sábado, 19 de noviembre de 2016

Navidad en Venezuela, por Rafael Antonio Strauss K.

Canturía Navideña Venezolana, por Rafael Antonio Strauss K. Texto del folleto encartado en el LP Canturía Navideña Venezolana, hecho por Venezuela Un Solo Pueblo para la Alcaldía de Caracas, Caracas, 1992.

¿Cuándo nació el Niño Jesús y cuándo la costumbre de celebrar su nacimiento? Durante mucho tiempo se aceptó como fecha el 6 de enero. Se argumentaba, principalmente, que el nacimiento de Jesús no pudo haber sido en diciembre, mes de frío y lluvias en Judea, lo que haría difícil que los pastores tuvieran a sus rebaños a campo abierto, según lo refiere el Evangelio. El 25 de diciembre, sin embargo, fue aceptándose, quizá por sus vinculaciones con acontecimientos divinizantes que provenían de la antigüedad, tan trascendentales para aquellos pueblos como lo sería para el mundo el nacimiento de Jesús. El 25 de diciembre corresponde al solsticio de invierno o día en que el sol parece detenerse en su descenso para comenzar a elevarse de nuevo en el firmamento; los días se alargan y renace la esperanza de la primavera. Es posible que esto explique la importancia que en la mayoría de estos acontecimientos cobra la presencia de árboles con características místicas especiales y, en algunos casos, la de cuevas o grutas.

La significación cultural atribuida a este hecho astronómico es universal, así como su estrecha vinculación con nacimientos y festejos de figuras mitológicas e históricas. Persas, egipcios, fenicios, sirios, griegos, romanos, hindúes, aztecas, incas..., conmemoraban el 25 de diciembre o en fecha equivalente, lo que en general se interpretaba como el parto de la Reina de los Cielos o Virgen Celestial y el nacimiento de su Hijo Solar. Los antiguos egipcios, por ejemplo, fijaban la preñez de Isis, la Virgen Reina de los Cielos, en el mes de marzo y el nacimiento de su hijo Horus a fines de diciembre, y no sólo se adoraba a una Madre Virgen, sino que se presentaba a los fieles la efigie de un recién nacido acostado en un pesebre. Osiris, deidad egipcia, fue también hijo de una Virgen Santa y nació un 25 de diciembre. Según algunas narraciones, Buda nació también en esa fecha y su concepción no se debió a sexualidades a pesar de que su madre era casada. El 25 de diciembre, los antiguos germanos encendían la Hoguera de Yule durante el solsticio de invierno y entre los antiguos escandinavos se celebraba en esa misma fecha la principal fiesta del año, y Frey, hijo de Odín y Frigia, nació asimismo un 25 de diciembre. Los druidas –clase sacerdotal de los antiguos galos y británicos– celebraban ese mismo día su fiesta anual del fuego, con vistosas hogueras en lo alto de las montañas de su entorno.

Entre los griegos, Adonis, Heracles y Dioniso –llamado El Salvador y cuyo nombre significa El que nació dos veces– nacieron de una virgen un 25 de diciembre. Dioniso aparece como dios de las almas y se le asocia con la procreación, la muerte y la resurrección y su fiesta se celebraba en la noche del solsticio de invierno con gran profusión de antorchas. Adonis representó la muerte y la resurrección anual de la vida total de la naturaleza, por lo que durante las sequías, se lloraba su muerte al son de flautas y su efigie era lavada con agua purificada, ungida con aceite y cubierta con una túnica roja. Entre los maipure, sociedad indígena del tiempo prehispánico venezolano, existía la tradición de que Tapanimarru, virgen e inmortal, se había convertido en el capricho de Purrunaminari quien con sólo desearlo y sin que jamás la tocara, hizo que la virgen concibiese y pariese a Sísiri. Dice el cronista Gilij que en este relato se ven verdades que no tienen necesidad de glosas de mi pluma, aludiendo, sin duda, a la semejanza con la tradición del nacimiento del Hombre-Dios.

En Roma, finalmente, se celebraban las llamadas saturnales desde el 21 de diciembre hasta el final del año y el 25 se conmemoraba el nacimiento del Sol Invicto, nombre de Mitra, dios solar persa y sirio, cuyo culto se extendió por todo el Imperio Romano, con tal fuerza que la fecha del nacimiento de Jesús se hizo coincidir –en el año 350– con la del nacimiento de aquel dios, de modo que se ajustara al solsticio de invierno y reemplazara las fiestas en su honor. Esencialmente, se consideraba que a través de Mitra se conseguía la salvación y la inmortalidad del alma. De hecho, la mayoría de los estudiosos de las religiones consideran que Mitra fue en los primeros siglos de nuestra era el principal rival del cristianismo.

