jueves, 5 de enero de 2017

Guaicaipuro©, por Rafael Antonio Strauss K.

Guaicaipuro©, por Rafael A. Strauss K. Apuntaciones y bibliografía para la entrevista que Alfredo Meza me realizara en la Fuente de Soda Clínica Razetti, Caracas, el miércoles 18.7.2001 sobre Guaicaipuro en el Panteón Nacional y que publicó en El Nacional, Caracas, el domingo, 22.7.2001. Transcribo, además, la entrevista y un trabajo de P. Llorens, de igual fecha.
Mi estimado Alfredo Meza. Al final de los siguientes 8 puntos te anexo algunas fuentes con las que podrías complementar tu trabajo sobre Guaicaipuro, que tomo de mi trabajo en proceso Venezuela en sus fuentes etnohistóricas. Como el tema no deja de ser interesante, me parece importante que las suministres al lector. Prof. Rafael A. Strauss K., 18.7.2001.
1. No hay que plantearse este asunto dentro del marco bipolar de estar o no de acuerdo conque Guaicaipuro entre al Panteón Nacional. Porque aun cuando este tipo de acciones puede estar signado, en última instancia, por contenidos de tipo político, hay que tomar en cuenta que en la Venezuela de estos momentos está cobrando fuerza la idea de la participación… Se han abierto puertas, ventanas y postigos a través de los cuales sectores de la sociedad venezolana, tradicionalmente marginados, han encontrado posibilidades, que lucen reales, de hacerse escuchar con más resonancia…
2. En el caso concreto de las sociedades indígenas que habitan en nuestro territorio parece evidente que luego de que la nueva Constitución les reconoce derechos, se tenga asimismo la necesidad de que se les reconozca en el altar donde la patria rinde culto a los héroes… De tal manera que se propugna que Guaicaipuro, cacique histórico en el que se reconoce a un héroe particular, comparta espacio en la topografía histórica de la heroicidad y se revivan viejas aspiraciones de indígenas e indigenistas de Venezuela de que Guaicaipuro sea reconocido como uno de los héroes que sustentan nuestra nacionalidad… Y nada mejor que colocar su nombre al lado del nombre de quienes la historiografía y un sentimiento de venezolanidad reconoce que nos dieron el ser nacional…
3. ¿Qué llevar de Guaicaipuro al Panteón Nacional? A los panteones suelen llevarse restos óseos. Esto es lo normal, como quien dice… En este caso del héroe indígena, sin embargo, no importa si no se tiene el testimonio óseo como restos del héroe; lo que importa es el reconocimiento que un sentimiento especial hace de Guaicaipuro como héroe, lo que se traduce en que basta conque el nombre de Guaicaipuro entre al Panteón de los Héroes de la Patria…
4. Pero no sólo es el nombre lo que de Guaicaipuro se llevaría al Panteón Nacional. Es, además, la imagen del guerrero que con todas sus fuerzas combatió al invasor… Porque Guaicaipuro representa una buena parte de la historia venezolana que ha sido, en esencia, diferida… Representa la historia del vencido… Y es probable que represente la historia de una Venezuela que ha sido y está siendo vencida por el facilismo que ha proporcionado la mala administración del petróleo… Guaicaipuro, además, es para Venezuela lo que Uslar Pietri denominó una emoción nacional… Esta emoción luce para el venezolano como una suerte de tesoro, yo diría que un tesoro oculto, como están ocultas tantas emociones y tesoros que siempre están siendo diferidos, entre otras razones, porque nos cuesta reconocernos como pueblo creador y creativo…
