Venezuela antes de 1498©,
por Rafael A. Strauss K. Escuela de Historia-UCV. Ponencia publicada con el título de “Venezuela pre-hispánica”,
en Repaso
de la historia de Venezuela, Fundación V Centenario, Comisión
Presidencial V Centenario de Venezuela, Caracas, 1998, pp. 25-37, con el título
de “Venezuela antes de 1498”, en Quinto
Día, Caracas, 4-11 septiembre 1998, pp. 15-17, Especial 500 años de
historia de Venezuela.
“Para crear lo nuevo, para crear el porvenir,
hay que representárselo primero en su diferencia con el presente. Y para eso,
el único material que poseemos son nuestros recuerdos del pasado”.[1]
¿Cómo era lo que hoy
es Venezuela antes de aquel agosto de 1498?. Nuestro tiempo prehispánico
-período largo y complejo que por razones de tiempo debo sintetizar- ha sido
estructurado en una secuencia de cuatro etapas. Hacia el 15.000 a.C., que
corresponde al Paleo-Indio (20.000 a 5.000 a.C.), los hombres que habían
entrado por Bering, procedentes de Siberia, ya están en Muaco, Falcón, cazando
animales de gran tamaño con técnicas absolutamente adaptadas al entorno y a las
características de las piezas que cazan.
Para el siguiente
período, el Meso-Indio (5.000-1.000 a.C.), esos grandes animales se habían
extinguido y nuevamente la cacería se adapta a las nuevas especies. En algunos
lugares comienzan a aparecer otras fuentes de alimentación y las formas de
subsistencia se van diversificando. En casi toda la costa, por ejemplo, fue
intensa la pesca de peces y moluscos, lo que permitió un desarrollo de las habilidades
marítimas e importantes contingentes de mesoindios comienzan a colonizar las
islas cercanas. En las zonas donde no se contó con alimentos marinos se
desarrolla la recolección de frutas y vegetales silvestres, lo que acercó a
algunas de estas gentes al cultivo.
En el período
siguiente, el Neo-Indio (1.000 a.C-1.500 d.C.), existe agricultura en aquellos
lugares donde hubo necesidad de ella; donde no fue necesaria, continuaron la
caza, pesca y recolección. Existió una estabilización significativa de asientos
humanos y una clara diferenciación en la cerámica.[2]
El Neo-Indio parece
ser el producto del desarrollo cultural en tres centros: en el oriente, con su
núcleo en la cuenca del Orinoco, predomina la yuca como alimento básico. Las
figurinas y el utillaje ceremonial son poco significativos. Estos y otros
elementos parecen vincular a este centro con las Antillas Menores, las Guayanas
y la Amazonia. El eje occidental abarcaría los Andes y la Cuenca de Maracaibo.
Hay un marcado énfasis en lo religioso, sugerido por las figurinas, incensarios
y amuletos; algunas cuevas apartadas de son empleadas como tumbas o mintoyes,
que se caracterizan por su interior "forrado" con piedras. El maíz
como alimento básico se ha inferido por los metates, manos de moler, mayor
proporción de ollas y otros recipientes con respecto al oriente. Estos
elementos permiten vincular a este eje con Centroamérica y los Andes Centrales.
En el patrón andino, aún en estudio, la subsistencia dependió del cultivo de
tubérculos -papa, ruba, cuiba, oca, ulluco- en las zonas altas; cerámica
simple, una arquitectura incipiente en terrazas y mintoyes utilizados como
tumbas o silos para almacenar productos perecederos. Desde estos centros
culturales se producirían migraciones cíclicas o esporádicas que propiciaron
contactos en la zona central, donde se combinaron rasgos de estos ejes.
En el Neo-Indio hubo
una especie de regionalización cultural, expresada de la siguiente forma: 1)
Orinoco Medio y Bajo: grandes casas comunales en forma circular que albergaron
a unas 500 personas, generalmente emparentadas, y viviendas palafíticas en el
Delta; 2) Costa Centro-Occidental: poblada por comunidades esencialmente
nómadas, como caribes, cumanagotos, palenques, caracas y guayqueríes. En zonas
aledañas al lago de Valencia, importantes núcleos de población, con viviendas y
tumbas protegidas de las inundaciones por un sistema de montículos
artificiales. Algunos poblados, al parecer, fueron cercados hasta por triples
palizadas, de lo que se infiere una intensa actividad guerrera. Otras
evidencias sugieren la existencia de agricultura extensiva, canales de
irrigación, silos y la agrupación de varios poblados gobernados por un cacique.
