viernes, 6 de enero de 2017

Construcciones prehispánicas de Venezuela©, por Rafael Antonio Strauss Kazen

Construcciones prehispánicas de Venezuela©, por Rafael A. Strauss K. Texto entregado al profesor  Manuel Rodríguez Campos para el Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar.

No se caracteriza la Venezuela prehispánica por ofrecer para su análisis construcciones monumentales al estilo de Mesoamérica y el altiplano andino. El carácter de la producción de las culturas de nuestra historia más antigua, no permitió el desarrollo de un Estado centralizado, ni mano de obra ni excedentes, lo que se consolidó en aquellas áreas y necesitó de la construcción de estructuras para la guerra, la residencia del estrato social dirigente, el culto, erección de pirámides, grandes sistemas de riego, entre otros elementos visibles del grado de su desarrollo. En algunas de las áreas culturales de nuestro tiempo prehispánico parece percibirse un camino semejante al que siguieron las llamadas altas culturas americanas, proceso interrumpido por la dominación española. Acerca de una estructura de carácter religioso en nuestra historia más antigua, tenemos noticias de un templo en Escuque (Andes) del que Juan de Castellanos escribe: “Icaque se decía, y era diosa / que de bulto tenían retractada / en casa de tres naves espaciosa, / de grandes y menores frecuentada.” Sobre obras civiles prehispánicas, la arqueología destaca algunas cuya presencia iría acorde con el desarrollo alcanzado por nuestras sociedades indígenas de aquel período, notándose una perfecta armonía entre el tipo de producción, las necesidades a resolver y las características de su entorno geográfico. Así, la ausencia de construcciones monumentales en la antigua Venezuela no debe verse como carencia de un desarrollo significativo, sino a la luz de aquellos condicionantes. Es por ello que los pueblos pescadores, cazadores, recolectores y agricultores incipientes, nómadas y seminómadas, no tenían razones para desarrollar ninguna construcción estable, excepto obras menores y perecederas para un uso transitorio. Obras estables hubiesen estorbado, y alterado la armonía que aquellas sociedades supieron, y saben, establecer con sus entornos. Nuestras sociedades agrícolas prehispánicas, también dentro de un equilibrio signado por la necesidad de conquistar el entorno y de convivir en y con él, desarrollaron su producción en paisajes que esencialmente requirieron de una particular adaptación, como el de los Andes. Esto se tradujo en incidencias no menos significativas en los otros aspectos de la cultura, requiriendo, entonces, de una organización social, política y religiosa características de aquel tipo de producción.

Los andenes, catafós o catafús corresponden a esta zona y se trata de vallados de piedras construidos en las colinas mediante el corte de grandes escalones y que son fortalecidos, igualmente, con piedras. La fertilización se hacía por medio del riego, a través de largos canales medidos de manera precisa con los que lograron llevar agua a través de grandes extensiones. También en esta zona se construyeron fuertes, que los españoles encontraron inexpugnables, y a los que se asociaban puentes levadizos y un posible sistema de tarabitas para salvar abismos. Este sistema se fabricaba con bejucos y cuerdas de fique e incluía un recipiente capaz de contener a más de dos personas y una cierta cantidad de productos. Al área andina corresponden, asimismo, los mintoyes o construcciones forradas en su interior con piedras y que fungían como almacenes, como tumbas y, eventualmente, como lugar de residencia; además de esto, un tipo de silo subterráneo, en tierras frías, y caneyes con la misma función en zonas templadas. Para el aprovisionamiento de agua y el riego, nuestras culturas agrícolas fabricaron quimpúes o estanques, como en los Andes, y canales de irrigación cuyos indicios se han hallado en las áreas ribereñas de los ríos Turbio, Tocuyo, Yaracuy, Güeque, Mamo y Orinoco. Los caquetíos cercanos a la sierra de San Luis (Falcón) aprovechaban sus aguas a través de bucos o represas. Para los Llanos occidentales la arqueología reporta terraplenes, campos elevados, calzadas o camellones de varios kilómetros de largo, que funcionaban como caminos y/o como muros de contención de las aguas en áreas anegadizas. Para la región de Barinas Humboldt reporta una calzada de 5 leguas (± 25.000 m) y Lisandro Alvarado caminó por una estrechamente vinculada con los ríos Guanare y Portuguesa y por un terraplén de 8 a 10 metros de ancho, de greda amarillo-rojiza, entre el Maraca y el Cumarepo. En las zonas que rodean el lago de Valencia las viviendas y tumbas se protegieron de las inundaciones con montículos artificiales.