5. Es por ello que resulta válido preguntarse: por qué si Guaicaipuro forma parte de los altares populares no puede formar parte del altar de la patria… La pregunta es válida si entendemos a Guaicaipuro como emoción que ha sido canalizada no sólo en estatuas, relatos y estudios universitarios y de cronistas, sino también como manifestación espontánea de una religiosidad popular… Es decir, que ha habido una suerte de apropiación de Guaicaipuro por parte de lo que podríamos llamar un sentimiento nacional.
6. En este aspecto, sin embargo, hay algunos puntos acerca de los cuales es bueno referirse. ¿No es contradictorio que el nombre de Guaicaipuro conviva plácidamente al lado del nombre y los restos de los descendientes de quienes lo hostigaron? ¿de quienes queman su bohío, que es como decir, de quienes queman el pasado indígena de lo que sería Venezuela? En este punto el asunto puede volverse más polémico. De hecho, en 1952 Uslar Pietri y Miguel Acosta Saignes sostuvieron en las páginas de El Nacional una interesante polémica sobre el significado de Guaicaipuro. Esta polémica fue desempolvada recientemente por el Licenciado en Historia Emeric Fernández en una tesis de la que tuve el honor de ser tutor. Uslar Pietri, entre otras cosas, llamaba la atención acerca de que lo que llamamos Venezuela comenzó a formarse en el siglo XVI y en una frase que no deja de ser fuerte afirmaba algo así como que para que existiera Venezuela era necesaria la muerte de Guaicaipuro, hecho que había dado paso a lo que somos hoy. Acosta Saignes, por su parte, argumentaba que esta concepción de la historia es una forma de justificar cualquier tipo de dominación, cualquier violencia sangrienta de una cultura fuerte sobre una débil.
La polémica, en todo caso, sirvió para medir, en efecto, dos concepciones de la historia en torno a la conquista de América…, asunto sobre el que parece difícil ponerse de acuerdo… Lo que sí parece que no es difícil percibir en estas intenciones de llevar a Guaicaipuro al Panteón Nacional, es que sobre las deudas que podamos tener con muchos acontecimientos de nuestra historia y con muchos de sus personajes, lo que parece predominar es lo que de manera magistral apuntaba Miguel Acosta Saignes: que Guaicaipuro produce lo que llama un sentimiento de la tierra; un sentimiento en el que predomina el instinto sobre la razón…
7. Porque es indudable que el venezolano ha hecho su propia lectura de nuestra historia…, particularmente de aquellos acontecimientos y personajes que le atraen para quererlos, odiarlos o ignorarlos… La literatura popular cantada, por ejemplo, está llena de composiciones en las que el compositor y el cantor populares expresan su parecer sobre momentos y figuras de lo que llamamos la historia patria… También nuestra literatura y muchos de nuestros más afamados estudiosos se han ocupado de Guaicaipuro… En la mayoría de estos aportes descuella como elemento esencial la heroicidad del Jefe de los indios Teques…
8. Con esta proposición de llevar a Guaicaipuro al Panteón Nacional lo que se está haciendo es sincerar sentimientos venezolanistas, diferidos durante mucho tiempo y contra los cuales nadie podría luchar… Se trata, en definitiva, de que Guaicaipuro sea consolidado como héroe y, según la lectura popular, sentimental, emotiva, la mejor manera de hacerlo es llevar el nombre de Guaicaipuro al templo de los héroes nacionales, al Panteón Nacional…
Fuentes
Para ilustración: “Guaicaipuro”, escultura de Andrés Pérez Mujica. [Una ilustración está en “Guaicaipuro”, de Arturo Uslar Pietri, Medio milenio de Venezuela, Cuadernos Lagoven, Caracas, 1986, p. 265.
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Bolívar Coronado, Rafael. Los caciques heroicos: Paramaiboa. Guaicaipuro. Yaracuy. Nicaroguan. Editorial América. Madrid, 1918. 246 p.

