Aquiles me
atrapó con su creencia en los poderes creadores del pueblo, por Rafael Antonio Strauss K. ©
Montaña cabizbaja... repercusión de gigante aun más grande que su propia
paciencia, se me ocurre entregarle este baúl con palabras y signos
ortográficos, redundando, quizá, en esos aleteos disonantes con los que las
angustias han querido alejarnos... y nosotros aquí, clandestinamente pertrechados, casi sin municiones, se nos acaba el agua, adoloridos pies nos
atormentan, las manos, nuestras manos que casi sangran de tanto ordeñar piedras
y apartar pajonales que lastiman. Casi que por dentro nos circulan las furtivas
miradas de pobrecito; ahí va el artista del pueblo, pobrecito...;
casi que nos ahoga la ignominia de quienes quieren ser a costa del cadáver en
el que han querido convertirnos... Casi que me da miedo continuar de anormal en
esta vida que parece estar hecha para comprarse cosas y exhibirlas con uno
adentro, o al lado, como un pobre museo de miseria... Pero te conocí, cuando
debía ocurrir, y me senté a escuchar sus fábulas de Luksic, sus cuentos de
montaña gigante y me fui haciendo niño entre sus manos y pude entrar al cielo.
Usted también me conquistó para la historia y cuando vi su mundo los pies
cansados se me embicicletaron y las paredes de su espacio y el techo de su cuarto
me comenzaron a circular por la mirada.
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