Otras actividades fueron la caza, pesca lacustre, cestería y alfarería; 3) Area
del Noroeste -hoy estados Falcón, Lara, Yaracuy, parte del Zulia y Portuguesa:
poblada por caquetíos, jirajaras, gayones y achaguas, de economía
autosuficiente y poblados protegidos también por palizadas; 4) región andina:
desde la tierra caliente hasta los páramos, con cultivos de maíz y otras
plantas, en andenes, y canales y estanques como parte de un sistema de riego.
Las evidencias de silos -subterráneos en las tierras frías y de caneyes en las
zonas templadas- indican la existencia de excedentes, utilizados para el
comercio y para satisfacer necesidades en épocas de escasez. Esta estructura
supone un sistema de gobierno y funcionarios que controlaran la distribución
del excedente, uso del agua y de la tierra y el mantenimiento en general. Las
casas, al parecer, eran unifamiliares, construidas con piedras unidas con una
mezcla de barro y paja cortada. Hay evidencias de protección de los poblados
con palizadas y fosos. Otras actividades fueron la explotación de la sal de
urao, tejeduría en algodón, cestería y alfarería; 5) Area del piedemonte
occidental de los Andes y costa sur del lago de Maracaibo, con sembradíos cerca
de las comunidades y aldeas palafíticas en la zona lacustre. Hay evidencias de
posibles casas comunales. Otras actividades fueron la artesanía y la confección
de tejidos; 6) Area de la Guajira, con grupos de cultivadores al sur y de
pescadores y cazadores al norte.
El comercio incluyó una
especialización de lo que se intercambiaba y por la difusión de algunos
productos, hay que suponer importantes movilizaciones: los andinos
intercambiaban productos agrícolas, sal de urao y tejidos por el pescado de
grupos caribes del sur del lago marabino; desde las costas falconianas hubo, al
parecer, intercambio de sal hacia el interior del territorio. Se ha planteado
la existencia de una red de comercio entre los llanos occidentales y la zona
andina, la costa caribe y la cuenca del Orinoco y la de un mercado de pescado
en el Orinoco Medio, de curare en el Alto Orinoco y un punto de intercambio en
las playas de tortugas del río Guaviare. Asimismo, se tienen noticias de la
utilización de caracoles de agua dulce como moneda, que llamaban quiripa.
En cuanto al arte rupestre se
han cuantificado hasta el momento unos 320 lugares con petroglifos, 28 con
pinturas, 6 estaciones de conjuntos megalíticos y otras expresiones como los
geoglifos. La ubicación de los petroglifos, las técnicas empleadas, las figuras
y la asociación de estos sitios con material arqueológico, permiten suponer que
en su gran mayoría son prehispánicos y que fueron recolectores avanzados
quienes los hicieron,[3] quizá para delimitar
territorios.
Las formas teatrales en el
Neo-Indio suponen representaciones de actividades de subsistencia –quizá como
aprendizaje-, imitación de animales con máscaras –como entre los Caracas-, de
personas o de eventos extraordinarios, con la utilización, seguramente, de
instrumentos musicales, guaruras y tambores cuyos sonidos servían, además, para
la comunicación a distancia. Como posible recurso educativo sobresalen las
narraciones de acontecimientos, que pasarían a formar parte del patrimonio oral
de cada sociedad y, posteriormente, al saber popular de Venezuela. Un caso
interesante, por ejemplo, es el mirray de los achaguas, que el padre Juan
Rivero definió como una “oración retórica, compuesta en estilo elevado, que
estudian desde niños y la enseñan con mucho cuidado los padres […]; para esto
la aprenden con gran desvelo, como los niños cristianos el catecismo”.[4] Otras fiestas de
origen prehispánico, aún vigentes, son la Bajada de Ches -ceremonia
dramático-religiosa del área andina-; las Turas -ritual de carácter agrícola
dedicado al dios Huracán y celebrado actualmente en la zona limítrofe
Lara-Falcón- el Maremare, representado, entre otros, por los otomacos -y hoy
muy popular en el oriente del país- consistía en que dentro de un círculo un
indio fingía defenderse de un tigre, mientras un coro cantaba y bailaba.[5] En nuestros días
todas las comunidades indígenas celebran fiestas y realizan bailes de evidente
origen y contenidos prehispánicos.[6]
El deporte tuvo
también expresión en la Venezuela prehispánica y uno de los juegos más
conocidos fue el de pelota. Los achaguas lo practicaron con sentido
mítico-religioso y elaboraban la pelota con latex, sustancia lechosa de un
árbol parecido al del caucho. Los guajiros la fabricaban con cuero de venado y
la rellenaban con algodón. En la zona suroriental se practicaba inflando una
vejiga de pereza, araguato o báquiro a la que daban golpes suaves para
mantenerla en el aire el mayor tiempo posible. Pero quizá donde más se
desarrolló el juego de pelota fue entre los otomacos, quienes organizaban dos
equipos con doce jugadores cada uno, y por los cuales se apostaba. La pelota,
que sólo podía ser tocada con el hombro derecho, era grande y fabricada con
latex. Las mujeres podían incorporarse, una vez terminadas sus labores, y para
golpear la pelota usaban unas palas redondas de madera. En el nororiente y
suroriente se practicaban juegos de corro y en áreas de la Guayana lo que se conoció
como la caza del arco, en el que equipos de cazadores intentaban atravesar con
flechas un arco fabricado con bejuco.