Briceño Valero, Américo. Historia de Guaicaipuro [Publicada?]
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Castillo Lara, Lucas G. Una tierra llamada Guaicaipuro. 2ª ed. Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, 4 (Serie Roja, Colección Cecilio Acosta, 1). Los Teques, 1980. 249 p. [1ª ed., 1970]

Esteves, Juan Ignacio. Guaicaipuro, poema americano. Editorial Impresores Unidos. Caracas, 1938. 8 p.

Febres Cordero G., Julio. Guaicaipuro; el caudillo legendario. Ediciones Edime (Personajes Ilustres de Venezuela, 3). [Caracas, 1968]. xxix p.

"Guaicaipuro: un enlace con la historia". Revista Retazos. [Alcaldía Municipio Carrizal/s.m.d.], p. 12.

Hurtado, Rubeángel. Fueros de Guaicaipuro. (Poemas). Plaquette Nº 22 de la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación. Caracas, 1957. [Véase reseña por J.A.M., en Cultura Universitaria, UCV, Nº 63:203-204, set-oct 1957. Caracas]
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Izquierdo, Carlos. "El llamado de los pájaros. Al abuelo Guaicaipuro". Trapos y Helechos, Nº 9:5. San Antonio de los Altos (Gulima), 1993.

"La nacionalidad y sus símbolos. A propósito de la reciente polémica sobre Guaicaipuro". Ponentes: Arturo Uslar Pietri y Miguel Acosta Saignes. Participaron, además: Mariano Picón-Salas, Jesús R. Zambrano y Ramón Losada Aldana. La reunión se efectuó en la Casa del Escritor, Caracas, el día 4 de marzo de 1952. Cruz del Sur, Año 1, Nº 2:23-32, abr 1952. Caracas.

Landaeta Rosales, Manuel. Estudios históricos publicados en periódicos, y de interés para este Repertorio, tomados de Pedro Grases, Obras, 6:514-532, quien proporciona la referencia completa para cada uno. Muerte de Guaicaipuro en 1568. Las minas de oro de Guaicaipuro en Petaquire.]

Malpica, Tulio. "Canto a Guaicaipuro". En su Zarzas y Mirtos. Rimas. Tipografía París en América. Valencia, 1950.

Martínez Centeno, Roberto. La pedagogía de Guaicaipuro. Litografía y Tipografía Vargas. Caracas, 1939. 15 p.

Mauro, pseud. El Samán de Güere y los caciques Guaicaipuro y Maracayo [Leyenda histórica]. Tipografía Maracay Gráfico. Maracay, 1930. 15 p.

Millán, Blas [seud. de Manuel Guillermo Díaz]. Diálogos de las guerras y cuitas de D. Diego de Losada en la conquista del valle de los caracas. Prólogo, Arturo Uslar Pietri. Ediciones Línea Aeropostal Venezolana, 13. Imprenta Nacional. Caracas, 1954. 248 p. [Contenido: "Sentencia de Guaicaipuro", pp. 177-184. "Panegíricos del heroico fundador don Diego de Losada, por Manuel Díaz Rodríguez y Ramón de Basterra, Caracas, 11-XII-1924", pp. 233-248].

Oliva de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista. Siglo Veintiuno, Editores. 2ª ed. corregida. México, 1976. 284 p. [La 1ª ed. por ídem. 1974. Destacamos: "Venezuela, 171. Guaicaipuro, 175; El fiero Yaracuy, 179."]

Parejo, Antonio. Guaicaipuro; novela histórica, episodio de la guerra de la conquista 1559 a 1573. Alfred Rothe. Caracas, 1886. 206 p.
Perfiles, Manuel. "Guaicaipuro. (De "El Farol")". Elite, Año XVII, Nº 856:39, Caracas, 28.2.1942, Grandes Caciques Aborígenes.
Quintero Quintero, J. Guaicaipuro. El centinela de nuestra esperanza... Presentación por Andrés Pacheco Miranda, con el texto El centinela de nuestra esperanza. Editorial Sucre. Caracas, [1955]. 125 p. [Véase reseña por Jean Aristeguieta, en Revista Nacional de Cultura, Nº 115:202-203, mar-abr 1956. Caracas]
Reyes, Antonio. Caciques aborígenes venezolanos. Impresores Unidos. Caracas, 1942. 161 p. [Perfiles biográficos de: Amalivaca. Murachi. Tiuna. Guaicamacuare. Mamacuri. Guaicaipuro. Conopoima. Naiguatá. Guarauguta. Curicurián. Terepaima. Carapa. Caruao. Paramacay. Manaure. Chacao. Tamaré. Maraguey. Arichuna. Guaratari. Araguare y Cumaco. Yaracuy. Paisana. Cayaurima. Pariata. Guaicamacuto. Sorocaima. Tapiaracay. Itaca. Paramaconi. Prepocunate. Parayauta. Yoraco. Paramaiboa. Tamanaco. Yare. Tarabai (el mestizo caribe)].
Rial y Vázquez, José. "Guaicaipuro, el hombre de la tierra". Conferencia en el Liceo Miranda, de Los Teques. Tierra Firme, Año II, Nº 22:10, ene-feb 1954. Caracas.