La navidad venezolana vino de España

El aporte español, que se inicia en el siglo XV con lo que hemos denominado encuentro mutuo con lo nuevo, es el más significativo en nuestro modo de vida. Por razón de sus propias culturas –no cristianas– ni el indígena ni el negro esclavo, hicieron aportes significativos a la esencia de la fiesta navideña, excepto de algunos elementos que terminaron fusionados con la nueva cultura, como la chicha de maíz de nuestras zonas andinas, algo del espíritu navideño y, probablemente, lo que entre los orinoquenses prehispánicos se llamaba yayaca, que era un panecillo de harina de maíz, alargado, que se solía hervir envuelto en hojas y que era usado por muchos españoles.

La misma España tiene en la versión de su navidad tanto influencias fuereñas como las reelaboraciones que ocurrieron dentro de su territorio. Sin embargo, es a través de España como llegan a los territorios en donde impone su cultura de conquista los componentes básicos de nuestra navidad, de carácter esencialmente cristiano. Esta esencialidad se implantó en Venezuela y como en todo proceso transculturador, cualesquiera hayan sido sus grados, la totalidad de la conmemoración navideña comenzó a expresarse con el carácter, los materiales, sentimientos y suministros de la 'regionalidad' y particularidades culturales del tiempo prehispánico de nuestro territorio, las de la misma España y su fusión en los procesos siguientes. Esto es lo que antropológicamente nos permitiría hablar de navidad andina, oriental, llanera..., situación expresada en la famosa cuarteta: Si la Virgen fuera andina / y San José de los Llanos, / el Niño Jesús sería / un Niño venezolano. Lo que recibimos a través de España, es la esencia de la elaboración cristiana del culto al nacimiento del Hombre-Dios, del Cristo, del Niño, de Jesús..., esencia a la que se fueron añadiendo las reinterpretaciones que ahora caracterizan la navidad latinoamericana, tal y como ocurrió, por ejemplo, en los Estados Unidos de Norteamérica y parte del Canadá con la esencia anglosajona de la navidad.

Perfil general de la navidad en España y en Venezuela

En España la temporada navideña comienza el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, con la presencia de grupos que cantan villancicos y el inicio de las ventas de ciertos alimentos como el turrón de miel y almendras y el mazapán –del árabe mahsaban– y las de figurillas de arcilla y de cartón para la confección de los nacimientos, pesebres, belenes o pastorets. A aquellos cantadores se les llama en Andalucía y Extremadura pandas, cuadrillas, pastorales o campanilleros –debido a las campanillas que portan– y en las Islas Canarias, los divinos. Al salir a las calles tienen la esperanza de que los dejen entrar a la casa a cuyas puertas tocan y cantan y se les dé un aguinaldo. Los instrumentos musicales en los villancicos consisten en un tambor de fricción o zambomba, triángulos, panderetas, campanillas, carraca, timples, pajaritos de agua, panderetas, bandurrias, guitarras y el almirez –del árabe almihree– que es una especie de mortero de metal. La zambomba identifica a un instrumento de barro cocido o de madera, hueco, abierto por un extremo y cerrado por el otro con una piel muy tensa que tiene en el centro un carrizo bien sujeto a manera de mástil, que frotado de arriba abajo y de abajo arriba con la mano humedecida, produce un sonido fuerte y ronco. Nuestro furruco sería, fundamentalmente, una especie de zambomba. La carraca, por su parte, es un instrumento de madera en que los dientes de una rueda levantan una o más lengüetas y producen un sonido seco. Es también un tubo de hojalata sobre cuyas corrugaciones se raspa un palillo o una escobilla de alambre. Algunos se preguntan si este instrumento no es de introducción afro-americana, recordado en nuestra charrasca de madera y otros instrumentos semejantes como los calabazos con muescas que se encuentran principalmente en el área caribeña. En las Antillas se da el nombre de carrasca a un bordón o pedazo largo de madera con muescas, que se raspa con un palillo para llevar el compás y que ha sido considerado como aporte musical negro de América.

