Es hora de comenzar a pagar.
Venezuela tiene una gran deuda con sus indígenas. Indígenas en la
Constituyente. La historia por Rafael Strauss, Antropólogo Etnohistoriador - UCAB-UCV http://www.ucab.edu.ve/prensa/ucabista/jul99/p28.htm
Aparentemente, y por vía de
la Asamblea Nacional Constituyente, los indígenas venezolanos tendrán acceso a
un escenario de voces nacionales, cuyo fin es el de diseñar un nuevo país
La presencia de indígenas en
la Asamblea Constituyente ha venido generando una interesante polémica,
ventilada con todo tipo de argumentos en la prensa nacional y local. La
posibilidad de la asistencia aún no permite mayores comentarios, excepto la
idea, novedosa y definitivamente significativa para nuestra historia
contemporánea, de la participación misma. Objetivamente hablando, estaríamos
ante un evento trascendental, ya que por primera vez en nuestra historia
representantes de uno de los sectores visiblemente marginados de la sociedad
venezolana, tendrá acceso a un escenario de voces nacionales, en el que se
intentará diseñar la esencia de un nuevo país. Podría considerarse que esta
deuda que nuestro acontecer como nación adquirió con una de nuestras matrices
originarias, debería comenzar a saldarse con este sencillo mecanismo de
incorporar al proyecto constitucionalista a descendientes de los primeros
pobladores de lo que consideramos la patria; pobladores que vistos en el
tránsito de nuestra formación como cultura, fueron los primeros en soportar los
embates de la invasión foránea. Hoy se convoca a sus descendientes y esto es
sano, bueno, significativo, trascendental. Pero confesamos un temor: ¿qué tanto
podrá el constituyentista criollo deslastrarse del ancestral sentimiento de
lástima y desestimación -una de las
formas que adopta la discriminación, con la que tradicionalmente se ha visto al
indio en toda la América- y permitir la convivencia en una discusión entre
iguales?
Ya escucho las voces que
presagian el fracaso de esta posibilidad histórica. Pero antes de que se emitan
comentarios, es bueno y necesario y urgente recordar que es el indígena, y sólo
él, quien conoce la problemática a la que los proyectos indigenistas nacionales
y locales lo han llevado a la situación de angustia que padecen los indígenas
que sobreviven en nuestro territorio, de tal manera que son ellos mismos
quienes deben diseñar su propio destino, a propósito del país que se pretende
refundar. Esta concertación de un destino común podrá lograrse, seguramente,
apelando a la idea de un redimensionamiento a partir de ahora de la presencia
del indígena en nuestra historia, y es posible que tal consideración pueda
realizarse si se pone a funcionar la cultura del respeto por el otro, los
otros, por los demás, postura que ha sido diseñada por la disciplina
antropológica bajo la propuesta del relativismo cultural. Porque como se lee en
un editorial de la revista Sic (Nº 422, 1980, p. 54), «Un pueblo civilizado es
el que sabe hacer su vida y la hace”.
La cultura del respecto, el
relativismo cultural, no deben significar, sin embargo, el aislamiento de las
sociedades indígenas, lo que en definitiva sería terminar con sus culturas. No
se trata de aislarlas, como fue una propuesta que anduvo en boga en nuestro
país en la década de los setenta, cuando prácticamente se pretendía cubrirlas
con una cúpula de cristal. La participación de los indígenas en la Asamblea
Constituyente debería significar, por lo menos, la posibilidad de que las
sociedades indígenas de Venezuela -y otras minorías tradicionalmente
marginadas- participen de la sociedad nacional pero manteniendo su mentalidad,
su historia; es decir, su cultura. Esto significa, entre otras cosas, que la
sociedad criolla, en esta ocasión, debería propiciar el ingreso de valores
indígenas a la cultura de Venezuela. Deberíamos poder ver en nuestros planes
educativos, por ejemplo, la concepción que el indio de Venezuela tiene de su
convivencia con la naturaleza, así como un conocimiento menos descriptivo y más
analítico acerca de su cultura total; es decir, deslastrar a nuestros
estudiantes de esa visión de cosa inútil y exótica con la que prácticamente
toda nuestra historiografía ha presentado al indio. La participación del
indígena en el proceso constitucionalista, debería propiciar la apertura de un
aprecio real por esos congéneres iniciales de nuestra nacionalidad; debería
poder corregirse el resultado que emanados desde los predios de la constitución
de la nueva república, después de 1830, cuando «Ningún testimonio de la época
hace referencia a los valores autóctonos –según apunta Elías Pino Iturrieta-,
como posibilidad de construir el proyecto por la asimilación de lo oriundo; ni
descubre la entidad de la concurrencia africana en la conformación de una
personalidad común”. (Las ideas de los primeros venezolanos, 1993, p. 32).
La preocupación, generalmente
desinteresada, de muchos venezolanos -criollos e indígenas- y de algunos
extranjeros, ha abierto importantes caminos para el ingreso respetuoso del
indio en lo que queremos concebir como una nueva concepción del trabajo
histórico. Sin embargo, los resultados de esta preocupación generalmente pasan
por la condición de ver al indio como objeto de estudio y pocas veces como
agente de su propio conocimiento, o de su propio cambio, dentro del panorama de
desventajas en el que el indio ha vivido y vive con respecto a la sociedad
nacional. Y recientemente, ante el fracaso del indigenismo interesado, muchos
indios han asumido la confección del destino de sus comunidades, examinando
críticamente aquellos estudios, escribiendo y editando su oralidad, que es su
historia, y estudiando en universidades y otras instituciones, lo que podría
verse como un modelo que puede ponerse a funcionar en el escenario
constituyentista, combinando los elementos de ambos polos culturales que el
mismo indígena perciba como insumos útiles o que propicien menos traumas. Y un
punto definitivamente nodal es solucionar de una vez por todas la posesión real
y efectiva de sus tierras, escenario ancestral para la conservación y progreso
de las culturas indígenas. (p. 28)
Nota editorial. Esta página desde la fundación de El Ucabista se publicó bajo la firma de Manuel Donís, a quien agradecemos su colaboración y el haberle dado un espacio a la historia en nuestro periódico. A partir de este número esta ciencia social será analizada por diferentes investigadores relacionados con el Instituto de Investigaciones Históricas de nuestra universidad.
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