Rivas-Rivas, Saúl. "Muerte de Guaicaipuro en Suruapo o Suruapay". Trapos y Helechos, Nº 8:4-5, mar 1992. San Antonio de los Altos (Gulima).

Rivero, Emilcen. "Memorias de Guaicaipuro". A Lisandro Otero y Abel Prieto escritores de la patria de José Martí. Trapos y Helechos, Nº 9:7-9. San Antonio de los Altos (Gulima), 1993.

Rodríguez, Galvarino. "Loor a Guaicaipuro. Los Teques celebra nuevo aniversario". Líneas, Nº 270:3-7, oct 1979. Caracas.

Rojas, Arístides. "La península de los Caracas. Estudio histórico presentado al Instituto de Ciencias Sociales en el certamen del 28 de octubre de 1877. Premiado. I". La Opinión Nacional, Caracas, 12-16.11.1877. [Síntesis de su historia, representada en sus caciques, Guaicaipuro, Paramaconi, Sorocaima, Tamanaco y Guaricurian]. También: Certamen nacional científico..., 1878, pp. 140-148; Estudios indígenas, 1878, pp. 33-65 y 1941, pp. 40-74]

Rojas, Marco-Aurelio. Los heroes y otros motivos. [Poemas]. Tipografía La Nación. Caracas, 1933. 60 p. [Destacamos: Romance de Guaicaipuro. El último cacique]

Salas José Segundo. Diego de Losada, el fundador de Caracas. Archivo General de la Nación (Biblioteca Venezolana de Historia. Serie Cuadernos con Monografías, 3). Caracas, 1966. 16 p. [El Cap. II, dedicado a Guaicaipuro y su trágico final]

Salas, Jasmín. “Tiempo de Guaicaipuro”. La Región, Año I, Los Teques, 6.12.1993, pp. 18-19.

Sambrano Urdaneta, Oscar. "La heroica muerte de Guaicaipuro. Episodio de un programa radial". AVP, Nº 4:50-52, oct 1959. Caracas.
Tosta García, Francisco. Leyendas de la conquista. Tipografía La Semana. Caracas, 1893. 300 p. [Destacamos: El Valle del Miedo ("El valle donde se asentó luego la aragüeña población de El Consejo, y en el cual Guaicaipuro aniquiló la expedición comandada por Bernáldez y Gutiérrez de la Peña"). A Caracas o al cielo ("La optimista disyuntiva... en que puso Diego de Losada a sus soldados en el combate contra Guaicaipuro"). La espuela de Garci-González ("El típico aditamento que el conquistador hispano utilizó como eficaz arma de mano en una de sus luchas con los aborígenes")]

Vargas, Francisco Alejandro. Guaicaipuro, el cacique de los teques. Tipografía Garrido. Caracas, 1946. 174 p. 1 plano. [Incluye: Himno a Guaicaipuro, por Juan España]

Veloz-Duin, Leopoldo. "La historia y sus interrogantes". Boletín del Centro de Historia Larense, Año I del Nuevo Período, Nº XLVII:23-26, jul-set 1967. Barquisimeto. [Relatos sobre el momento del contacto en Venezuela. Ataques de Guaicaipuro. Fundación de Mérida. Primer Mapamundi. El Dorado...]

Yépes, José Ramón. "Guaicaipuro, canto indiano". En: Flores de Pascua... 1851. pp. 33-37.