¿Hubo literatura en
nuestro tiempo prehispánico?. Podría decirse que sí, según la definición de
literatura de Alfonso Reyes, por ejemplo, quien la define como “un arte oral
[…] conceptualmente anterior al signo que la recoge, sea jeroglífico, ideograma
o letra.”[7] Esas formas de
nuestra literatura inicial se imbrican con las características de cada etnia,
con sus hechuras como los seres altamente creativos que fueron… Es en quienes
heredaron aquellas expresiones donde modernos estudios han recuperado para
nuestra historia buena parte de la literatura indígena que a pesar de algunos
"préstamos culturales" -fácilmente detectables- es reflejo de la
expresión literaria de la Venezuela anterior al contacto. Del área andina Tulio
Febres Cordero recogió cantos guerreros[8] que fortalecen la
idea de una forma militarista de gobierno en el área. Además de estas
expresiones, el panorama lo completaban, y completan, adivinanzas, consejos de
los ancianos, interpretaciones de los sueños, presagios, poemas, relatos sobre
plantas, animales, otros elementos de su cultura y su entorno, conocimientos
medicinales, leyendas y mitos.
Gilij y Gumilla, por
ejemplo, alcanzan a ver el significado histórico que tuvieron las leyendas
sobre héroes culturales y las incorporan a sus crónicas. Es el caso del
Amalivacá de los tamanaco, con cuyo hermano Vochí creó el mundo y los seres
humanos. A Amalivacá, el dador de los elementos esenciales para la vida, se le
asocia, entre otros, con el Quetzalcoatl mesoamericano, el Viracocha peruano y
el Bochica colombiano, en una suerte de elemento cultural que vinculó a buena
parte de América. Y es que a través de los mitos y otros géneros literarios los
aborígenes se explicaron y nos explican, desde los remotos predios de nuestra
historia primigenia y en nuestros días, su filosofía y el papel de sus dioses y
de sus héroes culturales. Héroes anteriores a los de las estatuas y dioses anteriores
a los del catecismo; héroes y dioses creadores; héroes indígenas representados
seguramente en expresiones teatrales, o grabados en petroglifos, o insinuados
en pinturas rupestres y decoraciones de la cerámica, o cantados y contados como
historia...
De este acervo
seguramente se extraviaron relatos sobre caciques, manaures, jefes o guerreros.[9] Sus linajes
prehispánicos tampoco aparecen en las crónicas coloniales. Quizá los que
encontramos al inicio de la colonia defendiendo sus tierras y su cultura, sean
descendientes de aquellos dirigentes, de cuya resistencia conoce nuestra
historiografía, como el caso de Guacaipuro en la zona centronorte, quien
convoca a un levantamiento de las sociedades gobernadas por Baruta -su hijo
mayor-, de otros once dirigentes,[10]
o el caso de Conopoima y Acaprapocon, quienes comandan la lucha después de
muerto Guacaipuro. Para nororiente se menciona al cacique cumanagoto Cayaurima
y sus alianzas con otros gobernantes de la zona cumanesa contra los
conquistadores.[11]
En el área agrícola
andina algunas sociedades desarrollaron un sistema de numeración decimal,[12] y los tatuyes
merideños, el uso de cuerdas anudadas al estilo de los quipus. Para las
operaciones comerciales utilizaron como moneda la quiripa.[13] En esta zona
comenzó a desarrollarse lo que Márquez Carrero ha interpretado como un
calendario andino prehispánico, que en lengua mucu debió llamarse quibario o
'piedra para medir el tiempo'..., con un año de 10 meses de 36 días cada uno;
es decir, de 360 días.[14]
El período Indo-Hispano
o del contacto, último de la secuencia, se inicia en el 1500 d.C. La cerámica
se torna más sencilla por la pérdida, progresiva o violenta, de estilos
decorativos tradicionales y de técnicas de manufactura. El europeo, más por
razones prácticas, adoptó algunas piezas de la alfarería aborigen. La mayor o
menor concentración de hollín en tiestos indohispanos revela, por ejemplo, dos
concepciones sobre la cocción de alimentos: en tanto el aborigen los calentaba
a las brasas o envueltos en hojas, a fuego lento, la dieta europea, abundante
en granos y carne, exigía un mayor tiempo de cocción y, por lo tanto, una mayor
exposición del recipiente al fuego. Otro elemento del contacto lo sugiere la
planta física de Nueva Cádiz, donde hay espacios vacíos en los que seguramente
hubo chozas de techos de paja y paredes de bahareque -materiales perecederos-
en convivencia con casas españolas.[15]
En general, las
evidencias arqueológicas indohispanas muestran una disminución de lo indígena:
en los Castillos de Guayana (Delta Amacuro), por ejemplo, además de loza de
grés holandesa y alemana, candados ingleses y otros artefactos de hierro, se
encontraron instrumentos para la caza y pesca y el cultivo de la yuca.[16]
Un aspecto asociado con este período es la presencia de culturas africanas
llegadas con los esclavos. A pesar de su importancia en la cultura venezolana,
no se han realizado estudios arqueológicos, aunque hay ya una base documental y
consideraciones de interés como para emprenderlos en viejas haciendas y en
pueblos fundados por esclavos.