Finalmente, algunos diccionarios de música dan como sinónimo de charrasca al güiro indígena. La pandereta o pandero es un instrumento rústico formado por uno o dos aros superpuestos, con sonajas o cascabeles; uno de los lados o ambos están cubiertos con piel lisa y tensa y se toca haciendo resbalar uno o más dedos por dicha piel o golpeando el pandero con los dedos o con toda la mano. El sustituto venezolano de la pandereta sería nuestro chapero y su construcción debe ser tan reciente como la introducción en Venezuela del refresco embotellado.

El villancico es una composición poética popular de carácter profano o religioso procedente de España que se canta en las iglesias con motivo de la Navidad y otras festividades. El estribillo entero o varios de sus versos pueden repetirse después de cada estrofa. Según Menéndez Pidal el villancico provendría del zéjel, un estilo de estrofa lírica árabe, de tres versos monorrimos con estribillo y un cuarto verso de igual rima que el estribillo, que tuvo amplia difusión por Europa, a lo que podría deberse la semejanza entre el villancico español y la villanela italiana. Su presencia en las canciones populares es significativa y fue retomado con maestría y riqueza insuperables –al decir de Pidal– por los poetas españoles del Siglo de Oro. Los villancicos más antiguos aparecen en el Cancionero Musical, siglo XVI. A partir de entonces fueron convirtiéndose en himnos de carácter festivo incorporados de lleno a las celebraciones religiosas navideñas españolas, caracterizándose por coplas interpretadas por solistas, con introducción y conclusión corales, a manera de estribillo. En América Latina se utiliza poco el vocablo villancico, que en Puerto Rico, México y Venezuela se sustituyó por el de aguinaldo, palabra que significa, además, el regalo que se da a otro o que otro espera de uno en la temporada de Navidad o en la fiesta de los Reyes Magos.

El vocablo aguinaldo, que algunos piensan que provendría del francés aguiland o regalo, no es utilizado en España. Lisandro Alvarado lo incorpora a su obra lexicográfica y define aguinaldero, aguinaldera, como "Concerniente a los aguinaldos de navidad" y como "pedidor de aguinaldos". Se apoya en textos de Urbaneja Achelpohl, quien escribe: “Bullanguera y expansiva, se llegó la comparsa de aguinalderos" y "Se apiñaban a los pies del pesebre en espera de una comparsa de aguinalderos que de puerta en puerta iban saludando los retablos con sus villancicos, simples y añejos."

El vocablo aguinaldo se incorpora en Venezuela a la denominación de Misas de Aguinaldos, o Novena de Navidad, que preceden a la Misa de Gallo, con la que la Iglesia Católica conmemora el nacimiento del Niño. Esta costumbre de las misas navideñas fueron, a nuestro modo de ver, sobrevivencias de formas evangelizadoras en tiempos coloniales. El vocablo aguinaldo se usó también para designar un juego de compromisos, sellado por dos personas entrelazando en gancho sus dedos meñiques, y pertenecía, por lo general, al mundo de la escuela y al del sector donde se residía. Palito en boca, Híncate Cotín o Cotí, Limpiar el asiento antes de sentarse, Contestar sí cuando lo correcto era contestar no, o viceversa, Hablar y no contestar o el Arrodíllate..., son algunos de los que recuerdo.

El elemento navideño que ha permanecido incólume ante los cambios generalizados sufridos por la cultura navideña, quizá sea el pesebre. Lo encontramos en todo el mundo cristiano y su origen está en Italia y pasa a América a través de España.

Las primeras figuritas, de arcilla, llegan a España hacia 1448 y provienen de Nápoles, donde se representaba el nacimiento del Niño únicamente en las iglesias. Las figuras comenzaron a fabricarse en España en el siglo XVI, y en el XVII los escultores más reconocidos las fabricaban en cera y en madera. La popularización del pesebre tuvo lugar en España a finales del siglo XVIII: cuando Carlos III dejó el trono de Nápoles para llegar a España como Emperador, se trajo consigo su gran afición por los nacimientos y como regalo al Príncipe de Asturias, su hijo, encomendó a artistas valencianos la confección de figuritas especiales.

Esta costumbre echó raíces entre los miembros de la nobleza, quienes encomendaron obras semejantes a famosos tallistas y escultores. Las figurillas solían reproducir personajes bíblicos relacionados con el nacimiento del Niño y escenas de la vida cotidiana.