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Entrevista y reportaje

SIETE DIAS La historia como caja de resonancia ideológica El indio Guaicaipuro se incorpora a las nuevas crónicas bolivarianas.  El próximo 9 de agosto, la diputada Noelí Pocaterra presentará a sus colegas la solicitud de llevar una reliquia de Guaicaipuro al Panteón Nacional. Se trata, en palabras de la parlamentaria, de dar cumplimiento a un doble propósito: la exaltación de un cacique que defendió el suelo patrio de la invasión extranjera y el cumplimiento de un mandato de la etnia wayuu, que obliga a enterrar los restos de los antepasados en un lugar sagrado. A partir de este hecho, se plantea una reinterpretación de la historia venezolana a tenor con las reivindicaciones dispuestas en la Constitución de 1999. Alfredo Meza, El Nacional, Caracas, Domingo, 22 de julio de 2001.

El propósito anunciado por el presidente Chávez de llevar al Panteón Nacional una reliquia simbólica del cacique Guaicaipuro, responde a un viejo compromiso con la comunidad indígena, adquirido en medio del fragor de la campaña electoral. Pero también representa, de acuerdo con algunos historiadores, el inicio de la reescritura de la historia oficial, siguiendo pautas de reivindicaciones consagradas en la Constitución de 1999.

Cuando apenas subía en las encuestas, marzo de 1998, el entonces candidato Hugo Chávez asistió a una sesión del Consejo Nacional Indio de Venezuela (Conive), que se celebraba en el hotel El Conde. Producto de ese encuentro, se firmó un acta en la que el aspirante a la Presidencia se comprometió a saldar, de llegar al Palacio de Miraflores, lo que llamó "una deuda histórica con el más de medio millón de indígenas agrupados en las 28 etnias del país". "Este es un compromiso –continúa el escrito– que adquiero fundamentándome en la memoria de los padres libertadores, que tuvieron en Simón Bolívar y Antonio José de Sucre a sus más significativos conductores".

Otro episodio quedará registrado como un antecedente previo al traslado de la reliquia del cacique Guaicaipuro al Panteón Nacional. En agosto de 1992, Chávez y sus compañeros de armas del MBR-200 –presos en el penal de Yare a raíz de la fracasada intentona militar del 4 de febrero de 1992– firmaron una carta en la que quedó asentado lo siguiente: "Atendiendo al llamado de la patria y de la tierra de origen, interpretado en su tiempo por la resistencia de Guaicaipuro y demás caciques heroicos; inspirados en el ideario independentista del Libertador Simón Bolívar; apoyados en el sueño indoblegable del educador del Libertador, Simón Rodríguez, y en el clamor de justicia del general Ezequiel Zamora, quien reclamó patria para los indios al calor de la Guerra Federal; y ante la situación de injusticia vivida por las etnias del país, marcado al rojo vivo por 500 años de opresión y dominación colonial, planteamos la necesidad de convocar al país, y a la comunidad internacional que todavía tiene sangre en las venas, a la solidaridad activa con los primeros venezolanos y americanos, en defensa de su territorio legítimo e inalienable, sus idiomas y culturas, dentro de su visión cosmogónica...".

La historia según el sentimiento

Ambos papeles han sido refrendados con la decisión que hoy celebra la diputada indígena Noelí Pocaterra: "Pedimos que Guaicaipuro ingrese al Panteón Nacional porque defendió al suelo patrio de la invasión extranjera. El fue el jefe, el guerrero, el conductor de un proceso". También habría que mencionar que en el extinto Congreso de la República se consideró una iniciativa similar. La propuesta fue asentada en la Gaceta Oficial número 35.265, del 2 de agosto de 1993. Pero todo quedó en la transitoriedad del gobierno de Ramón J. Velásquez.

