Discurso que pronuncié el 17.2.2000 en el
Celarg con motivo de la presentación del Diccionario
de Cultura Popular.
El Diccionario de Cultura Popular que hoy presentamos es, en
primer lugar, un reconocimiento a quienes han contribuido a dejar testimonio de
los valores que nos califican como un pueblo creador y creativo… Este
reconocimiento, en sí mismo importante, se fortalece con las bondades que aporta
el hecho de que haya sido realizado por universitarios y asumido, en 1994, como
proyecto por la Fundación Bigott, que desde la década de los ochenta ha cuidado
de manera especial nuestra cultura popular. Desde 1976 nos propusimos reunir y
organizar un corpus con los que consideramos componentes de nuestra cultura
popular tradicional, de tal manera que este Diccionario puede ser
tenido como un instrumento de consulta, en cuyas páginas se puede encontrar
información y fuentes que permitan conocer y tener a la mano una parte
significativa del quehacer popular de Venezuela, en la rica variedad de su
música, literatura, religiosidad, gastronomía, plástica y otras áreas. Es por
ello que este Diccionario es también un aporte a nuestra memoria colectiva.
Cuando me planteé realizarlo, lo hice con la convicción de que
podía convocar a permanecer en sus páginas una totalidad mayor de la que en él
aparece. Quiero decir con esto –y así lo entenderán quienes hayan tenido que
ver con trabajos semejantes– que faltan elementos, pero de los que están,
ninguno sobra; de tal manera que este Diccionario es una primera versión
de lo que se podría y debería hacer para ulteriores entregas de trabajos como
éste. Es necesario y urgente, por ejemplo, que de manera inmediata se asuma la
confección de diccionarios por regiones, que fue la idea inicial de este
proyecto.
Una de nuestras preocupaciones al emprender la pesquisa tuvo
que ver con el hecho de que varios de los elementos de nuestra cultura popular
apenas estaban documentados. Comprendimos que una de las maneras de combatir
esta limitación, era recopilar información de prensa, además de la que reside
en trabajos clásicos acerca de nuestra cultura y de la información que
silenciosamente ha permanecido en revistas y en algunas ediciones que por razón
del desapego generalizado que padecemos por el registro histórico colectivo y
por nuestra mala memoria como pueblo, podríamos catalogar de información
circunstancial, como catálogos de exposiciones, programas de sala, programas de
mano, de encuentros de todo tipo, ponencias no publicadas y otras… Esto nos
llevó desde un principio a utilizar como fuente los avisos y otros anuncios de
espectáculos, eventos y afines, información que se convirtió en algunos casos en
la única fuente impresa de que dispusimos para el reporte y caracterización de
eventos y para reconstruir, en varios casos, buena parte de la vida artística
de personajes y agrupaciones.
El Diccionario que hoy presentamos contiene 2475 entradas, una Sección de Eventos y Noticias, un
detallado Índice Analítico, un
reporte de las Fuentes no incluidas en
las entradas, e Ilustraciones. Nuestra vinculación progresiva con la
cultura popular y el marco teórico respectivo los recogemos en la Introducción,
a través de los segmentos que titulamos La
Tradición en Mí, Yo en la Tradición
y La Tradición en Todos.
Hacer este
trabajo, en realidad, no fue difícil. Conté, definitivamente, con la paciencia
árabe y alemana que heredé de esos faros que siempre me han guiado, y que son
mis abuelos…; conté, asimismo, con el apoyo incondicional de Antonio López
Ortega, Rosamaría Atencio e Iraida Ascanio, de Fundación Bigott, y con un
equipo de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, la mayoría de
ellos hoy egresados, constituido por Oscar Battaglini, José Benítez, José Luis
Bifano Mérida, Leonardo Bracamonte, María Cristina Fernández, Emeric Fernández,
Julio César González, Martín Gross, Alejandro Gutiérrez, Jesús Eloy Gutiérrez,
Roiman Guzmán, Yepsalí Hernández, Marisela López, Ramón Martínez, Johnny Monzo,
Noraya Pérez, Luis Ramos D., Richard Rodríguez, Yaruma Rodríguez, Katty
Solórzano, Daniel Terán y Ángel Villanueva, a quienes agradezco el tesón y el
amor con el que asumieron sus primeros pasos como investigadores… Agradezco,
asimismo, el responsable y exquisito trabajo de producción de Lila Centeno,
Nelson Garrido, Alberto Márquez, Leya Olmos, Oscar Vásquez y Preprint.
Decía nuestro Mario Briceño Iragorry que definir la tradición
“y velar por su constante progreso es deber de colectividades que aspiran a
robustecer su personalidad en los cuadros de la historia universal.” Nada más
cierto en estos momentos. Pero el robustecimiento de nuestra personalidad como
cultura quizá deba pasar por el conocimiento de lo menudo, de las pequeñas
cosas de que hablaba nuestro Aquiles Nazoa, a pesar de lo que advertía en 1962
Miguel Acosta Saignes. Decía el maestro: “Para algunos, en los medios
universitarios, el trabajo de recolección de materiales folklóricos es labor
menuda, actividad de tercer orden, impropia de quienes sean capaces de
remontarse a la altura de la especulación académica. Se trataría de ocupaciones
reveladoras de cortedad de miras científicas, indignas de altas inteligencias
especulativas. […]; no merecerían el menor aprecio, por carecer de todo
aliento, de significados dignos de la atención universitaria.” [Miguel Acosta
Saignes; “Introducción” a su Estudios de
folklore venezolano, Universidad Central de Venezuela, Facultad de
Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia (Serie de
Folklore), Caracas, 1962, p. 3.]
Pero los riesgos de esta
evaluación quizá podamos conjurarlos con esa hermosa frase de Cesare Pavese,
que como una oración nos ilumina: El escribió, y con esto concluyo: “Un pueblo,
quiere decir no estar solo, saber que en las gentes, en las plantas, en la
tierra hay algo nuestro y, a pesar de que uno se marcha de allí, siempre nos
aguarda.”
Muchas Gracias.
Muchas Gracias.
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