La ocupación residencial en nuestro tiempo prehispánico, además del generalizado bohío, de los palafitos o viviendas a orillas de lagos, caños y ríos, de viviendas en los árboles en áreas anegadizas y de casas de piedra en zonas frías, se expresó en varios sitios a través de poblados, con casas comunales, quizá para rituales de iniciación, que alojarían a unas 500 personas, como en las zonas media y baja del Orinoco. Mafilito, Quilifay, Anibali y Agualo son los nombres de poblados betoyes, al noroccidente, con casas de gran tamaño para alojar hasta 25 personas y grandes casas comunales para varones. Asimismo, el daury, donde los solteros achaguas se embriagaban con chicha y danzaban disfrazados con indumentarias y máscaras especiales.

Para el área de los tamanacos Gilij reporta para el siglo XVIII los poblados Ivayeni, Nereyéuti y Cratáima, cada uno con 125 personas. En la costa caribe los españoles encontraron conjuntos de vivienda a los que dieron el nombre de barrios, lo que, unido a informaciones semejantes para otras áreas, permitiría hablar de ciudades incipientes. Fernández de Oviedo reporta que en la provincia de Patigurato “hay más de mil casas”; que la de Anoantal, gobernada por Guaramental, “está murado de tres cercas”, empalizadas, vallas o palenques; que las provincias de Chaigoto y Mantera estaban muy pobladas, en tanto que en Guerigueritar “había trescientos bohíos en el espacio de una legua [± 5.000 m] y que en Taracoare, “alrededor de una cerca que encerraba los bohíos del cacique fueron contadas más de cuatrocientas viviendas.” Fray Pedro Simón apunta que en esta costa Jerónimo de Ortal “topó con grandes y bien pobladas ciudades.” Este cronista describe la casa de un cacique, que “aunque de paja y a su modo, estaban bien y curiosamente labradas, demás de las cuales, con buena distribución y traza, tenía otros muchos cuartos, divididos en aposentos, para sus mujeres y gente de servicio, almacenes, en que estaba toda suerte de armas…, y otros pertrechos; grandes galas de plumería, encrespados penachos, muchos bastimentos de carne de monte seca, maíz, cazabe y otras comidas, con muchas múcuras llena de su vino”…

Algunos de estos poblados estaban protegidos por fosos con el fondo sembrado de estacas envenenadas con el zumo del manzanillo y otros preparados tóxicos. En otros sitios, como en el área betoye, se dispuso, según Gilij de “una arregladísima plaza” destinada al juego de pelota, de carácter ritual y para el divertimiento. Plazas para la reunión de la comunidad cuando debían decidir acciones de guerra, parecen haber existido en prácticamente todas las comunidades establecidas y, al parecer, fueron utilizadas en tiempos coloniales para la proclamación de caciques y, posiblemente, para la evangelización, construcción de iglesia y otros edificios españoles.

Temas relacionados: agricultura, arquitectura…

Bibliografía. Además de los cronistas, que ya aparecen citados en el DHV y en El tiempo prehispánico de Venezuela, de R. Strauss, las siguientes:

Strauss K., Rafael A. El tiempo prehispánico de Venezuela. Edición de la Fundación Eugenio Mendoza en su 40º Aniversario. Cromotip, Caracas, 1992, 279 p. [2ª ed., Grijalbo, Cromotip, Caracas, 1993]

Wagner, Erika. Los pobladores palafíticos de la cuenca de Maracaibo. Cuadernos Lagoven, Caracas, 1980, 71 p.

Zucchi, Alberta. “Campos de cultivo prehispánicos vs. Módulos de Apure. Datos experimentales modernos para la interpretación arqueológica. Boletín Indigenista Venezolano, Nueva Época, t. XVI, Nº 12:37-52, enero-junio 1975, Caracas.

Zucchi, Alberta. “Construcciones artificiales en los Llanos Occidentales de Venezuela” Anales del Instituto de Antropología e Historia, Años 1970-1971, t. VII-VIII, Nº 7-8:399-414,UCV, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia, Caracas, 1972.

Zucchi, Alberta. “Nuevos datos sobre construcciones artificiales en los Llanos Occidentales de Venezuela”. Acta Científica Venezolana, Vol. 19, Nº 1:19-25, mayo 1968, Caracas.

Zucchi, Alberta y Denevan, W. Campos elevados e historia cultural pre-hispánica en los Llanos Occidentales de Venezuela. UCAB, Instituto de Investigaciones Históricas (Serie Histórica, 30) Caracas, 1979, 178 p.



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