabras de la parlamentaria, de dar cumplimiento a un doble
propósito: la exaltación de un cacique que defendió el suelo patrio de la
invasión extranjera y el cumplimiento de un mandato de la etnia wayuu, que
obliga a enterrar los restos de los antepasados en un lugar sagrado. A partir
de este hecho, se plantea una reinterpretación de la historia venezolana a
tenor con las reivindicaciones dispuestas en la Constitución de 1999. Alfredo
Meza, El Nacional, Caracas, Domingo, 22 de julio de 2001.
El
propósito anunciado por el presidente Chávez de llevar al Panteón Nacional una
reliquia simbólica del cacique
Guaicaipuro, responde a un viejo compromiso con la comunidad indígena,
adquirido en medio del fragor de la campaña electoral. Pero también representa,
de acuerdo con algunos historiadores, el inicio de la reescritura de la
historia oficial, siguiendo pautas de reivindicaciones consagradas en la
Constitución de 1999.
Cuando
apenas subía en las encuestas, marzo de 1998, el entonces candidato Hugo Chávez
asistió a una sesión del Consejo Nacional Indio de Venezuela (Conive), que se
celebraba en el hotel El Conde. Producto de ese encuentro, se firmó un acta en
la que el aspirante a la Presidencia se comprometió a saldar, de llegar al
Palacio de Miraflores, lo que llamó "una deuda histórica con el más de
medio millón de indígenas agrupados en las 28 etnias del país". "Este es un compromiso –continúa el
escrito– que adquiero fundamentándome en
la memoria de los padres libertadores, que tuvieron en Simón Bolívar y Antonio
José de Sucre a sus más significativos conductores".
Otro
episodio quedará registrado como un antecedente previo al traslado de la
reliquia del cacique Guaicaipuro al
Panteón Nacional. En agosto de 1992, Chávez y sus compañeros de armas del
MBR-200 –presos en el penal de Yare a raíz de la fracasada intentona militar
del 4 de febrero de 1992– firmaron una carta en la que quedó asentado lo
siguiente: "Atendiendo al llamado de
la patria y de la tierra de origen, interpretado en su tiempo por la
resistencia de Guaicaipuro y demás
caciques heroicos; inspirados en el ideario independentista del Libertador
Simón Bolívar; apoyados en el sueño indoblegable del educador del Libertador,
Simón Rodríguez, y en el clamor de justicia del general Ezequiel Zamora, quien
reclamó patria para los indios al calor de la Guerra Federal; y ante la
situación de injusticia vivida por las etnias del país, marcado al rojo vivo
por 500 años de opresión y dominación colonial, planteamos la necesidad de
convocar al país, y a la comunidad internacional que todavía tiene sangre en
las venas, a la solidaridad activa con los primeros venezolanos y americanos,
en defensa de su territorio legítimo e inalienable, sus idiomas y culturas,
dentro de su visión cosmogónica...".
La historia según el sentimiento
Ambos
papeles han sido refrendados con la decisión que hoy celebra la diputada
indígena Noelí Pocaterra: "Pedimos
que Guaicaipuro ingrese al Panteón
Nacional porque defendió al suelo patrio de la invasión extranjera. El fue el
jefe, el guerrero, el conductor de un proceso". También habría que
mencionar que en el extinto Congreso de la República se consideró una
iniciativa similar. La propuesta fue asentada en la Gaceta Oficial número
35.265, del 2 de agosto de 1993. Pero todo quedó en la transitoriedad del
gobierno de Ramón J. Velásquez.
Pero,
¿qué piensan los historiadores y antropólogos? "Esto es un nombramiento absolutamente político, que sólo será apreciado
por quienes están en contacto con los indígenas: sociólogos, antropólogos y
estudiosos del tema", opina el historiador Guillermo Morón. Para el
antropólogo Rafael Strauss, la discusión no debe centrarse en rechazar o no el
ascenso de Guaicaipuro al Panteón
Nacional. "Aun cuando este tipo de
acciones puede estar signada, en última instancia, por contenidos de tipo
político, hay que tomar en cuenta que en la Venezuela de estos momentos está
cobrando fuerza la idea de la participación. Se han abierto puertas, ventanas y
postigos a través de los cuales sectores de la sociedad venezolana,
tradicionalmente marginados, han encontrado posibilidades, que lucen reales, de
hacerse escuchar con más resonancia".
