martes, 8 de noviembre de 2016

Chuo Galindo – Jesús Galindo Cova–, por Rafael Antonio Strauss K.©

Un día el hombre hará correr un ferrocarril sobre un rayo de luz… Luis Luksic y Chúo Galindo, por Rafael Antonio Strauss K. Texto del Catálogo para la exposición “Pinturas y otras cosas”, Congreso de la República, Edificio Administrativo, 11-21 junio 1985.
Después de combinar sus experiencias de la vida con las artísticas de diferentes aulas, talleres y salas del país, Jesús Galindo Cova, Chuo, ha logrado integrar la gama de posibilidades creativas, siempre latentes, del color, la madera, los desechos, la tinta, el papel, la vida… Adoptaría la alternativa surrealista como manera de romper los límites de la lógica y la razón para dar cabida a la imaginación y devolverle sus derechos; para afirmar la libertad del hombre. Es significativa la respuesta que diera a un periodista, hace ya algunos años. P: Tus juguetes parecen un tanto endebles… Ch: No creo que el juguete sea algo indestructible. Cuando los hago dejo algunas áreas inacabadas, de manera que esto pueda convertirse en una apertura para la creatividad del niño que juega con él. Y esto de la creatividad es tan constante en Chuo que actualmente, en Ciudad Bolívar (Sector Los Báez), está terminando de construir lo que él llama La Pandora con Ruedas, que es su taller de pintor, de juguetero, de dibujante… de ser humano autodepositario en la esperanza de saberse revaluado en sus manos, sembrado de un horizonte acogedor y posible, habitado de magia, como la de su importante personaje Guadalupe, que es una deidad… una forma por medio de la cual me relaciono –dice Chuo– no solamente con el mundo urbano, sino también con el mundo interior de mí mismo.
Su pasión por los recuerdos es otro aspecto de su magia de artista: aquellas vivencias de muchacho dando vueltas en trompos incansables, montado en la maravillosa altura de un papagayo, amarrado al girar colorido y sonoro del gurrufío, transitando por creativos diccionarios en la expresión oral de cuentos fabulosos de su abuelo, su madre…, viajando alegre en las cortas distancias de las pichas o metras… hablan ahora –y uno se enorgullece al presenciar este prodigio de creatividad– a través del colorido sonoro de sus pinturas, del trazo recio y regio en sus dibujos, del movimiento siempre inconcluso, de potencial creación, de sus juguetes. Mariposas cuyas alas se transforman en viento, caballitos con ruedas, de mirada intranquila sorbiendo esperanzas que caen plácidas en cunitas de cuentos gráciles, como niños que dormirán en ellas para despertar y levantarse sin cansancio y amar y conocer al mundo para poder cambiarlo.
Chuo ve en el arte una alternativa idónea para rescatar la libertad robada al ser humano. ¿Será por ello que su riqueza creativa abarca tantas áreas del arte? ¿Será por ello que, sin etiquetarlo, el trabajo de Chuo tiene mucho del “siempre actual, siempre fecundo del surrealismo” (N. Pisani)?
De nuevo Chuo nos entrega su inquieta vocación de creador excelente… que anda ahora, además, por las magníficas prometedoras sendas del cuento, una de sus antiguas vocaciones que ahora están saliendo y anda contando ese mundo mágico de su arte en pinturas, en xilografías, en dibujos, en juguetes… y su Pandora con Ruedas, que es un cuento que Chuo ha fabricado con sus manos, se ha materializado en una casa de dos pisos, ubicada en un cielo de chaparrales, mereyales de atrevida presencia y silenciosamente calma su arcilloso ser desértico, ancestralmente apergaminado, con las aguas del coloso Orinoco, mi río amigo.


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