Construcciones prehispánicas de Venezuela©, por Rafael A.
Strauss K. Texto entregado al profesor Manuel Rodríguez Campos para el Diccionario de Historia de Venezuela,
Fundación Polar.
No se caracteriza la
Venezuela prehispánica por ofrecer para su análisis construcciones monumentales
al estilo de Mesoamérica y el altiplano andino. El carácter de la producción de
las culturas de nuestra historia más antigua, no permitió el desarrollo de un
Estado centralizado, ni mano de obra ni excedentes, lo que se consolidó en
aquellas áreas y necesitó de la construcción de estructuras para la guerra, la
residencia del estrato social dirigente, el culto, erección de pirámides,
grandes sistemas de riego, entre otros elementos visibles del grado de su
desarrollo. En algunas de las áreas culturales de nuestro tiempo prehispánico
parece percibirse un camino semejante al que siguieron las llamadas altas
culturas americanas, proceso interrumpido por la dominación española. Acerca de
una estructura de carácter religioso en nuestra historia más antigua, tenemos
noticias de un templo en Escuque (Andes) del que Juan de Castellanos escribe: “Icaque se decía, y era diosa / que de bulto
tenían retractada / en casa de tres naves espaciosa, / de grandes y menores
frecuentada.” Sobre obras civiles prehispánicas, la arqueología destaca
algunas cuya presencia iría acorde con el desarrollo alcanzado por nuestras
sociedades indígenas de aquel período, notándose una perfecta armonía entre el
tipo de producción, las necesidades a resolver y las características de su
entorno geográfico. Así, la ausencia de construcciones monumentales en la
antigua Venezuela no debe verse como carencia de un desarrollo significativo,
sino a la luz de aquellos condicionantes. Es por ello que los pueblos
pescadores, cazadores, recolectores y agricultores incipientes, nómadas y
seminómadas, no tenían razones para desarrollar ninguna construcción estable,
excepto obras menores y perecederas para un uso transitorio. Obras estables
hubiesen estorbado, y alterado la armonía que aquellas sociedades supieron, y
saben, establecer con sus entornos. Nuestras sociedades agrícolas
prehispánicas, también dentro de un equilibrio signado por la necesidad de
conquistar el entorno y de convivir en y con él, desarrollaron su producción en
paisajes que esencialmente requirieron de una particular adaptación, como el de
los Andes. Esto se tradujo en incidencias no menos significativas en los otros
aspectos de la cultura, requiriendo, entonces, de una organización social,
política y religiosa características de aquel tipo de producción.
Los andenes, catafós
o catafús corresponden a esta zona y se trata de vallados de piedras construidos
en las colinas mediante el corte de grandes escalones y que son fortalecidos,
igualmente, con piedras. La fertilización se hacía por medio del riego, a
través de largos canales medidos de manera precisa con los que lograron llevar
agua a través de grandes extensiones. También en esta zona se construyeron
fuertes, que los españoles encontraron inexpugnables, y a los que se asociaban
puentes levadizos y un posible sistema de tarabitas para salvar abismos. Este
sistema se fabricaba con bejucos y cuerdas de fique e incluía un recipiente
capaz de contener a más de dos personas y una cierta cantidad de productos. Al
área andina corresponden, asimismo, los mintoyes o construcciones forradas en
su interior con piedras y que fungían como almacenes, como tumbas y,
eventualmente, como lugar de residencia; además de esto, un tipo de silo
subterráneo, en tierras frías, y caneyes con la misma función en zonas
templadas. Para el aprovisionamiento de agua y el riego, nuestras culturas
agrícolas fabricaron quimpúes o estanques, como en los Andes, y canales de
irrigación cuyos indicios se han hallado en las áreas ribereñas de los ríos
Turbio, Tocuyo, Yaracuy, Güeque, Mamo y Orinoco. Los caquetíos cercanos a la
sierra de San Luis (Falcón) aprovechaban sus aguas a través de bucos o
represas. Para los Llanos occidentales la arqueología reporta terraplenes,
campos elevados, calzadas o camellones de varios kilómetros de largo, que
funcionaban como caminos y/o como muros de contención de las aguas en áreas
anegadizas. Para la región de Barinas Humboldt reporta una calzada de 5 leguas
(± 25.000 m) y Lisandro Alvarado caminó por una estrechamente vinculada con los
ríos Guanare y Portuguesa y por un terraplén de 8 a 10 metros de ancho, de
greda amarillo-rojiza, entre el Maraca y el Cumarepo. En las zonas que rodean
el lago de Valencia las viviendas y tumbas se protegieron de las inundaciones
con montículos artificiales.
