"Un día el hombre hará correr un
ferrocarril sobre un rayo de luz"… Luis Luksič y Chuo Galindo, por Rafael Antonio
Strauss K. Texto del Catálogo para la exposición “Pinturas y otras cosas”,
Congreso de la República, Edificio Administrativo, 11-21 junio 1985.©
Él es inmenso, como ese niño que dibuja un ave en su hermoso
cuento La garza blanca. Anda como ese niño: con un pedazo de tiza, jugando con
colores sobre papeles y paredes y tablas y lienzos… Es grandote, tan grande que
he llegado a sentir que no me cabe en la mirada y uno se pone a hurgar en su
memoria y el ritmo pausadísimo y melódico de su voz en palabras ha dibujado va
dibujando cuentos y aparta un poco sus gruesísimos dedos envueltos con pinceles
y uno no sabe si esa sonrisa que lo habitara ante la blanca superficie de lo
que será un cuadro se quedó en él o le anda revoloteando dentro de los
bolsillos y mientras se apea de su banco, que es como un magnífico caballo que
come y dice tanto como su dueño, uno recuerda a Chaplin: dos ojitos cerrados
entrecerrados como tristes, reflexionando sobre su próxima seria travesura…
Porque Lucho es travieso, como si fuera un mago… que ha tenido de todo para
todos, menos para sí mismo y es que, definitivamente, su artificio de mago es
más para el arte, para la creación, para ampliar y estirarla ese pedazo de
alegría que le han dejado al Hombre… Lucho parece liberado del misterio de la
vida y esa quizá sea la razón de que uno de repente lo vea volando en
papagayos, enredado en sus colas, y una vez, en su casa, abrimos una lata de
sardinas y dentro estaba Lucho peleándose con ellas un espacio decente y Lucho
se la pasa metido en las carpetas donde Néstor Curra y yo hemos organizado sus
trabajos y Luis Ramos comenta que cuando revelaba las fotos que de Lucho
tomaron, la imagen de este viejo magnífico aparecía desaparecía como un juego
dialéctico de omnipresencia siempre y Wilfredo Roche se estuvo muchas horas
poblando de brillos aerolíticos un rostrobicicleta de papel en novedosa tarjeta
de invitación a todos… y Emilio Gómez anduvo construyendo un diseño y logró
montar a Lucho en un caballo blanco dentro de una suerte de cartón acarpetado
que cuando se abre habla y se alimenta de uno. Lucho se ha comido a la gente,
se alimenta de gente en un nuevo concepto antropofágico. El libro que ha sido
diseñado reproduce de alguna manera ésta y otras cosas de lo que Lucho es: dos
cubiertas que se abren y un sistema denominado papiroflexia no sólo se
amplía-se recoge-se amplía sino que adentro una suerte de papirofagia ofrece en
permanente digestión nutritiva una parte de los escritos más recientes de
Lucho.
La temática de su pintura proviene indudablemente de su
propia, rica, larguísima experiencia… Ella es su pintura: un reflejo fiel de
esa realidad de la que se confiesa producto. Es por ello que sus figuras,
fácilmente reconocibles, muestran lo simbólico y lo emblemático de la realidad
que se desea plasmar. Lucho pinta –lo confiesa–
porque el universo está lleno de formas pero en sus representaciones no
se pierde en fantasía, no se demora en curiosidades sino que marcha de frente
con todos los conocimientos de su época, los asume como experiencia que son,
como nutrientes de una creación plástica que en las manos e intencionalidad de
Lucho se transforman en pintura social. Buena parte de su arte está inscrita en
esa escuela de pensamiento, pero sus propias reflexiones como artista lo han
venido inundando de otros elementos y otras resoluciones no menos válidos, de
tal manera que su pintura más reciente podríamos inscribirla dentro de lo
abstracto figurativo: la primordialidad es de la figura que expresa
situaciones…; figura y situaciones son acompañadas de cierto abstraccionismo,
por darle nombre a una especie de desprecio de la lógica por la exaltación de
la fantasía individualista, que es aporte. No quisiera, empero, continuar
etiquetando la obra de un ser humano. Deténgase usted, y reflexione; creo vale
la pena desentrañar este prodigio de arte, que uno presiente aquí habitado de
surrealismo, incompleto en los cuadros, total en sus escritos. Mi poesía es un poco surrealista, me ha
confesado Lucho. Quizá. Soy totalmente
consecuente con la actitud figurativa, me dijo hace algún tiempo. Es
posible. Lo más cierto, definitivamente, es que Lucho inspira una gran ternura,
un recio estar ahí desglosando con su sola presencia lo que con él la vida se
ha empeñado en hacer y es tal la forma que Lucho tiene de transferirse en uno
que uno se siente grande habitado por él, repletado de amor y es que Lucho,
entre otras tantas cosas, está poblado de niños, de tanta gente…
¡Cuán grande es recuperar idóneamente
para el mundo el hecho creativo! ¡Cuán necesario es oponerse al olvido! ¡Cuán
importante para el Hombre de ahora es dar a conocer a quienes valientemente nos
precedieron, como personajes magníficos; como Lucho que vuelve a las andadas, a
sus perennes serias travesuras, de ser humano artista con su mensaje que
consiste en amar a la gente, en tenerla presente, en acoger abuelamente a todos
nuestros niños para contarles cuentos, para construir andamios de colores y
palabras y alambres… porque los niños, definitivamente, son la esperanza de
esta Latinoamérica que será más hermosa cuando encontremos su guardada
libertad!
Algunas
referencias en Internet
EXCELENTE...
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