Un proceso quizá más rico se dio en América a partir de la conquista y colonización española al irse sumando la riqueza creativa artesanal que fue caracterizándonos a medida que se producían las fusiones culturales extraordinarias que nos conformaron como hispanoamericanos. La regionalidad de nuestra cultura aportó al pesebre no sólo sus elementos materiales en los que se resolvía la fe colectiva y la individual, sino también el comportamiento ritual y festivo que los procesos de transculturación fueron diseñando hasta hacerlos característicos de cada zona. El venezolano de nuestros días no ha renunciado a la costumbre de "poner el pesebre", incorporándole como compañeros del escenario navideño el arbolito y otros adornos de más reciente introducción. Esto último particularmente en el entorno urbano, en donde se depende cada vez más de la industrialización de la navidad. En el ámbito rural y en el menos urbanizado, aún se dispone de espacio y tiempo suficientes para que la tradición del pesebre se explaye en toda su dimensión creativa.

La música y la mayoría de nuestras costumbres populares navideñas se mantienen esencialmente apegadas a sus entornos culturales originales y a la tradición que es la mejor garantía para la permanencia de la cultura popular. Muy vinculadas a lo que en Venezuela se entiende como modo de vida del interior del país, las investigaciones de Un Solo Pueblo y de otros estudiosos han encontrado expresiones musicales y literarias con las que el pueblo venezolano conmemora el nacimiento del Niño según sus propias elaboraciones, siempre apegadas al sentido del proceso de evangelización puesto en práctica por España, en el que el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo fueron y son puntales importantísimos. Como en otros aspectos de este proceso de imposición/ reelaboración de cultura, surgieron matices y una regionalización fácilmente perceptibles, aún vigentes, en los que fueron influyendo el medio ambiente, las características culturales de nuestras sociedades prehispánicas y las del negro esclavo, además de los aportes, en realidad menores, definidos por las migraciones de las que Venezuela ha sido objeto y su particular condición de país petrolero dependiente.

Las fiestas de la Navidad venezolana

La conmemoración venezolana de la navidad se manifiesta en cinco festividades esenciales: la Novena de Navidad o Misas de Aguinaldos, la Nochebuena, el Día de los Santos Inocentes, la Adoración de los Reyes Magos y la celebración de Nuestra Señora de La Candelaria, el 2 de febrero, con la que concluye el ciclo navideño.

Durante un mes aproximadamente, 1 de enero-2 de febrero, se celebra en casi todos los pueblos de nuestros Andes y en algunos del piedemonte andino la Paradura, Robo y Búsqueda del Niño, tres fiestas que reproducen el mensaje bíblico acerca de la infancia del Cristo –el Niño perdido y hallado en el templo–, no sin antes haberlo puesto de pie y hecho caminar, como a cualquier niño, en el ritual de la Parada o Paradura y para lo cual se le nombran padrinos. Con estas celebraciones se ratifica la idea de la humanización del Niño-Dios y su reincorporación permanente tanto al seno familiar como a la comunidad. Durante ellas se entonan cantos de tonos, décimas y el del rosario, además de que se efectúa una serenada o procesión de la imagen del Niño en manos de sus padrinos y rodeado del pueblo.

El 28 de diciembre se celebra en varios lugares del país el Día de los Inocentes, con fiestas colectivas. Además de los llamados juegos de inocentes o bromas a familiares, amistades y público en general para hacerlos "caer por inocentes", es costumbre que algunos disfrazados de mamarracho recorran carreteras y lugares poblados, haciendo travesuras y pidiendo dinero. Son las fiestas de Locos y Locainas.

En algunos sitios como Canoabo, Carabobo, se improvisa una representación teatral protagonizada por un hombre vestido de mujer, quien en medio de situaciones jocosas pide dinero para su hijo enfermo... En Caicara de Maturín se celebra el Baile del Mono, con música especial para esta ocasión, como ocurre también en Sanare y Guarico, Lara, donde se monta La Zaragoza. En Agua Blanca, Portuguesa, existe para el 28 lo que denominan el Juego de la Locaina, en el que se ha conservado, como en la zaragoza, lo que al parecer es una jerarquía, que se expresa en la indumentaria de los participantes. En esta versión de Portuguesa se utiliza el cacho como instrumento musical importante, lo que posiblemente la vincule con ancestros indígenas.

