jueves, 10 de noviembre de 2016

Cejota, De troncoslienzos reflejándolo a uno y espejoslienzos donde se mira el pueblo, por Rafael Antonio Strauss K.


 …De troncoslienzos reflejándolo a uno y espejoslienzos donde se mira el pueblo

…sólo vinimos a soñar
no es verdad que vinimos a vivir en la tierra…
nuestro cuerpo: algunas flores da y se seca…

Así profetizaba Nezahualcóyotl, grande filósofo del México prehispánico, en metáfora trágica y magnífica, por el deterioro de la vida azteca ante su inminente conquista por la España colonizadora. Y aunque no se venció, quedó para la historia y el futuro de esta América (de las venas abiertas – como diría Galeano) la elocuente proeza de la lucha de toda la estirpe indígenas, ampliada en los bastiones de negros obligados a renunciar a su condición de seres humanos, y en los de criollos, todos sojuzgados, que han dado dramática forma a este pueblo de América que es nuestro, porque estamos en él y de ella hemos nacido y en ella hemos probado tanta derrota como capacidad para la creación y la invención hemos probado.

Toda la experiencia popular lo atestigua y por esta incertidumbre de futuro que padecemos, hay que inscribir la obra de Cejota en ese libro amplísimo y difícil –menos silencioso a medida que avanza nuestra tragedia de pueblo– que ha logrado compaginar la ancestral experiencia popular venezolana.

Inevitablemente, nuestros cerebro y alma pronuncian loables expresiones –agradecidos, como siempre hemos estado– por ese oasis que nos brinda el arte de Cejota, quien se formó en ese pueblo que perdura a pesar del olvido en que lo mantiene una insoportable marginalidad de dolor sin aparente y descubierto alivio, de sudor sin pañuelo, de deuda que no es suya porque cuanto ha gastado ha sido su energía y más bien se le debe esa energía, que ha sido utilizada para abultar egoístas sentimientos antipueblo. Pero Cejota vivifica la esperanza, y eligiendo las intrincadas veredas del arte para mostrarla y hacérnosla sentir en un ejercicio de reflexión, se ha convertido, como casi todos nuestros artistas populares, en resumen de artesanos, síntesis regional de cultor colorido en formas y colores de un reclamo por el respeto que se merece el pueblo, que suda por su vida.

Y lo sabemos todos: Cejota es compromiso, y las pruebas son los seguibles y consecuentes rastros de su innúmera presencia de ser humano vinculados a ser y al hacer de La Villa –otra de mis amadas patrias–, otro de nuestros pueblos hecho de tradiciones. Para Carlos, definitivamente, la Villa, en su pueblo, es Venezuela y el pueblo de Venezuela está en La Villa porque “un pueblo quiere decir no estar solo, saber que en las gentes, en las plantas, en la tierra hay algo nuestro…” como diría en La Luna y Las Fogatas Cesare Pavese. Esta sensación de colectivo funcionando ecológicamente es esencia en la obra de este Carlos Martínez que ha puesto sus coloresformaslíneas y tallasvolúmenescolores en su pueblo y en tantas otras partes fuera de él y fuera de esta Venezuela que todavía nos duele. Por eso nos sentimos orgullosos de que su arte ande por ahí como obra cuyo valor artístico y social lo lohra por sí misma y no por etiquetas de museos a cuyos espacios y decisiones no ha tenido acceso el pueblo.

Con la presente muestra, un nuevo aniversario del Club Hispánico de Villa de Cura alimenta una tradición de veinticinco años con la tradición popular de este cejotapueblo que palpita en la vida con todos y con todo…; de este pueblocejota que ha venido pintandotallando nuestra interioridad de seres historiados e historiables.

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En http://www.cejota.com.ve/exposiciones.html se reproduce la portada y, de manera parcial, varios de los textos que por petición expresa de Cejota escribí para catálogos de algunas de sus exposiciones.


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