En el período
Indo-Hispano Venezuela comienza a dejar de ser prehispánica y se inicia la
amalgama étnica que hoy somos; aquellas culturas, desarrolladas durante siglos
en la diversidad de paisajes, van siendo sustituidas por otras gentes, otra
economía, otros dioses, otras lenguas... y, sin embargo, mucho de lo aborigen
prehispánico traspasó la debacle y permanece entre nosotros, como profunda raíz
que a pesar de la decidia aún nos nutre.
La última visión
sociocultural de la Venezuela prehispánica es la de un territorio poblado en su
mayor parte por caribes y arawakos. Las costas entre Paria y Borburata, los
alrededores del lago marabino y las márgenes del Orinoco y sus afluentes,
fueron áreas caribes; los arawacos se ubicaron mayormente en el golfo de Paria
y en la zona que corre desde el sur del Orinoco hasta la desembocadura del
Amazonas. En el Orinoco Medio, estuvieron los sáliva; en los alrededores de
Cabruta, los guamo, maipures y otomacos; en las márgenes del río Meta los guahibo
y yaruro y en las de los caños del delta orinoquense, los guaraúnos.
En Machiques, río
Catatumbo y sierra de Perijá, los llamados motilones; los guajiros, desde Bahía
Honda y El Portete hasta el Cabo de la Vela y Río de La Hacha. En las riberas
del lago de Maracaibo, los onoto y los bobures; vecinos de éstos, los zaparo o
zaparas, aliles, ambaes, toas y kirikires. Otros grupos del área fueron los
pemenos y los buredes. Los caquetíos, en la costa entre Coro y el lago marabino
y, fuera de Venezuela, en Curazao, Aruba y Bonaire. En los Andes, los chamas y
giros, principalmente en Mérida, y los timotes y cuicas, que predominaron en
Trujillo; los jirajara y ayamanes, los achaguas, betoyes y gayones, en los
actuales Lara, Yaracuy y parte de Falcón.
Para el momento del
contacto conviven varios modos de vida como respuestas de cada sociedad a una
perfecta adaptación a sus entornos naturales. No es justo, por ejemplo,
calificar como atrasados a los recolectores, cazadores y pescadores, cuando su
entorno les ofrecía cuanto necesitaban. Resolvieron su vida por otras vías y
con otros elementos. La agricultura hubiese sido inapropiada en sitios ricos en
ofertas para la subsistencia. Es probable que en esto no funcione la concepción
unilineal del desarrollo de la humanidad. Las sociedades prehispánicas que
tuvieron agricultura, lo hicieron en lugares desprovistos de llamativas ofertas
para la subsistencia. Retaron a una naturaleza pródiga en posibilidades, que
grupos aborígenes como los que se ubicaron en nuestros Andes aprovecharon. En
zonas semidesérticas, como en Falcón y Lara, se había comenzado a desarrollar
una agricultura de regadío.
