martes, 27 de diciembre de 2016

Indígenas de Venezuela en la Constituyente, 1999, por Rafael Antonio Strauss K.

Es hora de comenzar a pagar. Venezuela tiene una gran deuda con sus indígenas. Indígenas en la Constituyente. La historia por Rafael Strauss, Antropólogo Etnohistoriador - UCAB-UCV http://www.ucab.edu.ve/prensa/ucabista/jul99/p28.htm


Aparentemente, y por vía de la Asamblea Nacional Constituyente, los indígenas venezolanos tendrán acceso a un escenario de voces nacionales, cuyo fin es el de diseñar un nuevo país

La presencia de indígenas en la Asamblea Constituyente ha venido generando una interesante polémica, ventilada con todo tipo de argumentos en la prensa nacional y local. La posibilidad de la asistencia aún no permite mayores comentarios, excepto la idea, novedosa y definitivamente significativa para nuestra historia contemporánea, de la participación misma. Objetivamente hablando, estaríamos ante un evento trascendental, ya que por primera vez en nuestra historia representantes de uno de los sectores visiblemente marginados de la sociedad venezolana, tendrá acceso a un escenario de voces nacionales, en el que se intentará diseñar la esencia de un nuevo país. Podría considerarse que esta deuda que nuestro acontecer como nación adquirió con una de nuestras matrices originarias, debería comenzar a saldarse con este sencillo mecanismo de incorporar al proyecto constitucionalista a descendientes de los primeros pobladores de lo que consideramos la patria; pobladores que vistos en el tránsito de nuestra formación como cultura, fueron los primeros en soportar los embates de la invasión foránea. Hoy se convoca a sus descendientes y esto es sano, bueno, significativo, trascendental. Pero confesamos un temor: ¿qué tanto podrá el constituyentista criollo deslastrarse del ancestral sentimiento de lástima y desestimación  -una de las formas que adopta la discriminación, con la que tradicionalmente se ha visto al indio en toda la América- y permitir la convivencia en una discusión entre iguales?

Ya escucho las voces que presagian el fracaso de esta posibilidad histórica. Pero antes de que se emitan comentarios, es bueno y necesario y urgente recordar que es el indígena, y sólo él, quien conoce la problemática a la que los proyectos indigenistas nacionales y locales lo han llevado a la situación de angustia que padecen los indígenas que sobreviven en nuestro territorio, de tal manera que son ellos mismos quienes deben diseñar su propio destino, a propósito del país que se pretende refundar. Esta concertación de un destino común podrá lograrse, seguramente, apelando a la idea de un redimensionamiento a partir de ahora de la presencia del indígena en nuestra historia, y es posible que tal consideración pueda realizarse si se pone a funcionar la cultura del respeto por el otro, los otros, por los demás, postura que ha sido diseñada por la disciplina antropológica bajo la propuesta del relativismo cultural. Porque como se lee en un editorial de la revista Sic (Nº 422, 1980, p. 54), «Un pueblo civilizado es el que sabe hacer su vida y la hace”.

La cultura del respecto, el relativismo cultural, no deben significar, sin embargo, el aislamiento de las sociedades indígenas, lo que en definitiva sería terminar con sus culturas. No se trata de aislarlas, como fue una propuesta que anduvo en boga en nuestro país en la década de los setenta, cuando prácticamente se pretendía cubrirlas con una cúpula de cristal. La participación de los indígenas en la Asamblea Constituyente debería significar, por lo menos, la posibilidad de que las sociedades indígenas de Venezuela -y otras minorías tradicionalmente marginadas- participen de la sociedad nacional pero manteniendo su mentalidad, su historia; es decir, su cultura. Esto significa, entre otras cosas, que la sociedad criolla, en esta ocasión, debería propiciar el ingreso de valores indígenas a la cultura de Venezuela. Deberíamos poder ver en nuestros planes educativos, por ejemplo, la concepción que el indio de Venezuela tiene de su convivencia con la naturaleza, así como un conocimiento menos descriptivo y más analítico acerca de su cultura total; es decir, deslastrar a nuestros estudiantes de esa visión de cosa inútil y exótica con la que prácticamente toda nuestra historiografía ha presentado al indio. La participación del indígena en el proceso constitucionalista, debería propiciar la apertura de un aprecio real por esos congéneres iniciales de nuestra nacionalidad; debería poder corregirse el resultado que emanados desde los predios de la constitución de la nueva república, después de 1830, cuando «Ningún testimonio de la época hace referencia a los valores autóctonos –según apunta Elías Pino Iturrieta-, como posibilidad de construir el proyecto por la asimilación de lo oriundo; ni descubre la entidad de la concurrencia africana en la conformación de una personalidad común”. (Las ideas de los primeros venezolanos, 1993, p. 32).


La preocupación, generalmente desinteresada, de muchos venezolanos -criollos e indígenas- y de algunos extranjeros, ha abierto importantes caminos para el ingreso respetuoso del indio en lo que queremos concebir como una nueva concepción del trabajo histórico. Sin embargo, los resultados de esta preocupación generalmente pasan por la condición de ver al indio como objeto de estudio y pocas veces como agente de su propio conocimiento, o de su propio cambio, dentro del panorama de desventajas en el que el indio ha vivido y vive con respecto a la sociedad nacional. Y recientemente, ante el fracaso del indigenismo interesado, muchos indios han asumido la confección del destino de sus comunidades, examinando críticamente aquellos estudios, escribiendo y editando su oralidad, que es su historia, y estudiando en universidades y otras instituciones, lo que podría verse como un modelo que puede ponerse a funcionar en el escenario constituyentista, combinando los elementos de ambos polos culturales que el mismo indígena perciba como insumos útiles o que propicien menos traumas. Y un punto definitivamente nodal es solucionar de una vez por todas la posesión real y efectiva de sus tierras, escenario ancestral para la conservación y progreso de las culturas indígenas. (p. 28)

Nota editorial. Esta página desde la fundación de El Ucabista se publicó bajo la firma de Manuel Donís, a quien agradecemos su colaboración y el haberle dado un espacio a la historia en nuestro periódico. A partir de este número esta ciencia social será analizada por diferentes investigadores relacionados con el Instituto de Investigaciones Históricas de nuestra universidad.

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