Otra importante fiesta navideña es la que recuerda la adoración de los reyes al Niño en el pesebre de Belén. En muchos pueblos de Venezuela suele conmemorarse este hecho con una representación teatral, para la cual tres hombres se disfrazan según la imagen que de los Reyes Magos ha proporcionado la Biblia, la Historia Sagrada y la tradición popular, y adoran al Niño en los pesebres de calle o de la iglesia. Esta fiesta no tiene música especial pero sí una vistosidad sorprendente.

También en relación con la adoración al Niño, esta vez por parte de pastores, se dan en Venezuela otras fiestas de carácter teatral. Su fecha varía y pueden celebrarse antes del 24 de diciembre, como en El Limón, Aragua, o bien durante la Misa de Gallo o el Día de Reyes, como en San Miguel de Boconó, Trujillo, donde a los pastores se suman otros personajes, disfrazados con ropas viejas. En San Joaquín, Carabobo, los pastores y mariquillas –hombres disfrazados de pastorcillas– ocupan rol protagónico en una fiesta que los muestra con vistosísimos sombreros y otros adornos. La noche de navidad, el 24, van en romería hasta la iglesia, se acuestan sobre el piso fingiendo dormir hasta que aparece el ángel anunciador del nacimiento del Niño. Pastores y pastoras despiertan y acuden al pesebre donde cantan El Entregue, aguinaldo con el que amenizan el ritual de entrega de ofrendas y adoración. Seguidamente, recorren las calles del pueblo al son de la melodía El Villano. Ambas músicas se acompañan con cuatro, tambora, furruco, charrasca, maracas y el vistoso chineco.

En el oriente del país las danzas navideñas de calle representaban actividades de pesca, recolección y caza, quizá relacionadas con las sociedades indígenas de nuestro tiempo prehispánico. Se conocen con el nombre genérico de diversiones pascuales y por razones que habría que dilucidar –creemos que por influencias del auge del turismo en el área– las parrandas se celebran ahora en tiempo de carnaval. Varios nombres se han dado al despliegue de imaginación en la construcción con cartón, papel y telas, de figuras que representan a diversos animales y algunas evocaciones indígenas, acompañadas con música de melodía sencilla y sin síncopas. En Cumanacoa, uno de los sitios orientales donde sobrevive la danza indígena Maremare, se saca a las calles la Parranda de Carrizos, instrumento prehispánico, que en su versión transculturada se acompaña con el cuatro y melodía del tipo de canción de corro infantil, además de las flautas de Pan y los cachos.

El ciclo navideño culmina con la fiesta de La Candelaria, que sobresale de manera vistosa particularmente con la Danza de los Vasallos de La Candelaria, en La Parroquia y Mesa Bolívar, Mérida. Es danza de hombres, cuya indumentaria recuerda la utilizada en la corte francesa de Luis XV. Los nombres de las distintas partes de la danza –tumba o rozado, quema, siembra, desyerbo o aporco y palito chechequeo o cosecha–, su coreografía, las maracas y garrotes que portan los bailadores, el sentido del baile y otros elementos menores recuerdan costumbres agrícolas de los habitantes prehispánicos del área andina. En la interpretación de la música especial que caracteriza a esta celebración se utilizan el violín, el tiple y la tambora.

Otros festejos dentro del ciclo navideño, pero no vinculados con él, son protagonizados en honor a San Benito y los toques de tambores de origen negro, como en Yaguaraparo, Sucre. Las celebraciones a San Benito tienden a no tener fecha fija. En Cabimas, Zulia, se le rinde homenaje desde octubre-noviembre, siendo la fecha máxima el 27 de diciembre; en pueblos zulianos de los distritos Maracaibo, Miranda y Sucre y sur del lago, suele hacerse el 29; en poblaciones de Trujillo, cercanas al sur de Maracaibo, se comienza el primer domingo de octubre y tiende a concluirse hacia el 6 de enero; en Coro, Falcón, los días 23, 24 y 25 de diciembre y en San Jacinto, Mérida, desde el 15 hasta el 24. Interpretamos estas y otras fiestas populares por el estilo, como un enclave de la etnia africana dentro de las festividades navideñas, en respuesta al hecho de que el esclavo no pudo vincularse ni fue vinculado de manera directa con dichas festividades durante la colonia.