Pero la vida de
estas gentes no se agota en su adaptación a los diversos paisajes. También
fueron dando respuestas a las eternas preguntas de los hombres sobre su origen,
su permanencia, su destino… y, al igual que otros hombres, crearon dioses para
sentirse acompañados; para explicar y explicarse la eternidad de dos astros que
alimentan la vida pero sobre los cuales no se tiene dominio, a menos que se
inventen formas para creer tenerlo… Se fueron concibiendo cosmogonías en las
que cada sociedad ubicó sus dudas, celebró sus aciertos, se percató de sus
fracasos, depositó a sus difuntos, visualizó la vida, ideó formas de comulgar
con los guerreros muertos, consumiendo el valor personal, local, étnico y una
valentía que no debían perderse… Un acto simbólico que se fue transformando en
noticia de canibalismo, particularmente entre aquellos españoles que por
ampliar beneficios inflaron las cantidades de indios -que defendían lo que les
había costado- o los concibieron como seres diabólicos, que debían ser vencidos
con espadas y cruces… Es probable que esta comunión con la valentía y la
importancia social pueda entenderse como concepción de carácter histórico,
tanto individual como colectiva, hipótesis que podría complementarse con la
idea de que en casi todos los grupos de nuestro tiempo prehispánico fue
costumbre que gentes de edad, mientras preparaban el cuerpo de quien moría,
cantaran y contaran su vida y sus sus hazañas… Asimismo el mirray achagua, que
hemos mencionado.
Y todos estos seres
de nuestro tiempo prehispánico reconocieron en las formas que adoptaron su
organización política y social, la necesidad de un orden que rigiera las
relaciones entre los hombres, entre los hombres y su entorno, entre el mundo
físico y las deidades… Es significativa, por ejemplo, la lista que se puede
construir con los nombres de caciques que proporcionan los cronistas.[17] y, para el tiempo
colonial, los que hemos encontrado en varios documentos de archivos, que
estamos analizando. Algunos poblados llegaron a sorprender a varios
conquistadores por su buen trazo y número de gentes.[18] Existió lo que se
puede entender como conceptos geográficos en los casos del Airico de los
Achaguas y Airico de Macaguane. En la provincia guarina de Anoantal se aplicó
lo que al parecer fue un férreo sistema de tributos, y su cacique Guaramental
sorprendió a los españoles, entre otras cosas, por la exquisita residencia que
detentaba, sus cotos de caza y lagunas y ríos reservados para sus excursiones
de pesca y una guardia personal de seiscientos guerreros.[19] Se tienen noticias
que sugieren la existencia de varios centros políticos de importancia, como el
Anoantal guarino, en el centro norte; Escuque, en la zona andina; el de
Manaure, en el área falconiana; el de Cayaurima, en oriente y el de Guacaipuro
en la zona de Los Teques, todos ellos con importantes conexiones con gobiernos
locales.
¿Qué ocurrió con
esta Venezuela que hemos tratado ustedes se imaginen?. Pedro Borges se ha
referido a "la situación desfavorable en la que queda sumido todo pueblo
al pasar al dominio de un extraño”…[20] Aquel encuentro en
1498 se produce en una situación que la teoría antropológica identifica como de
cultura de conquista, categoría que, según George Foster, "puede, quizá,
considerarse […] como la totalidad de influencias donadoras, cualquiera […] sea
su origen, que se ejercen sobre una cultura receptora, canal por el cual las
normas dominantes, los valores y las actitudes del grupo más fuerte se
transmiten al más débil".[21] Independientemente
del escaso intercambio cultural, lo que predominó desde los inicios del
encuentro fue una progresiva supresión de las culturas aborígenes por parte del
segmento que se va haciendo dominante. Las mentalidades o identidades indígenas
van siendo sustituidas por nuevos valores, mediante la endoculturación, la
imposición de cultura, y una forma si se quiere menos sutil, que Pedro Borges
califica de "más aparatosa” y que "consistió en la destrucción de
todo cuanto tuviese carácter religioso pagano"[22]
Pensando esta
temática en términos contemporáneos, quiero concluir con las siguientes
consideraciones:
1) Lo indígena es
uno de los contenidos de nuestra historia, cuyo pasado y presente aún tienen
validez, entre otras razones, porque muchos de sus descendientes conviven con
nosotros y son seres humanos. Creo que en la marcada ausencia de lo indígena -y
de lo negro- en nuestra interioridad venezolana, ha terminado por subyacer una
de las convicciones que se tuvo para la fundación del nuevo Estado, entre 1830
y 1847, y de la que Pino Iturrieta, en un aparte que titula “La mirada hacia
afuera”, escribe: “Ningún testimonio de la época hace referencia a los valores
autóctonos, como posibilidad de construir el proyecto por asimilación de lo
oriundo; ni descubre la entidad de la concurrencia africana en la conformación
de una personalidad común”.[23]
2) Quizá sea en la
comprensión científica de la permanencia de lo indígena en los períodos
siguientes de nuestra historia, donde se descubran aspectos que la arqueología
y los cronistas no han podido decirnos. Un análisis en esta línea significa no
sólo un acto de justicia, sino corregir una falla de nuestra historiografía.