Pero, ¿qué piensan los historiadores y antropólogos? "Esto es un nombramiento absolutamente político, que sólo será apreciado por quienes están en contacto con los indígenas: sociólogos, antropólogos y estudiosos del tema", opina el historiador Guillermo Morón. Para el antropólogo Rafael Strauss, la discusión no debe centrarse en rechazar o no el ascenso de Guaicaipuro al Panteón Nacional. "Aun cuando este tipo de acciones puede estar signada, en última instancia, por contenidos de tipo político, hay que tomar en cuenta que en la Venezuela de estos momentos está cobrando fuerza la idea de la participación. Se han abierto puertas, ventanas y postigos a través de los cuales sectores de la sociedad venezolana, tradicionalmente marginados, han encontrado posibilidades, que lucen reales, de hacerse escuchar con más resonancia".

Este último argumento encuentra asidero en un aparte de la Constitución bolivariana, que obliga al Estado a reconocer la existencia de los pueblos indígenas y sus derechos sobre las tierras que tradicionalmente ocuparon. En los manuales, los indios permanecen a la sombra de la gesta libertadora, porque la historia de Venezuela está escrita a partir de la condena a España, y las letras de oro, los grandes títulos, se centran en quienes lucharon en la guerra de independencia. El hecho de que uno de los más conspicuos representantes de la resistencia indígena contra la dominación española sea elevado a la categoría de héroe por el Gobierno, plantea una nueva forma de encarar la realidad: la nueva historia no se escribirá sólo de conformidad con las elaboraciones historiográficas, sino también en función del sentimiento nacional.

En todo caso, hay una lectura propia que hace el venezolano sobre su historia, expresada en los cultos mágicos-religiosos. Guaicaipuro, junto con María Lionza y el Negro Felipe, integra lo que los espiritistas llaman la Corte India. "La literatura popular cantada, por ejemplo, está llena de composiciones en las que se expresan pareceres sobre momentos y figuras de la historia patria. En los aportes de nuestros más afamados estudiosos descuella, como elemento esencial, la heroicidad del también conocido como jefe de los indios teques", agrega Rafael Strauss. Pero la promesa de vindicación histórica que se esconde tras el anuncio del Gobierno no resuelve el problema de la ancestral incomprensión de las etnias indígenas. "El aborigen ingresó a la historia como una víctima. El hecho de que Guaicaipuro ingrese al Panteón Nacional no significa una revalorización del indio. Es un culto vacío al héroe", sostiene la historiadora Inés Quintero.

Apropiación popular

Bajo la óptica de la pretendida igualdad racial venezolana, cabría preguntarse por qué, si Guaicaipuro forma parte de los altares mágico-religiosos, no podría ingresar al altar de la patria. "Guaicaipuro es para Venezuela lo que Arturo Uslar Pietri denominó una emoción nacional, que ha sido canalizada no sólo en relatos, estatuas y estudios universitarios, sino también como manifestación espontánea de una religiosidad popular. Es decir, que ha habido una suerte de apropiación popular. Con esta proposición de llevarlo al Panteón Nacional se están sincerando sentimientos venezolanistas, diferidos durante mucho tiempo y contra los cuales nadie puede luchar. Se trata, en definitiva, de que Guaicaipuro sea consolidado como héroe y, según la lectura popular, la mejor manera de hacerlo es llevando sus restos al templo de los héroes nacionales", afirma Strauss.

Toda la situación generada alrededor del anuncio del Presidente plantea un asunto que ya fue ventilado en 1999, en ocasión de la repatriación de los restos de Antonio Guzmán Blanco. ¿Hasta dónde se ha transgredido el concepto original del Panteón Nacional? En el artículo 2 del decreto que convirtió a la iglesia de la Santísima Trinidad en mausoleo principal de Venezuela, el propio Guzmán Blanco refrenda que "serán conservados en el Panteón Nacional los restos de los próceres de la independencia, y de los hombres eminentes que designe la Cámara del Senado, a propuesta del presidente de la República". Es decir, que el propio Guzmán se autoexcluyó, pero la historiografía chavista se encargó de enmendar esa fingida modestia.