Este
último argumento encuentra asidero en un aparte de la Constitución bolivariana,
que obliga al Estado a reconocer la existencia de los pueblos indígenas y sus
derechos sobre las tierras que tradicionalmente ocuparon. En los manuales, los
indios permanecen a la sombra de la gesta libertadora, porque la historia de
Venezuela está escrita a partir de la condena a España, y las letras de oro,
los grandes títulos, se centran en quienes lucharon en la guerra de
independencia. El hecho de que uno de los más conspicuos representantes de la
resistencia indígena contra la dominación española sea elevado a la categoría
de héroe por el Gobierno, plantea una nueva forma de encarar la realidad: la
nueva historia no se escribirá sólo de conformidad con las elaboraciones
historiográficas, sino también en función del sentimiento nacional.
En todo
caso, hay una lectura propia que hace el venezolano sobre su historia,
expresada en los cultos mágicos-religiosos.
Guaicaipuro, junto con María Lionza y el Negro Felipe, integra lo que los
espiritistas llaman la Corte India. "La
literatura popular cantada, por ejemplo, está llena de composiciones en las que
se expresan pareceres sobre momentos y figuras de la historia patria. En los
aportes de nuestros más afamados estudiosos descuella, como elemento esencial,
la heroicidad del también conocido como jefe de los indios teques",
agrega Rafael Strauss. Pero la promesa de vindicación histórica que se esconde
tras el anuncio del Gobierno no resuelve el problema de la ancestral
incomprensión de las etnias indígenas. "El aborigen ingresó a la historia como una víctima. El hecho de que Guaicaipuro ingrese al Panteón
Nacional no significa una revalorización del indio. Es un culto vacío al héroe",
sostiene la historiadora Inés Quintero.
Apropiación popular
Bajo la
óptica de la pretendida igualdad racial venezolana, cabría preguntarse por qué,
si Guaicaipuro forma parte de los
altares mágico-religiosos, no podría ingresar al altar de la patria. "Guaicaipuro
es para Venezuela lo que Arturo Uslar Pietri denominó una emoción nacional, que
ha sido canalizada no sólo en relatos, estatuas y estudios universitarios, sino
también como manifestación espontánea de una religiosidad popular. Es decir,
que ha habido una suerte de apropiación popular. Con esta proposición de
llevarlo al Panteón Nacional se están sincerando sentimientos venezolanistas,
diferidos durante mucho tiempo y contra los cuales nadie puede luchar. Se
trata, en definitiva, de que Guaicaipuro
sea consolidado como héroe y, según la lectura popular, la mejor manera de
hacerlo es llevando sus restos al templo de los héroes nacionales",
afirma Strauss.
Toda la
situación generada alrededor del anuncio del Presidente plantea un asunto que
ya fue ventilado en 1999, en ocasión de la repatriación de los restos de
Antonio Guzmán Blanco. ¿Hasta dónde se ha transgredido el concepto original del
Panteón Nacional? En el artículo 2 del decreto que convirtió a la iglesia de la
Santísima Trinidad en mausoleo principal de Venezuela, el propio Guzmán Blanco
refrenda que "serán conservados en
el Panteón Nacional los restos de los próceres de la independencia, y de los
hombres eminentes que designe la Cámara del Senado, a propuesta del presidente
de la República". Es decir, que el propio Guzmán se autoexcluyó, pero
la historiografía chavista se encargó de enmendar esa fingida modestia.
Dentro
de la definición de "hombres eminentes" calificaron personajes
cercanos al mandatario de turno, que ostentaban como principal mérito la
amistad, de manera que lo que podría llamarse la misión del Panteón fue
trastocada incluso desde su propia fundación. "Con el pretexto de 'ciudadanos ilustres', aquí se coleó mucha gente que
no tenía mérito", comenta Jesús Figuera, director del Panteón
Nacional.