Hemos comprobado hasta el momento que la documentación de archivo y la revisión
con otras lentes de la información de los cronistas ofrecen serias
posibilidades en este sentido.
3) Si revisamos
críticamente la política indigenista venezolana creo que el resultado es
negativo, entre otras razones porque muy pocas veces el indígena mismo ha
participado en el diseño de su propio destino. En los últimos años, sin
embargo, ha habido aires de cambio significativo: varios indígenas venezolanos
han tenido oportunidad de asumir las bondades de la historia y de la
antropología como disciplinas; muchos misioneros y otras agrupaciones han
echado bases como para propiciar respeto a las culturas indígenas
contemporáneas y muchos antropólogos, historiadores y funcionarios del Estado
han venido entendiendo la necesidad de trabajar conjuntamente, para aplicar una
política indigenista humanizada. Cada vez son más verdad las palabras de Jean
Mari Auzías de que "podemos considerar que todos los hombres no piensan de
la misma manera [y que] veremos en realidad que no piensan en las mismas
cosas"; o aquel mensaje de la revista Sic,
en 1980, de que "Un pueblo civilizado es el que sabe hacer su vida y la
hace…"[24]
Información en Internet
Citado: Enrique Alí González Ordosgoitti, en
“Lo Indígena Nuestro de cada día, en Revista
Familia Cristiana Digital, Año 29, Nº 19, Octubre.edu.2010. www.familiacristiana.org.ve
y http://ciscuve.org/?p=157 Strauss K. Rafael (1998). “Venezuela
Pre-Hispánica”, en: Fundación V Centenario. Repaso de la Historia de Venezuela.
Caracas. Comisión Presidencial V Centenario de Venezuela. Pags: 25-38.
Citado, con mi nombre cambiado: Velázquez,
Nelly cita “Venezuela prehispánica”, en Repaso
de la historia de Venezuela, Caracas, Venezuela: Comisión Presidencial V
Centenario de Venezuela, en su trabajo “Población indígena y etnohistoria en el
extremo oriental de Venezuela”, que está en Liminar. Estudios Sociales y
Humanísticos, vol. VIII, Nº 2, diciembre, 2010, pp. 89-105, Universidad de Ciencias
y Artes de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México.
Repaso de la historia de Venezuela. En varias páginas webs
escriben Reposa de la Historia de Venezuela: Fundacion y Centenario ... www.abebooks.com/Reposa-Historia.../bd
... Comision Presidencial Centenario de Venezuela; Caracas; Large
softcover/rustica in Spanish/Espanol. Corner creasing, pages neat and bright.
With Indice/Index and contributions from (Este Edicion Contiene Ponencias de:
Pedro Cunill Grau, Rafael Strauss, Aristides Medina Rubio, Guillermo Moron,
Fabricio Vivas, Pedro Manuel Arcaya, Manuel Rafael Rivero, Jose Luis Salcedo
Bastardo, Hector Bencomo Barrios, Graciela Soriano de Garcia-Pelayo, Tomas
Polanco Alcantara, Eleonora Gabaldon, Elias Pino Iturrieta, Carlos Enrique
Quintero Gamboa, Manuel Caballero, Maria Elena Gonzalez De Lucca, Lucas
Guillermo Castillo Lara, Rafael Fernandez Heres, Ramon J. Velasquez, Jesus
Sanoja Hernandez, Manuel Rodriguez Campos, Sanoja Hernandez, Anibel R.
Martinez, Simon Alberto Consalvi y Ramon Guillermo Aveledo. En http://www.abebooks.com/Reposa-Historia-Venezuela-Fundacion-Centenario/1390746324/bd
Idem información en eBay www.ebay.com/itm/Repaso...
-/360182514369 y también en Little, Sages Books Boeknummer: 004828 USD 29.95 [Appr.: EURO 23.25] Catalogus: Books:Spanish
[1] Nikos Dimadis, Embajador de Grecia en
Venezuela, en el Prólogo a Miranda y
Grecia, de Miguel Castillo Didier, Cuadernos
Lagoven, agosto 1986, Caracas, p. [5]
[2]
Sobre esta significativa variedad ofrecemos una síntesis de las Series
en nuestro trabajo, El tiempo
prehispánico de Venezuela. Edición de la Fundación Eugenio Mendoza en su
40º Aniversario, Caracas, 1992, pp. 71-75 y las cronologías respectivas están
en pp. 76-83.
[3] De la abundante información acerca de
nuestros petroglifos, pueden verse los trabajos de Bartolomé Tavera Acosta, Los petroglifos de Venezuela. Prólogo,
Miguel Acosta Saignes, Introducción a un análisis de los petroglifos
venezolanos. UCV, Facultad de
Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia. Caracas, 1956.
