El tiempo prehispánico en una cronología de
Venezuela©. Papel de trabajo que presenta Rafael A. Strauss K. en las Jornadas sobre Cronología de Historia de Venezuela, organizadas por
la Fundación Polar, Caracas, 5 y 6 de mayo de 1994.
Dentro de la idea de la
Fundación Polar de preparar una Cronología
de la Historia de Venezuela, presentamos como papel de trabajo un
lineamiento mediante el cual podría perfilarse lo correspondiente a la de
nuestro tiempo prehispánico. No incluimos aquí la prolijidad conceptual con la
que tal materia ha sido abordada por la arqueología, pero sí algunos de los
puntos clave a los que se ha llegado de manera científica y, por supuesto, lo
que se refiere a las cuatro épocas de nuestra historia antigua pero sin la
caracterización cultural de cada una de ellas. Asimismo, hemos procurado tener
en cuenta los dos aspectos sugeridos por el Comité Asesor para estas Jornadas,
cuales son El tiempo histórico de Venezuela y La universalidad y la
particularidad en un estudio de cronología histórica nacional.
Partimos de la idea de
que toda cronología implica una sujeción a la consideración del tiempo, el cual
no es sino la duración de las cosas sujetas a mudanza, o parte de esta
duración, o cada uno de los actos sucesivos en que se divide la ejecución de
una cosa. No en balde, el objeto de toda cronología es determinar -y mostrar-
el orden y fechas de sucesos. Se trata, pues, de una manera de computar los
tiempos.
En lo que se refiere al
tiempo prehispánico de lo que actualmente conocemos como Venezuela, se han
establecido cuatro períodos debidamente documentados para caracterizarlo.
Debidamente documentados, decimos, porque la disciplina arqueológica ha
recurrido a las más variadas técnicas de excavación, de organización del
material localizado, su fechamiento y las respectivas comparaciones, no sólo
para aprehender las realizaciones de quienes fueron los primeros habitantes de
nuestro territorio sino, además, para entender cómo fue sucediéndose el
tránsito de aquellas gentes hacia el panorama cultural visualizado en 1498,
fecha de arribo a nuestro ser antiguo de una nueva cultura. Aquel tránsito ha
sido objetivado principalmente por el estudio y análisis de los cambios
percibidos en los haberes tecnológicos, lo que de manera indudable incide en el
perfil del resto de los aspectos de la cultura, es decir, en la organización
social y política y en la concepción de lo estético, lo religioso, las
diversiones, la reproducción de la vida material y otros renglones no menos
significativos.
En este sentido se ha
podido precisar una secuencia evolutiva que se iniciaría con el hombre como
cazador que utiliza una tecnología muy sencilla, precisando, asimismo, que
nuestro tiempo prehispánico no funciona como una sucesión unilineal de
acontecimientos. "En realidad, si se conciben las etapas como niveles de
desarrollo, caracterizados por un modo de producción predominante... es obvio
que algunas 'etapas' son más bien contemporáneas puesto que aún pueden perdurar
en algunas áreas, mientras que en otras se han introducido innovaciones." [K.
Tarble y E. Wagner, "Prehispánico", en: Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, Caracas,
1988, 3 t., t. P-Z [III]:229.] Esta situación podría visualizarse en el mapa de
Areas Culturales de Venezuela Prehispánica propuesto por Miguel Acosta Saignes,
en el que una vez conocidas las características de cada área, es posible
establecer la diferencia que hacia principios del siglo XVI existía, por
ejemplo, entre los Warao del delta orinoquense, al oriente, y las sociedades agrícolas
del noroccidente y andes venezolanos.