Con su sentido generalizado de remozamiento, la Navidad en Venezuela ha venido generando y adoptando otras costumbres tan importantes como sus elementos más tradicionales. Se han incorporado a la especial decoración de estas fechas, productos de una sofisticada navidad industrializada a través del arbolito y Santa Claus, principalmente, pero se continúa la costumbre de remozar el entorno familiar, el lugar de residencia y la propia persona con la práctica del pintado de fachadas, 'arreglo de la casa' y el 'estreno'. Un cochinito de plástico, receptor del aguinaldo en dinero, se instala en prácticamente todas partes, así como la costumbre de los diarios de ofrecer sus ventas de un día como aguinaldo para sus vendedores. Dentro de la gama adquirida por la idea de aguinaldo se ha establecido la costumbre del intercambio de regalos, precedida, en muchos casos, por la del juego del 'amigo secreto'. Es propicia la navidad para el obsequio institucional de libros, discos, juguetes y el envío de tarjetas con mensajes e iconografía especiales, que aparecen también en diarios y revistas. La incorporación de tantos elementos nuevos no ha alterado, más bien la ha enriquecido, la sabrosísima gastronomía y dulcería que se impone por estos días. La apertura de Venezuela a la recepción de gentes de otras partes, puede apreciarse en el enriquecimiento de la mesa navideña y es común desde hace algunos años la presencia de hallacas colombianas, del pastel puertorriqueño, entre otros. Por navidad salen a relucir el pan de jamón, el jamón planchado, el Tronco de Navidad, la infaltable ensalada de gallina, el pernil horneado, el inigualable dulce de lechosa, el pan pirulí, el panetone, adornos especiales de mesa, diferentes tipos de turrones, una confitería igualmente especial, que se suman a la variedad de nuestra ya tradicional hallaca, plato navideño por excelencia.

Géneros e instrumentos musicales de la navidad venezolana. Algunos comentarios.

Los géneros musicales de la Navidad popular venezolana comprenden el generalizado aguinaldo, los cantos de romances, décimas, alabanzas, estribillos, pasacalles de pascua, de adoración al Niño, de tonos. La agrupación musical Un Solo Pueblo, desde sus comienzos en 1976, y más recientemente, una de sus agrupaciones subsidiarias como es Canturía Popular Venezolana, ha dado a conocer la enorme rica variedad de nuestra música popular tradicional y, dentro de ella, la de la música navideña. Este disco, cuyo contenido detallaremos más adelante, es otra prueba de ello.

Las melodías navideñas venezolanas más antiguas corresponderían al villancico, cuya historia ya hemos adelantado brevemente. A propósito de la variedad y complejidad de nuestra música navideña, Ramón y Rivera ha establecido: 1) Un estilo antiguo; predominante en los estados andinos y parcialmente difundido hacia el piedemonte barinés, con melodías de un solo período de ocho compases y a dos tiempos, con ritmos binarios y terciarios; 2) Un estilo cronológicamente intermedio, caracterizado por el uso de dos voces, repetición de las cadencias y caudas añadidas de corta o larga duración, difundido en Falcón, Lara y áreas de Trujillo, Yaracuy y Portuguesa. En Falcón destacarían los estribillos, romances y pasacalles, en tanto que los aguinaldos y los tonos destacarían en Lara; 3) Un estilo, más reciente, sería el de los aguinaldos que según sus letras o tema podrían considerarse como de parranda o religiosos. Musicalmente, presentarían una estructura más uniforme, período de ocho compases –que es alargado a doce o catorce con la repetición cadencial–, síncopas generalizadas en la melodía y acompañamiento típico en 2 x 4 que, en algunos casos, toma el aspecto rítmico del merengue, que es en 5 x 8.

¿Y qué hay de la gaita? Ciertamente que la gaita, en especial la de furro, ha venido ocupando cada vez más espacios en el país por su masiva difusión y por su contagioso ritmo, de particular utilidad para las fiestas. A pesar de la popularización de este tipo de gaita, hay otros estilos que continúan vigentes donde la tradición popular los ha colocado. Aun cuando se la vincula con lo navideño, desde semanas antes del inicio de este ciclo se entonan gaitas a diferentes santos –Virgen de Chiquinquirá, San Benito, Santa Lucía– y por otros motivos. Ramón y Rivera opina que el género se ha extendido hacia Nueva Esparta, Bolívar, Trujillo y Mérida y que los distintos tipos de gaita se diferencian entre sí por la estructura y longitud de sus períodos melódicos y por la sucesión de su melodía acompañante. Así, unas se inician con el coro, otras con el canto del solista, expresándose con melodías de ocho compases para el solo y para el coro, en tanto que otras alargan sus períodos hasta veinte compases o repetición de cuatro compases cadenciales. Estas características corresponderían a las gaitas tradicionales y no a las que podrían considerarse como modernas, vinculadas con las anteriores sólo por el ritmo, que es una mezcla de 6 x 8 y 3 x 4. Sobresale en la gaita zuliana el sonido de dos instrumentos clave: el furruco o furro y la charrasca de metal.