105 p. El Prólogo se reproduce en su Estudios
en antropología..., 1980, pp. 21-39; Jeannine Sujo V., El estudio del arte rupestre en Venezuela: su literatura, su
problemática y una nueva propuesta metodológica. UCAB, Instituto de
Investigaciones Históricas, Centro de Lenguas Indígenas (Serie Lenguas
Indígenas de Venezuela). Caracas, 1975. 228 p.; Rafael Delgado, Los petroglifos venezolanos. Prólogo,
Walter Dupouy. Monte Avila Editores (Colección Estudios). Caracas, 1976. 476 p.
Véase mi reseña a este libro, en Zona Franca, IIIª Ep., Nº 4:67-68,
noviembre-diciembre 1977. Caracas; Ruby de Valencia; Jeannine Sujo V.; Rafael
Lairet y Patrick Almiñana, El diseño de
los petroglifos venezolanos. Fundación Pampero. Cromotip. Caracas, 1987.
xvii + 389 p.; Manuel Pérez Vila, "Un persistente enigma: los
petroglifos". Venezuela Misionera,
Año XXXIV, Nº 393:30-31, enero 1972. Caracas. Sobre zonas vecinas a nuestro
país, puede verse C.N. Dubelaar, The
petroglyphs in the Guianas and adjacent areas of Brazil and Venezuela: An
inventary with a comprehensive bibliography of South American and Antillean
petroglyph. Institute of Archeology. Monumenta Archeologica 12, University
of California at Los Angeles, UCLA. Los Angeles, 1986. 327 p. 260 dibujos y
fotografías.
[4] Juan de Rivero. Historia de las Misiones del Casanare y los ríos Orinoco y Meta.
Madrid, 1973.
[5] Sobre el Maremare puede verse el trabajo
de M. Acosta Saignes, "El Maremare: baile del jaguar y la luna",
[1967] en su Estudios en Antropología,
Sociología, Historia y Folclor, 1980, pp. 283-299, donde recoge las
descripciones y comentarios de J. Liscano-Ch. Seeger, L. Oramas, M. Cardona, M.
de Civrieux, L. Alvarado, F. Carreño-A. Vallmitjana, F. Vera Izquierdo, R.
Olivares F. S. de Lima, J. C. Salas, G. Simpson, A. Turrado Moreno, A.
Rosenblat, F.S. Gilij y las versiones literarias de R. Gallegos y M. Otero
Silva.
[6] Otros bailes indígenas, aún vigentes en
la Venezuela de nuestros días, incluyen el yonna de los guajiros -mal llamado
chicha maya-, los bailes banivas como el yapururo, el del pilón, el del carrizo
y el curumare; los pemón como el tukuy, parichará, warepán, amanawica, aiyán,
chochimán, chimitín y el muruá; el tonjé de los yaruro, el pijiguao de los
guaica, el nahananuu, el habi-sanuka o baile de las maracas pequeñas; el
jubakaiamoni, el najakara, de los guarao. Detalles sobre estos bailes pueden
verse en Luis A. Domínguez y A. Salazar Quijada, Fiestas y danzas folklóricas de Venezuela, 1969, pp. 247-317 y en
las monografías etnográficas acerca de las sociedades indígenas de Venezuela.
[7] Alfonso Reyes; “Lo oral y lo escrito”, Al yunque, 1960, citado por Alberto
Rodríguez Carucci, en “El mito de Analivacá: recepción y transtextualidad”. Voz y Escritura. Revista de Estudios
Literarios, Vol. 2, Año IV, Nº 4-5, Mérida 1993-1994, pp. 59-78.
[8] Tulio Febres Cordero; "Canto
guerrero de los aborígenes de Mérida". Anales de la Universidad Central de Venezuela, Año XXII, t. XXII,
Nº 2, julio-diciembe 1934, Caracas, pp. 305-309. [Algunas bibliografías citan
como fuente de este trabajo, los Anales de la Universidad de Santiago de Chile,
Vol. XII (1934). pp. 305/309]
[9] Acerca del Modo de Vida Aldeano Cacical,
véase, principalmente, I. Vargas A., Arqueología,
ciencia y sociedad, 1990.