Dentro de la definición de "hombres eminentes" calificaron personajes cercanos al mandatario de turno, que ostentaban como principal mérito la amistad, de manera que lo que podría llamarse la misión del Panteón fue trastocada incluso desde su propia fundación. "Con el pretexto de 'ciudadanos ilustres', aquí se coleó mucha gente que no tenía mérito", comenta Jesús Figuera, director del Panteón Nacional.

Entre los personajes que no participaron en la guerra de la independencia se encuentran, por ejemplo, el albañil que construyó el Panteón Nacional, Juan Domingo de Sacramento Infante, quien reposa justo a los pies del sarcófago que contiene los restos de Simón Bolívar. La poca familiaridad de ese nombre con la historiografía venezolana se repite a lo largo de un recorrido por las inscripciones que destacan en el piso del recinto histórico. Uno de los ilustres desconocidos enterrados por petición de Joaquín Crespo se llama José de Jesús González, y el mérito que le atribuyen algunos historiadores es su participación en la guerra federal. La conseja sugiere que debía su apodo –lo llamaban el Agachao– al hecho de que, cuando mandaba sus tropas al frente, siempre decía: "¡Agachao, agachao!". Una frase que nunca pronunció Guaicaipuro, según escribieron los cronistas de su época. Y mucho menos Guzmán.

Lo que tal vez resulte inevitable serán las comparaciones que haga la opinión pública. Sólo es ahora cuando se honra el compromiso que Chávez suscribió con los indígenas. ¿Populismo? "Yo no creo. El Presidente es el actual protector de los indígenas. A nuestros antepasados los violaron, los mataron, y la historia recoge esos testimonios en sus documentos. ¿Tú no crees que ya es tiempo de hacer justicia?", se pregunta Noelí Pocaterra. Pero Inés Quintero toma distancia: "Lo que pasa es que la historia no se construye sobre la victimización".

Lancero de los cerros

Como si el Panteón Nacional no fuera lo bastante pavoso por el solo hecho de ser panteón (el nuestro ni siquiera gracia tiene: reúne la grandilocuencia pepaemadre de Guzmán, la ridiculez cuatrifoglia de Pérez Jiménez y el rascabolismo de Leoni), quieren meter allí, a como dé lugar, al indio Guaicaipuro, cacique heroico, mito, leyenda, por supuesto sin restos que trasladar a menos que encuentren algunos en San José de los Altos, y los reconozca Luis Miquilena.

Las alternativas que se manejan es llevar tierra mirandina en una cajita, hacer una especie de monumento funerario o colocar una plaquita, o placota. Lo importante no es lo que se haga, lo que se ponga o lo que se venere, sino el honor de haberlo hecho. "Este es un compromiso que adquiero fundamentándome en la memoria de los padres libertadores, que tuvieron en Simón Bolívar y Antonio José de Sucre a sus más significativos conductores", dijo Hugo Chávez el 20 de marzo de 1998, al proclamar su deuda histórica con más de medio millón de indígenas agrupados en las 28 etnias del país. Qué no irá a decir en el Panteón con motivo de ¿entronizar? al "lancero de los cerros", como llamó a Guaicaipuro, en momentos de lamentable inspiración, Cristóbal Rojas, porque, según él, en lengua caribe, guaica es lanza e ipur cerro.

No es sólo por gusto a la irreverencia que nos parece risible el empeño en llevar a una de las zonas más peligrosas del área metropolitana la memoria (si no la asaltan en el camino) del gran guerrero indígena. Es por la sospecha, por no decir certidumbre, expresada por gente muy respetable, de que en nuestro Panteón Nacional han metido, más de una vez, gato por liebre: los mismísimos restos del Libertador fueron cuestionados por José Izquierdo, eminente médico, profesor de anatomía, quien denunció públicamente el contrabando.

Pero, de todos modos, lleven la tierrita de San José de los Altos (o de Cúpira, donde también solía acampar el lancero), o coloquen la plaquita: al menos servirá para que el Presidente goce una y parte de otra, si es que no le toca depresión, como en estos días. Pedro Llorens


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