Universidad y Cultura Popular, por Rafael Antonio Strauss K.© [publicado en Gaceta APUCV/IPP, Órgano Informativo de la Asociación de Profesores y del Instituto de Previsión del Profesorado de la UCV, Año 10, Nº 61, septiembre-diciembre 1989, Caracas, pp. 12-13.1990.]
A pesar de la significativa cantidad de consideraciones y de encuentros que desde hace más de diez años se han venido realizando nacional y localmente en torno a la significación, concepto, alcance y otros matices de la cultura popular, esta expresión continúa siendo víctima de un enmarañamiento limitante. Uno de los resultados más conspicuos de esa situación es que dicha expresión la aumentado la tendencia polisémica con la que siempre ha sido manejada; pero este enriquecimiento, lejos de haber servido como motivación para la discusión de términos y expresiones en el ámbito del conocimiento, ha hecho que la expresión cultura popular se convierta en un dictum vacío, con significados personales tanto para el intelectual y/o investigador que la utiliza en sus reflexiones, como para el "grupo cultural" que la usufructúa, más como manera de "darle seriedad al espectáculo y al trabajo", que como legitimación de un contenido conceptual cuyo producto es, esencialmente, un evento artístico.
A este proceso ha contribuido en hecho de una suerte de necesidad por contraponerse a esa visión folklorizada de nuestra tradición, emitida particularmente por personeros y por entes oficiales, en cuyas manos -no siempre idóneas, por cierto- ha estado el estudio y difusión de "lo nuestro" desde hace poco más de cuarenta años. Dicha necesidad ha surgido, esencialmente, en sectores, agrupaciones e individualidades que mediando la década de los setenta nos erigimosmás que en críticos, en promovedores de "algo diferente a lo que en ese campo tradicionalmente se ha hecho en este país". Lo que se quería hacer, en el fondo -y esto podemos afirmarlo a esta altura del recorrido- era contrarrestar lo que se calificaba como trabajo deficiente hecho por esos organismos oficiales como el Instituto Nacional de Folklore, el Museo Nacional de Folklore y el Instituto de Etnomusicología y Folklore; y si bien hubo suficientes argumentos para actuar de aquella forma, también se evidenció que esa crítica en proceso carecía de método, de objetivos precisos... Los pocos que se tuvieron fueron canalizados, por lo mismo, hacia actitudes tan limitadas y limitantes como aquella del "rescate de la identidad nacional", frase que además de pavosa y de cursi tuvo el poder de distraer cualquier otro objetivo que no fuese el simple rescate por el rescate mismo de lo que se estaba perdiendo, etc., etc. Ante este muro se estrellaron innúmeros proyectos, que fueron canalizados, entonces, hacia "el espectáculo como subsistencia personal y de la agrupación" y hacia otros matices más comercializados que aquí no abordaré. En pocas palabras: se criticaba pero no se sabía por qué, y en las oportunidades que se tuvo, por lo menos para decirlo, pocos fueron los que pudieron entender la índole de los planteamientos críticos. Parecía como si estas cosas se hacían porque se intuía, más que se sabía, que las cosas no andaban lo bien que debieran. Otra de las razones que aprecio como limitantes de esta buena oportunidad, ahora perdida, es que el área folklore-cultura popular, salvo en contadas excepciones -que más bien trabajaron como individualidades- no había sido objeto de una reflexión profunda. Hacia la década de los ochenta una afortunada suma de circunstancias propició la magnífica posibilidad de proponer no sólo la supresión de aquellos entes oficiales que han resultado poco útiles a la cultura del pueblo venezolano, sino que, además, tal propuesta estaba acompañada por una metodología sólida y experimentada proveniente de la práctica universitaria en sus viejos pero dormidos vínculos con el acontecer cultural de su pueblo. Este proyecto, por razones que presiento pero que desconozco, cayó en manos de los viejos esquemas que pretendíamos sustituir. Sentí que la universidad venezolana había sido nuevamente menospreciada, mas no doblegada.
Los intentos por reflexionar más profundamente en torno a eso que llamamos cultura popular han continuado sucediéndose. No he visto resultados que permitan diferenciar lo que en aquéllos se ha producido de lo que en realidad y en definitiva continuamos teniendo. Quiero decir, que no habido avances que puedan considerarse significativos; y esto es tan cierto, que la expresión cultura popular ha venido sirviendo para calificar muchas cosas pero que en realidad no significa nada, excepto, quizá, la actitud eventista con la que se ha continuado abordando el asunto cultura popular. Considero que si bien este eventismo es saludable en cuanto que involucra una actitud pedagógica e histórica al enseñar y preservar, respectivamente, una parte significativa de la tradicional creatividad popular nuestra, no es menos cierto que desde hace ya bastante tiempo eso que llamamos cultura popular de Venezuela está necesitando de un remozamiento por la también saludable y nutritiva vía de la reflexión que no escatime esfuerzos ni se distraiga en espectáculos, en eventos... Esta vía permitiría, entre otras cosas, acercarnos al diseño de una teoría que enmarque la materia cultura popular de y en Venezuela.