Entre
los personajes que no participaron en la guerra de la independencia se
encuentran, por ejemplo, el albañil que construyó el Panteón Nacional, Juan
Domingo de Sacramento Infante, quien reposa justo a los pies del sarcófago que
contiene los restos de Simón Bolívar. La poca familiaridad de ese nombre con la
historiografía venezolana se repite a lo largo de un recorrido por las
inscripciones que destacan en el piso del recinto histórico. Uno de los
ilustres desconocidos enterrados por petición de Joaquín Crespo se llama José
de Jesús González, y el mérito que le atribuyen algunos historiadores es su participación
en la guerra federal. La conseja sugiere que debía su apodo –lo llamaban el
Agachao– al hecho de que, cuando mandaba sus tropas al frente, siempre decía:
"¡Agachao, agachao!". Una frase que nunca pronunció Guaicaipuro, según escribieron los cronistas
de su época. Y mucho menos Guzmán.
Lo que
tal vez resulte inevitable serán las comparaciones que haga la opinión pública.
Sólo es ahora cuando se honra el compromiso que Chávez suscribió con los
indígenas. ¿Populismo? "Yo no creo.
El Presidente es el actual protector de los indígenas. A nuestros antepasados
los violaron, los mataron, y la historia recoge esos testimonios en sus
documentos. ¿Tú no crees que ya es tiempo de hacer justicia?", se
pregunta Noelí Pocaterra. Pero Inés Quintero toma distancia: "Lo que pasa
es que la historia no se construye sobre la victimización".
Lancero de los cerros
Como si
el Panteón Nacional no fuera lo bastante pavoso por el solo hecho de ser
panteón (el nuestro ni siquiera gracia tiene: reúne la grandilocuencia pepaemadre
de Guzmán, la ridiculez cuatrifoglia de Pérez Jiménez y el rascabolismo de
Leoni), quieren meter allí, a como dé lugar, al indio Guaicaipuro, cacique heroico, mito, leyenda, por supuesto sin
restos que trasladar a menos que encuentren algunos en San José de los Altos, y
los reconozca Luis Miquilena.
Las
alternativas que se manejan es llevar tierra mirandina en una cajita, hacer una
especie de monumento funerario o colocar una plaquita, o placota. Lo importante
no es lo que se haga, lo que se ponga o lo que se venere, sino el honor de
haberlo hecho. "Este es un
compromiso que adquiero fundamentándome en la memoria de los padres
libertadores, que tuvieron en Simón Bolívar y Antonio José de Sucre a sus más
significativos conductores", dijo Hugo Chávez el 20 de marzo de 1998,
al proclamar su deuda histórica con más de medio millón de indígenas agrupados
en las 28 etnias del país. Qué no irá a decir en el Panteón con motivo de
¿entronizar? al "lancero de los cerros", como llamó a Guaicaipuro, en momentos de lamentable
inspiración, Cristóbal Rojas, porque, según él, en lengua caribe, guaica es
lanza e ipur cerro.
No es
sólo por gusto a la irreverencia que nos parece risible el empeño en llevar a
una de las zonas más peligrosas del área metropolitana la memoria (si no la
asaltan en el camino) del gran guerrero indígena. Es por la sospecha, por no
decir certidumbre, expresada por gente muy respetable, de que en nuestro
Panteón Nacional han metido, más de una vez, gato por liebre: los mismísimos
restos del Libertador fueron cuestionados por José Izquierdo, eminente médico,
profesor de anatomía, quien denunció públicamente el contrabando.
Pero, de
todos modos, lleven la tierrita de San José de los Altos (o de Cúpira, donde
también solía acampar el lancero), o coloquen la plaquita: al menos servirá
para que el Presidente goce una y parte de otra, si es que no le toca
depresión, como en estos días. Pedro
Llorens
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