Se conocen también las gaitas margariteñas, cuya diferencia con las zulianas es quizá la manera de cantarlas. Asimismo, la gaita a Santa Lucía, en el Zulia, con un ritmo parecido al de la habanera –canción cubana de tiempo moderado y compás binario simple, derivada de la contradanza en igual compás–, lo que ha inducido a pensar si en aquel tipo de gaita no estará la matriz de los demás. Finalmente, en Trujillo y Mérida se entonan gaitas a San Benito, cuyas melodías están más cerca del vals que de la gaita.

Los instrumentos musicales de nuestra Navidad, al igual que en otras expresiones populares, pueden ser de carácter cantante o acompañante. El violín, el clarinete, el bandolín o bandolina, e incluso el acordeón, ocupan importante lugar como instrumentos cantantes encargados de los preludios, los interludios y, en algunos casos, de duplicar la melodía del canto. El aspecto instrumental más rico, sin embargo, se produce en el acompañamiento, en donde combinan su sonoridad la charrasca, el chineco, el triángulo, el chapero, tambores de uno y dos parches, el furruco, el cuatro, el cinco, el tiple y, algunas veces, la guitarra. Últimamente se ha incorporado el bajo como instrumento acompañante.

Este disco

Sería imposible no emocionarse ante la audición de este disco, el trabajo musical más reciente de Canturía Popular Venezolana, agrupación fundada por nuestro ya ampliamente conocido Un Solo Pueblo, patrimonio cultural de Venezuela. Claudio Fermín, Alcalde del Municipio Libertador, le alborotó las convicciones a Un Solo Pueblo para que se editara un disco con la más alta calidad en grabación, a lo que se sumaron las diligencias de Jesús Querales –siempre atinadas cuando se trata de difundir nuestra tradición musical– por convocar y reunir calidades tanto en los intérpretes como en las voces y lo relacionado con la más acabada tecnología del disco y del diseño. Y es que Un Solo Pueblo nos ha acostumbrado –y convencido– en torno a la idea del respeto por lo popular y más todavía por la música popular tradicional cuando ésta pasa a las dimensiones tan particulares del escenario, del disco, del espectáculo... Es el gran principio que precedió la producción de este disco, que ofrece una antología de nuestra literatura y sonoridades navideñas, expresadas aquí en prácticamente toda su variedad, riqueza, complejidad y belleza... vocal e instrumental:

Candelaria hermosa es una de las muchas parranda con las que en Curiepe se recibe la imagen del Niño entre el 15 y el 20 de diciembre, que regresa al pueblo de donde salió en peregrinación desde noviembre a recorrer la geografía humana del entorno. Esta costumbre también se dio hace algunos años con las imágenes del Niño del Guapo, Tacarigua de Mamporal, Panaquire, Río Chico y Capaya, pero ha quedado como tradición la romería del Niño de Curiepe, en donde a su regreso se cantan fulías y parrandas acompañadas de cuatro, guitarra, tamboritas y el furruco bullero.

La canturía religiosa de Falcón ofrece la particularidad de tener cantos de pascua y cantos de altar, estos últimos a la cruz y a los santos. Los de pascua se componen de Salve, Romance y Estribillo, como este Estribillo de Pascua que se canta ante el pesebre, a dos dúos que se alternan y se acompaña con cuatro, cuatro y medio, tambora, violín, guitarra y maracas. En el Aguinaldo tocuyano la interpretación es igualmente a dos dúos que van alternándose y complementándose, con acompañamiento de cuatro, requinto, medio cinco, cinco, tambora, violín y maracas. Espléndido sol es un aguinaldo oriental interpretado por un solista y un coro que contesta, al son de la bandolina, maracas, guitarra y cuatro. El Aguinaldo serrano se utiliza para andar en parranda de casa en casa, su canto es, como en otros casos, a dos coros que se alternan y se acompaña con cuatro, maracas, cuatro y medio, guitarra, violín y tambora. El Omnipotente es un viejo aguinaldo caraqueño tradicional, popularizado por aquel famoso conjunto Jesús, María y José, mismo de La capilla está abierta, en la Calle Real o Principal de Sarría, que interpretan un coro y un solista y se acompaña con furruco, cuatro, maracas, chapero, tambora, charrasca y guitarra. En los Andes una de las celebraciones navideñas más sentidas, como vimos, es la Paradura, en la que se canta la Salve, el Santo Rosario y Versos al Niño, que interpreta un dúo al que un coro masivo contesta y se acompaña con cuatro, guitarra y otro dúo de violines.