La ocupación
residencial en nuestro tiempo prehispánico, además del generalizado bohío, de
los palafitos o viviendas a orillas de lagos, caños y ríos, de viviendas en los
árboles en áreas anegadizas y de casas de piedra en zonas frías, se expresó en
varios sitios a través de poblados, con casas comunales, quizá para rituales de
iniciación, que alojarían a unas 500 personas, como en las zonas media y baja
del Orinoco. Mafilito, Quilifay, Anibali y Agualo son los nombres de poblados
betoyes, al noroccidente, con casas de gran tamaño para alojar hasta 25
personas y grandes casas comunales para varones. Asimismo, el daury, donde los
solteros achaguas se embriagaban con chicha y danzaban disfrazados con
indumentarias y máscaras especiales.
Para el área de los
tamanacos Gilij reporta para el siglo XVIII los poblados Ivayeni, Nereyéuti y
Cratáima, cada uno con 125 personas. En la costa caribe los españoles
encontraron conjuntos de vivienda a los que dieron el nombre de barrios, lo
que, unido a informaciones semejantes para otras áreas, permitiría hablar de
ciudades incipientes. Fernández de Oviedo reporta que en la provincia de
Patigurato “hay más de mil casas”;
que la de Anoantal, gobernada por Guaramental, “está murado de tres cercas”, empalizadas, vallas o palenques; que
las provincias de Chaigoto y Mantera estaban muy pobladas, en tanto que en
Guerigueritar “había trescientos bohíos
en el espacio de una legua [± 5.000 m] y que en Taracoare, “alrededor de una cerca que encerraba los
bohíos del cacique fueron contadas más de cuatrocientas viviendas.” Fray
Pedro Simón apunta que en esta costa Jerónimo de Ortal “topó con grandes y bien pobladas ciudades.” Este cronista describe
la casa de un cacique, que “aunque de
paja y a su modo, estaban bien y curiosamente labradas, demás de las cuales,
con buena distribución y traza, tenía otros muchos cuartos, divididos en
aposentos, para sus mujeres y gente de servicio, almacenes, en que estaba toda
suerte de armas…, y otros pertrechos; grandes galas de plumería, encrespados
penachos, muchos bastimentos de carne de monte seca, maíz, cazabe y otras
comidas, con muchas múcuras llena de su vino”…
Algunos de estos
poblados estaban protegidos por fosos con el fondo sembrado de estacas
envenenadas con el zumo del manzanillo y otros preparados tóxicos. En otros
sitios, como en el área betoye, se dispuso, según Gilij de “una arregladísima plaza” destinada al
juego de pelota, de carácter ritual y para el divertimiento. Plazas para la
reunión de la comunidad cuando debían decidir acciones de guerra, parecen haber
existido en prácticamente todas las comunidades establecidas y, al parecer,
fueron utilizadas en tiempos coloniales para la proclamación de caciques y, posiblemente,
para la evangelización, construcción de iglesia y otros edificios españoles.
Temas relacionados:
agricultura, arquitectura…
Bibliografía. Además de los cronistas, que ya
aparecen citados en el DHV y en El tiempo prehispánico de Venezuela, de R.
Strauss, las siguientes:
Strauss K., Rafael A.
El tiempo prehispánico de Venezuela.
Edición de la Fundación Eugenio Mendoza en su 40º Aniversario. Cromotip,
Caracas, 1992, 279 p. [2ª ed., Grijalbo, Cromotip, Caracas, 1993]
Wagner, Erika. Los pobladores palafíticos de la cuenca de
Maracaibo. Cuadernos Lagoven, Caracas, 1980, 71 p.
Zucchi, Alberta.
“Campos de cultivo prehispánicos vs. Módulos de Apure. Datos experimentales
modernos para la interpretación arqueológica. Boletín Indigenista Venezolano, Nueva Época, t. XVI, Nº 12:37-52,
enero-junio 1975, Caracas.
Zucchi, Alberta.
“Construcciones artificiales en los Llanos Occidentales de Venezuela” Anales del Instituto de Antropología e
Historia, Años 1970-1971, t. VII-VIII, Nº 7-8:399-414,UCV, Facultad de
Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia, Caracas, 1972.
Zucchi, Alberta.
“Nuevos datos sobre construcciones artificiales en los Llanos Occidentales de
Venezuela”. Acta Científica Venezolana,
Vol. 19, Nº 1:19-25, mayo 1968, Caracas.
Zucchi, Alberta y
Denevan, W. Campos elevados e historia
cultural pre-hispánica en los Llanos Occidentales de Venezuela. UCAB,
Instituto de Investigaciones Históricas (Serie Histórica, 30) Caracas, 1979,
178 p.
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