En arqueología, sin embargo, el tiempo como una de las materias primas
para elaborar cronologías se relativiza pues la tendencia es la de no contar
con fechas absolutas. Es posible que lo absoluto esté en la secuencia lógica o
en la lógica de los acontecimientos transformadores que permiten ubicación e
impulso de las sociedades protagonistas. Parte de esta idea la desarrollan
Rouse y Cruxent cuando escriben que el fechamiento de nuestra historia más
antigua -excepto, quizá, algún sitio de lo que se ha llamado período Indo
Hispano- debe hacerse necesariamente por métodos arqueológicos, y han propuesto
como la mejor forma de aplicarlo el comportamiento temporo-espacial de un
componente característico "hallado debajo de un componente de otra
cultura, en cuyo caso uno puede concluir -dicen- que la cultura del componente
más bajo es anterior a la del componente que se encuentra más arriba." Se
refieren, asimismo, a la relación que puede establecerse entre restos de varias
culturas y hechos geológicos conocidos. [I. Rouse y J. M. Cruxent, Arqueología venezolana. Traducido del
inglés por Erika Wagner, de la versión original publicada por Yale University
Press, New Haven y Londres. Ivic, Caracas, [1966], p. 22.]
Otro método empleado es
el de la seriación o ubicación de un número de componentes en un orden lógico.
Esta alternativa, sin embargo, no permite establecer la edad de los elementos
que conforman la serie, a menos que se sea capaz de relacionarlos con otro
fenómeno que haya sido fechado. Es por ello, quizá, que el método de la
seriación sea más bien aplicable a sitios arqueológicos individuales, cuya
cronología ha sido también establecida y que puede ser insumo incorporable en
el trabajo sobre historias regionales que también se ha propuesto realizar la
Fundación Polar.
Finalmente, el
fechamiento -para lo cual han existido varios métodos, que aquí no abordaremos-
presentándose como el más idóneo el del Carbono 14, un aporte de la
investigación en química, y con el que ha sido posible "convertir la
escala relativa al calendario cristiano...". [I. Rouse y J.M. Cruxent, Obra citada, p. 26.] Con esta técnica
una buena cantidad de fechas proporcionadas por la arqueología han podido ser
precisadas de manera indudable, pues la experimentación en el laboratorio ha
permitido comprobar la datación en objetos fechados tanto arqueológica como
históricamente. Es el caso, por ejemplo, de las momias egipcias.
La confiabilidad de la
datación con Carbono 14 y el análisis minucioso de la lógica contenida en las
transformaciones tecnológicas significativas de nuestra antigüedad, han
permitido a la arqueología establecer que nuestro tiempo prehispánico puede
expresarse en cuatro Épocas, con la siguiente duración:
Paleo-Indio 15.000-5.000 aC.
Meso-Indio
5.000-1.000 aC
Neo-Indio 1.000 aC.-1.500 dC.
Indo-Hispano 1.500 dC. al presente
La Etapa Neo-India, de capital
importancia para nuestro momento prehispánico, ha sido visualizada en tres
períodos, cuyos cortes cronológicos han quedado establecidos así:
Neo-Indio
II
1.000 aC.-300 dC.
Neo-Indio
III 300-1.000 dC.
Neo-Indio
IV
1.000-1.500 dC.
La identificación con un III
romano del inicio Neo-Indio se explicaría porque la arqueología ha reservado
un I romano para un período de la etapa anterior y un V romano para un
período de la etapa Indo-Hispana.
La Cronología del tiempo prehispánico de Venezuela ha quedado
establecida, entonces, de la manera siguiente:
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_________________________________________________________
Época Períodos Fecha
_________________________________________________________
Paleo-Indio - 15.000-5.000 aC.
Meso-Indio I 5.000-1000 aC.
Neo-Indio II 1.000 aC-300 dC.
III 300-1.000 dC.
IV 1.000-1500 dC.
Indo-Hispano V 1.500 dC al presente
Aun cuando las
investigaciones arqueológicas han continuado, el fechamiento de nuestra
historia anterior al llamado momento del contacto no ha sido modificado en su
esencia y se utiliza como marco seguro de referencia. Años más, años menos,
las cronologías antiguas regionales pueden ser ubicadas dentro de este marco
general, una de cuyas bondades es la aprehensión de la lógica con la que se
mueve nuestro tiempo prehispánico, amén de que el marco general permite
que nuestra historia más antigua pueda visualizarse, sin mayores
complicaciones, dentro de marcos cronológicos más amplios como por ejemplo el
de la historia antigua del continente americano.
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