La limonsina, aguinaldo llanero de Vidal Colmenares, quien lo canta, se utiliza, como otros aguinaldos, para andar de casa en casa en parranda navideña; al solista responde un coro y son acompañados con cuatro, guitarra, maracas, tambora y la bandola llanera, instrumento definitorio de la pieza. En Aragua, Carabobo y parte de Cojedes y Yaracuy se utiliza por navidad este tipo de Parranda central, con cuatro, guitarra, tres, violín, charrasca de macanilla, tambores y maracas, una de las cuales es colocada en la parte superior de la vara del furruco. Es característico de la interpretación de este tipo de aguinaldo central el 'paraíto', cuyo momento de ejecución deciden los tocadores. El Niño se alumbra es un aguinaldo que se interpreta en Cata sólo como canto de despedida de la imagen del Niño, el 6 enero; para el regreso se canta el Pastor Divino (en el disco Alúmbrame el zaguán. Un Solo Pueblo. Sonográfica 10.125, 1985). Varias tamboras, cuatro, guitarra, charrasca de bronce intervienen en el acompañamiento.

Ya llegó diciembre es una gaita maracaibera, de furro, en la que además de este instrumento intervienen la tambora, la charrasca, el cuatro y otros más que el alborozo de intérpretes y participantes quieran y puedan añadir. El Aguinaldo de los Reyes es pieza tradicional yaracuyana, cantada por dos dúos que se alternan e interpretada con cuatro, guitarra, charrasca y tambora. El Tono con aguinaldo es utilizada en Curarigua, Lara, para cantarle al Niño en el pesebre y comienza con un 'tono de petición' o de permiso. El tono, canto religioso que suele adaptarse a otras festividades no navideñas, está compuesto por dos partes: una cantada por dúos que se alternan y una parte instrumental o pasacalle con la que el tono se vincula con el aguinaldo propiamente dicho. Se acompaña con cuatro, requinto, medio cinco, cinco, tambora, violín y maracas. El Villancico, como tal, es de marcada influencia española, se interpreta con guitarra, violín y cuatro y proviene de los Andes. Se trata de uno de los pocos casos en nuestro país en que las mujeres cantan a dúo, aunque puede ser ejecutado por un solista, pero siempre por voces femeninas.

El sentimiento ya eternizado en la geografía musical navideña se localiza, pues, en el repertorio de este disco en Los Andes magníficos y piadosos de San Lázaro, Trujillo y en San Rafael de Mucuchíes, Mérida; en las creativas soledades de barro y cactus de Curarigua, Lara, y en Paraguaná, Falcón y en el dulce y colonial paisaje de El Tocuyo y en la extraña, húmeda y fresca Sierra de San Luis, el uno en Lara y la otra en Falcón; y del oriente, en Sucre, la eterna Cumaná y la sangre musical africana acumulada en este disco en Curiepe, Miranda y en el Cata de Aragua; y en un pedazo del sonoro y misterioso Llano, en Guanarito, Portuguesa, y casi todo el calor del Zulia que se dejó venir por Maracaibo, y en el glorioso Carabobo y la minúscula grandeza de Yaracuy en San Javier y en la modernidad de Caracas donde el omnipotente reposa en una capilla que no ha cerrado nunca. Rafael A. Strauss K. [1992]

Principal material consultado:

Alvarado, Lisandro; Obras Completas, Vols. II y III. Ministerio de Educación, Dirección de Cultura y Bellas Artes, Comisión Editora de las Obras Completas de Lisandro Alvarado. Caracas, 1954 y 1955.

Año Cristiano, Vol. IV: Octubre-Diciembre. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1959.

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