[10] Se recuerda a Naiguatá, Aricabacuto,
Guaicamacuto, Aramaipuro, Chacao, Paramaconi, Chicuramay, Caruao, Araguare o
Araguaire y el guerrero toromayma Caracaipa,
[11] Otros dirigentes mencionados son Doaca,
con quien se identificó la actual zona larense de Duaca; a Nigale, jefe zapara,
en la región zuliana; a Huyapari -con cuyo nombre los españoles asociaron al
río Orinoco y su área en 1531- y a muchos otros jefes como Caricuao,
Cuairicuarian, la cacica guaiquerí bautizada Isabel, el cacique oriental
bautizado Maturín; Morequito, Paryauta, Parnamacay, Pitijay, Sorocaima, Tiuna,
Tamanaco, Terepaima... y seguramente otros sepultados en las páginas de las
fuentes históricas, en documentos de archivo, en la memoria de sus
descendientes…
[12] Cit. por Miguel Acosta Saignes, en Historia de Venezuela. Epoca prehispánica.
Editorial Mediterráneo, España, [1967], pp. 128-129.
[13] Documento inédito citado por Andrés
Márquez Carrero, en La cultura indígena
tatuy del Estado Mérida, Venezuela. ¿Una raza más allá de los albores de la
prehistoria?. Edición Grupo Culturas "Puertas Abiertas"
[Publicaciones Tatuy], Mérida [Venezuela], 1974, pp. 59-61.
[14] Andrés Márquez Carrero; Op. Cit., pp. 92-93.
[15] Acerca de estas excavaciones véase: a) Cultura Universitaria, Nº 20-21:143,
julio-octubre1950. UCV. Caracas: "Octubre 9. III. Noticias sobre una
Misión Universitaria, por el profesor Miguel Acosta Saignes"
[conjuntamente con el Dr. Jesús Mata Gregorio y J.A. de Armas Chitty]; b) Cultura Universitaria, Nº 20-21:141,
julio-octubre 1950. UCV. Caracas. Julio 28 de 1950. "A las 6 p.m. en el
Salón de Conferencias de la Universidad Central tuvo lugar un acto en el cual
presentaron, respectivamente, sus informes preliminares los ciudadanos Dr.
Jesús Mata de Gregorio, J.A. de Armas Chitty y Dr. Miguel Acosta Saignes,
integrantes de la misión Arqueológica de Cubagua, que visitó esa Isla en viaje
de estudios. Abrió el acto el Dr. Julio de Armas, Rector de la Universidad
Central"; c) Boletín Informativo,
UCV, Año II, Nº 8:1, 12 diciembre 1955. Caracas. "La bandera de la
Universidad Central será izada en las ruinas de Nueva Cádiz". [Para la fecha, y costeados en su mayor parte
por la UCV, dirigía los trabajos de arqueología José M. Cruxent]; d)
"Viaje a Cubagua. La U.C.V. en Nueva Cádiz". Boletín Informativo, UCV, Año II, Nº 9:1,3,4-5, 18 enero 1956.
Caracas; e) "Buried city in venezuelan islands comes to view". Venezuela up-to-day, Vol. VII, Nº
1:10-11, may-june 1956. Washington, D. C.
[16] Otro ejemplo de excavación en un sitio
Indo-hispano, en E. Wagner, "La Ermita-El Rincón: Un yacimiento Indo-Hispano
en el Estado Trujillo, Venezuela". Boletín
Informativo, Departamento de Antropología, IVIC, Nº 5:11-18. Caracas, 1967.
[17] Para noticias más detalladas puede verse
Rafael A. Strauss K., El tiempo
prehispánico de Venezuela, ya citado.
[18] Algunos de ellos fueron: Agualo,
Cratáima, Chaigoto, Guerigueritar, Huyapari, Ivayéni, Mafilito, Maita, Maulera,
Patigurato, Quilifay, Taracoare y Anoantal. Para mayor información véase
nuestro libro El tiempo prehispánico de
Venezuela, ya citado.
[19] Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés;
"Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra-Firme del Mar
Océano". En: Venezuela en los
cronistas generales de Indias. Biblioteca de la Academia Nacional de la
Historia (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 58), Caracas, 1962.
Más detalles en Rafael A. Strauss K., El
tiempo prehispánico de Venezuela, ya citado.
[20] Pedro Borges, "La Iglesia americana
y los problemas del indio". En: Historia
de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas. Biblioteca de Autores Cristianos,
Estudio Teológico de San Indefonso de Toledo, Quinto Centenario (España), 2
tomos, Madrid, 1992, tomo I, p. 648.
[21] George M. Foster; Cultura y conquista: la herencia española de América. Universidad
Veracruzana, Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, 14, Xalapa,
México, 1962, p. 36.
[22] Pedro Borges , Op. Cit., t. I, p.
671.
[23] Elías Pino Iturrieta; Las ideas de los primeros venezolanos.
Monte Avila Editores Latinoamericana. Caracas, 1993, pp. 31-32.
[24] "Nuestras contradicciones y los
indios". Editorial. SIC, Nº
422, febrero de 1980, Caracas, p. 54.
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