La universidad, por definición, por su propia naturaleza, es el espacio idóneo para dicha tarea. En la mayoría de las universidades venezolanas existe material acumulado y personas cuya calidad, propuestas y trabajo permitirían basamentar aquella labor de recopilación, difusión, reflexión de y sobre lo popular venezolano,en conjunción necesaria con especialistas y organismos oficiales que por no haber contado con la guía insustituible de la universidad, no han hecho las cosas como deben ser hechas estas cosas del hombre, de la ciencia, de la naturaleza... Este sector tiene, por ejemplo, material que a pesar del calificativo de etnográfico que debemos darle, no dejan de significar un reporte de hechos irrepetibles.
En la Universidad Central, concretamente, se ha dado un pequeño paso: la reciente constitución de la Cátedra de Cultura Popular Miguel Acosta Saignes, dependiente de la Dirección de Cultura. Uno de sus objetivos está siendo trazado por la vía de aquella reflexión a la que hacía referencia, además de que entre sus planes inmediatos está el intento de aglutinar trabajos, estudiosos y voluntades que, esencialmente, han exhibido una dispersión, producto, quizá, de la carencia de un espacio idóneo -que en Venezuela no existía- que los reuniera. Con anterioridad a dicha Cátedra propuse a las escuelas de Historia, de Educación y de Bibliotecología y Archivología, de la Facultad de Humanidades y Educación-UCV, lo que llamé Cedecupo o Centro de Documentación y Estudio de la Cultura Popular y que en estos momentos intentamos asimilar como uno de los pilares de la Cátedra Miguel Acosta Saignes.
Me gustaría finalizar estas cortas reflexiones expresando mi convicción sobre el papel de la Universidad en cuanto al rescate y reactivación de la capacidad de pensar y de transformar del venezolano; y en eso amplio que llamamos cultura popular siempre he vislumbrado una veta cuya potencialidad de creatividad es necesario conjugar en presente.
Los intentos por reflexionar más profundamente en torno a eso que llamamos cultura popular han continuado sucediéndose. No he visto resultados que permitan diferenciar lo que en aquéllos se ha producido de lo que en realidad y en definitiva continuamos teniendo. Quiero decir, que no habido avances que puedan considerarse significativos; y esto es tan cierto, que la expresión cultura popular ha venido sirviendo para calificar muchas cosas pero que en realidad no significa nada, excepto, quizá, la actitud eventista con la que se ha continuado abordando el asunto cultura popular. Considero que si bien este eventismo es saludable en cuanto que involucra una actitud pedagógica e histórica al enseñar y preservar, respectivamente, una parte significativa de la tradicional creatividad popular nuestra, no es menos cierto que desde hace ya bastante tiempo eso que llamamos cultura popular de Venezuela está necesitando de un remozamiento por la también saludable y nutritiva vía de la reflexión que no escatime esfuerzos ni se distraiga en espectáculos, en eventos... Esta vía permitiría, entre otras cosas, acercarnos al diseño de una teoría que enmarque la materia cultura popular de y en Venezuela.
La universidad, por definición, por su propia naturaleza, es el espacio idóneo para dicha tarea. En la mayoría de las universidades venezolanas existe material acumulado y personas cuya calidad, propuestas y trabajo permitirían basamentar aquella labor de recopilación, difusión, reflexión de y sobre lo popular venezolano,en conjunción necesaria con especialistas y organismos oficiales que por no haber contado con la guía insustituible de la universidad, no han hecho las cosas como deben ser hechas estas cosas del hombre, de la ciencia, de la naturaleza... Este sector tiene, por ejemplo, material que a pesar del calificativo de etnográfico que debemos darle, no dejan de significar un reporte de hechos irrepetibles.
En la Universidad Central, concretamente, se ha dado un pequeño paso: la reciente constitución de la Cátedra de Cultura Popular Miguel Acosta Saignes, dependiente de la Dirección de Cultura. Uno de sus objetivos está siendo trazado por la vía de aquella reflexión a la que hacía referencia, además de que entre sus planes inmediatos está el intento de aglutinar trabajos, estudiosos y voluntades que, esencialmente, han exhibido una dispersión, producto, quizá, de la carencia de un espacio idóneo -que en Venezuela no existía- que los reuniera. Con anterioridad a dicha Cátedra propuse a las escuelas de Historia, de Educación y de Bibliotecología y Archivología, de la Facultad de Humanidades y Educación-UCV, lo que llamé Cedecupo o Centro de Documentación y Estudio de la Cultura Popular y que en estos momentos intentamos asimilar como uno de los pilares de la Cátedra Miguel Acosta Saignes.
Me gustaría finalizar estas cortas reflexiones expresando mi convicción sobre el papel de la Universidad en cuanto al rescate y reactivación de la capacidad de pensar y de transformar del venezolano; y en eso amplio que llamamos cultura popular siempre he vislumbrado una veta cuya potencialidad de creatividad es necesario conjugar en presente.
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